Salud

Por qué la obesidad, sin importar la edad, es un factor de alto riesgo frente al COVID-19

Una nueva publicación de casos de niños y adolescentes en Nueva York sitúa la obesidad como el principal factor de riesgo para desarrollar complicaciones en la infección por coronavirus. Varios estudios en adultos también han apuntado a esta relación.

Por qué la obesidad, sin importar la edad, es un factor de alto riesgo frente al COVID-19. EP / RUBER

La revista Pediatría de la Asociación Médica Americana (JAMA) publicaba este miércoles una serie de casos de COVID-19 entre niños y adolescentes atendidos durante la epidemia en Nueva York (epicentro de la pandemia en Estados Unidos). Los datos de 50 casos, atendidos entre el 1 de marzo y el 15 de abril, revelan que el principal factor de riesgo para desarrollar complicaciones graves fue la obesidad, que padecía el 67% de los niños con enfermedad severa. Esta condición estuvo muy por encima de otros factores como el asma o la diabetes (22%), y aún más que las enfermedades cardíacas (11%).

Que la obesidad es un factor de riesgo para desarrollar complicaciones graves de COVID-19 ya se había mostrado en algunas otras series en adultos, como la publicada en Clinical Infectious Diseases que estableció que los pacientes menores de 60 años con índice de masa corporal (IMC) superior a 35 (obesidad grave) eran 2,2 veces más propensos a ingresar en UCI que los que tenían un IMC por debajo de 30 (peso normal).

Otros estudios realizados en Francia o China han corroborado la prevalencia de la obesidad entre los enfermos graves de COVID-19, un factor que sin embargo en España todavía no se ha estudiado con datos concluyentes. De hecho, en la publicación de datos de más de 6.000 casos realizada recientemente por la Sociedad Española de Medicina Interna no destacaba esta característica. «El dato que arrojaba este estudio es del 21% y no se corresponde con las evidencias que se están obteniendo en otros lugares, creo que no se han realizado mediciones al respecto en los hospitales, quizás no se ha pesado, tallado o medido la circunferencia de la cintura como para poder extraer conclusiones», indica Francisco Tinahonas, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo).

No obstante, «cada vez hay más evidencias en distintos países de que la obesidad es un factor de riesgo para desarrollar complicaciones graves con el COVID-19 y, además, la relación con un mal pronóstico aumenta a medida que lo hace el grado de obesidad», explica el experto, que asegura que en Estados Unidos, donde hay más prevalencia de obesidad, este factor de riesgo ya se sitúa «casi a la altura de la edad avanzada».

Estas evidencias, apunta Tinahonas, no han sorprendido ya que la obesidad ya se había establecido como un factor de riesgo en la gripe común y que lleva a quienes la padecen a necesitar ventilación mecánica en mayor medida.

Varias causas explican por qué la obesidad aumenta el riesgo de complicaciones de COVID-19. «La obesidad, especialmente cuando es grave, no suele ir sola, sino acompañada de hipertensión, colesterol o diabetes», explica Tinahonas, que habla de factores que sí se han clasificado en España como principales riesgos, puesto que el 60% de los fallecidos por coronavirus tenía una enfermedad cardiovascular.

«Las personas obesas tienen una peor función respiratoria, menos capacidad de ventilación pulmonar y eso es una condición ante una infección que afecta al sistema respiratoria se ve más comprometido», añade el presidente de la Seedo.

Tinahonas habla también de otra condición que sitúa a los obesos en peor situación para hacer frente al COVID-19 y que es su «estado de inflamación crónica» en el tejido adiposo. Una inflamación que ya se ha podido ver es la causa, más allá del ataque del virus, de las complicaciones de la enfermedad. «La hiperrespuesta inflamatoria que se sabe que empeora el pronóstico parece que ocurre más en los sujetos con obesidad», apunta el especialista.

Otra de las causas específicas que relaciona el peor curso del COVID-19 con la obesidad se basa en que «el virus se une a un receptor, el ACE2, que está más presente en el tejido adiposo, por lo que el virus podría entrar con mucha facilidad en estas personas y facilitar una mayor persistencia de la enfermedad».

Por último, Tinahonas habla de la mayor propensión de los enfermos de obesidad a desarrollar trombosis, otra de las complicaciones que el virus provoca en los casos que evolucionan mal. «Las personas con problemas graves de peso tienen una mayor hipercoagulabilidad y por tanto mayor propensión a desarrollar esos trombos».

Tinahonas asegura que en nuestro país aún no hay conclusiones nacionales sobre los factores de riesgo para un mal pronóstico pero parece «que la obesidad, sobre todo más avanzada, ha de ser considerada como un factor de alto riesgo». «Igual que cuando un paciente mayor llega y se encienden las alertas, cuando hay alguien con obesidad, especialmente si es grave o mórbida, se debería tener en cuenta un protocolo específico porque su caso se puede complicar con mucha más facilidad», concluye el médico.

Tinahonas incide finalmente en «la importancia, pensando en un posible rebrote, de disminuir aunque sea poco el peso porque disminuye la evolución y puede mejorar su evolución si caen enfermos». En España hay, según estimaciones oficialesy apuntadas por el espcialista, entre medio millón y dos millones y medio de enfermos con obesidad mórbida, y alrededor de alrededor de 10 millones de adultos obesos. Y las cifras no paran de aumentar.

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