Un hombre refresca su mascarilla ante las altas temperaturas en Córdoba. EFE

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Mascarillas a 40 grados: "Peor es asfixiarse en una UCI"

Salud

Mascarillas a 40 grados: "Peor es asfixiarse en una UCI"

La llegada del calor sofocante hace que algunas personas se quiten la mascarilla alegando que se ahogan, pero los expertos advierten de los riesgos de no usarlas o hacerlo mal y un enfermero asmático comprueba, con su propio pulxiómetro, cómo el filtro deja pasar el oxígeno en cantidad suficiente.

Mascarillas en la barbilla, al cuello, en el pelo. Mascarillas que dejan asomar la nariz, mascarillas en el codo o directamente en el bolso. La llegada del calor y la recuperación de la actividad en la ciudad – que no el fin de la epidemia de coronavirus – hacen que algunos, especialmente los más jóvenes, se relajen en el uso de las mascarillas. Otros, también más mayores, alegan asfixia o asma para quitárselas. Pero los expertos advierten del peligro de no usarlas o hacerlo mal, ya que el virus no se va con el calor y reutilizarlas demasiado o guardarlas mal puede tener otros perjuicios, como infecciones por las bacterias que se acumulan en ellas.

«¿Qué se asfixian con la mascarilla? Te lo diré gráficamente. Peor es asfixiarte en una UCI porque el virus no te deja respirar», afirma con contundencia Joan Caylá, jefe del Servicio de Epidemiología de la Agencia de Salud Pública de Barcelona. Advierte que la infección es grave y que hay jóvenes que han pasado dos meses en la UCI. «Hemos de ser inteligentes ahora, estamos en un momento crítico, estamos viendo lo que podría decirse un brote de brotes. Es muy importante mantener todas las medidas de prevención y la mascarilla es una de las más útiles», incide.

El calor sí disminuye la presencia del virus en superficies pero no el contagio entre personas, como explica el virólogo y profesor de microbiología de la Universidad CEU San Pablo, Estanislao Nistal: «El calor no afecta a la transmisión directa del virus, la que es a través de las gotitas de saliva entre personas”, por lo que insiste en que «es más importante que nunca usar la mascarilla y mantener la distancia social».

Aunque reconocen que se puede producir cierta sensación de falta de aire, lo cierto es que, en la mayoría de los casos, se trata de una percepción subjetiva, algo que el enfermero Guillermo Bargues, asmático crónico, comprobó de forma directa en sus redes sociales para concienciar a la población: «Tengo asma y al principio de la epidemia tenía sensación de falta de aire. Por eso me puse el pulsioxímetro y comprobé que no me faltaba oxígeno, que era cuestión de acostumbrarme. Y así lo hice, aparte de en la calle me la ponía en momentos concretos en casa», explica Bargues.

Guillermo Bargues, mostrando cómo satura oxígeno de forma correcta pese a llevar la mascarilla.

«Es verdad que mucha gente tiene sensación de agobio con ellas, que respiran peor o no pueden, pero no es así. Las mascarillas filtran el aire hacia ambos lados», explica el enfermero.

No solo Bargues, también otros tuiteros están mostrando sus pulsioxímetros con la saturación normal cuando llevan la mascarilla para concienciar a la población y pedirles que no se las quiten.

No obstante Nistal reconoce que algunas personas pueden tener esa sensación y recomienda pararse durante un momento y buscar el distanciamiento social para retirarlas. «En estos casos, las más recomendables para el paso del aire son los mascarillas quirúrgicas o aquellas con filtros reutilizables que tienen poros más grandes que los de las mascarillas FPP2, por ejemplo», explica el virólogo.

El riesgo de colocar la mascarilla en el cuello

Aparte de la falta de protección frente al coronavirus, llevar la mascarilla en el cuello, en el pelo o pegada a la piel y luego volver a ponerla conlleva otro riesgo del que alerta Nistal: «Tenemos que ser conscientes cuando nos ponemos la mascarilla ésta entra en contacto con las bacterias de están en nuestra piel», indica, unas bacterias que forman parte de forma natural de nuestra piel y que, en las cantidades con que habitualmente entramos en contacto no presentan un peligro, pero que si se acumulan en la mascarilla y después las inhalamos, pueden llegar a ser perniciosas para la salud.

«En la piel hay bacterias que encuentran un lugar idóneo donde agarrarse. Estafilococos, estreptococos, bacilus, hongos o levaduras. Si se acumulan en la mascarilla y se inhalan durante un tiempo, pueden llegar a provocar una infección respiratoria», explica el virólogo.

Un efecto que puede agravarse, como también alerta Nistal, si se utilizan las mascarillas durante más tiempo del indicado por el fabricante (en el caso de las mascarillas quirúrgicas son cuatro horas) o si no se lavan con frecuencia las reutilizables: «Puede haber ocasiones en las que por pereza uno reutilice la mascarilla, pero al menos tiene que conocer los riesgos que conlleva un mal uso».

Esos riesgos lo son para toda la población pero especialmente para población de riesgo. «Las personas inmunodeprimidas, con cáncer, EPOC, fibrosis quística o los transplantados de pulmón tienen que tener especial cuidado porque la carga viral – contacto con virus – que necesitan para enfermar es mucho menor que la de una persona sana», afirma.

El virólogo ofrece un último consejo, este relacionado con el almacenamiento de mascarillas. «Las bolsas de plástico proporcionan a los virus un ambiente húmedo que les favorece, por eso es más recomendable utilizar bolsas de papel o tela, que deshidratan y son menos favorables a los virus», concluye.

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