Salud

Siete de los 10 primeros médicos fallecidos por COVID-19 eran de Atención Primaria

La epidemia del coronavirus ha golpeado más fuerte y desde mucho antes a los facultativos de Centros de Salud. Atendieron muchos casos en febrero y principios de marzo sin protección y sin capacidad diagnóstica.

Servicios de atención primaria a domicilio durante la crisis del coronavirus. EFE/Enric Fontcuberta

Francesc Collado atendía en su consulta privada de medicina de familia en Barcelona. Fue el primer médico fallecido por coronavirus el pasado 18 de marzo. Tenía 63 años. Dos meses después, el 21 de mayo, moría Leonardo Dante, que ejercía a sus 73 años en una residencia geriátrica. Entre ellos, otro medio centenar de médicos ha muerto durante la epidemia. Pero no todos han corrido el mismo riesgo: los médicos de atención primaria han sido los más damnificados, han muerto más (son la mitad de los fallecidos) y lo hicieron antes. Ellos fueron siete de las 10 primeras muertes por COVID-19.

«Los médicos de los centros de salud no sólo han muerto más que los demás, también empezaron a morir mucho antes. Y eso únicamente pudo ser porque se contagiaran antes: durante aquellas semanas finales de febrero y las primeras de marzo, cuando se nos decía que no había transmisión comunitaria del virus y que el paciente sin síntomas no contagiaba», plantea crítico Juan Simó, médico de Atención Primaria navarro que en su blog ha realizado un pormenorizado análisis de los profesionales en activo fallecidos (trabajadores de centros sanitarios y sociosanitarios y farmacéuticos) y los cifra en 95 personas (con referencias a cada uno de los fallecimientos), una cifra mucho más elevada que la de los 63 sanitarios que Sanidad informó hace tres días.

Simó denuncia así cómo los médicos de atención primaria han sido los grandes damnificados de los fallos de previsión en los inicios de la epidemia, algo que comparte Inmaculada Cervera, portavoz de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen): «El hecho de que muriesen antes confirma que el virus circulaba de forma importante desde finales de febrero. La última semana de febrero y la primera de marzo veíamos muchos cuadros de gripe atípicos, con fiebres muy altas».

El recuerdo de aquellos días es para Cervera, coordinadora de Gestión Sanitaria y Calidad Asistencial en la sociedad médica, de «un sentimiento de gran preocupación». «Estábamos muy preocupados y asustados, sentíamos gran impotencia. Desde Sanidad había un protocolo estricto que exigía que la persona hubiera viajado para considerarlo sospechoso. No teníamos casi elementos de protección y tampoco podíamos hacer PCR. Estábamos completamente atados».

No es la primera vez que Atención Primaria denuncia el «abandono» al que se ha visto sometida pero ahora los datos revelan «que realmente sí estaba en la primera línea desde el principio». Lo asevera así Salvador Tranche, presidente de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc), que incide en «el error fue enfocar la epidemia siempre hacia el ámbito hospitalario y muy centrado en UCIS o respiradores. Eso era importante, pero luego se ha visto que el 80% de los casos eran leves y se veían en primaria, sobre todo al principio, sin protección y con muy poca capacidad de gestión».

Los médicos de primaria son, según las distintas estimaciones (todos los profesionales con los que habla El Independiente creen que algunos casos se han escapado del recuento), la mitad o incluso más del total de médicos fallecidos. Un porcentaje mucho mayor en términos relativos teniendo en cuenta que su especialidad representa alrededor del 30% de los médicos.

En las primeras semanas y durante la fase de escalada de la epidemia – cuando más se acusó la falta de protección – los médicos de Primaria sienten que «se puso todo el foco en los hospitales y se ignoró que se podía poner antes la barrera. Es como tener un barco que se hunde y pretender reflotarlo sacando cubos de agua en lugar de tapando los agujeros, nunca vas a conseguir frenar que se hunda», explica Tranche.

Abordar la epidemia sin contar con la Primaria fue como «pretender reflotar un barco que se hunde sacando cubos de agua en lugar de tapando los agujeros», dice Tranche

Fue una «mirada miope», añade, «como si la primaria no existiera. Y el problema es que parece que esa mirada corta también va a condicionar el futuro». Sanidad inició tras el pico a poner la mirada hacia los Centros de Salud y ahora se les considera líderes en la gestión del control, pero Tranche cree que «los políticos hablan de potenciar la primaria pero la realidad es que las acciones no lo reflejan».

Julio Villalobos, experto en gestión sanitaria y profesor de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) coincide en que «la atención primaria está al límite, con agotamiento y a la espera de que afloren patologías, algo que se está poniendo poco de manifiesto». Este experto cree además en que la crisis del coronavirus ha revelado la «falta de integración entre atención primaria y hospitales» y coincide en que «se pone el foco en la primaria pero la mayoría de las inversiones van a hospitales.  No se corresponde con la función de líder que se le otorga».

Tranche asegura que de los 16.000 millones de euros que el Gobierno anunció se descentralizarían para la gestión de la epidemia en Sanidad, ninguno de los 10.000 ya dispuestos han ido directamente a Atención Primaria. «Si el presupuesto no es finalista para Atención Primaria no va a solucionar los problemas. La situación de la Primaria ya era problemática y con el enfoque que se hace lo va a seguir siendo». Tranche lamenta que, al finalizar la epidemia, «el monstruo de las listas de espera volverá y se dejará de nuevo a la Primaria en un segundo plano».

La falta de recursos llega a una Atención Primaria que ya está muy desgastada tras lo vivido. «Tengo compañeras instaladas en el pánico», reconoce Cervera, «tengo compañeros con neumonía, ingresados, muchos que arrastran las consecuencias de lo vivido. Lo que viene es complicado».

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