Llaves, móvil y mascarilla. Cada vez más cerca de entrar en la nueva normalidad vamos interiorizando los también nuevos hábitos que nos acompañarán, como anunció ayer el Ministerio de Sanidad, hasta que el COVID-19 pueda derrotarse con una vacuna o tratamiento eficaz.

Los españoles tenemos que acostumbrarnos, si no lo hemos hecho ya, a salir de casa con la mascarilla, obligatoria en todos los espacios públicos cerrados y también los abiertos si no hay garantizado el metro y medio de distancia interpersonal. Los guantes son también obligatorios en algunas tiendas y supermercados y el dispensador de gel hidroalcohólico es parada obligada en la entrada de establecimientos o estaciones de transporte.

Nuevos hábitos para una nueva normalidad que arranca con el verano y que, según los expertos, pueden acabar dañando la piel con la escalada del calor. Para evitar esos daños y convivir lo mejor posible con estos nuevos y obligados complementos, proponen algunos consejos.

La mascarilla

Debe cubrir nariz y boca completamente, por lo que «provoca una oclusión de la zona, que no se ventila y concentra la humedad», explica el dermatólogo José Manuel Carrascosa, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología. El roce de la mascarilla con las mejillas y la nariz, así como el de la goma en la zona de las orejas tambien pueden afectar a la piel.

«En principio, las personas más afectadas serán las que padecen enfermedades cutáneas de base, como dermatitis seborreica, acné, psoriasis o rosácea. En ellos el uso de la mascarilla puede agrava la patología. Las personas sin problemas en la piel también se pueden ver afectadas, pero en principio con un uso correcto el problema no debe ir más allá de la molestia o irritación».

Cuanto más oclusivas son más efecto de humedad vas a tener.

En este sentido, el calor sí se presenta como un factor negativo. «Va a ser duro», se refiere Carrascosa a las temperaturas elevadas. «Porque la humedad es un factor irritante y altera las condiciones naturales  de la piel». Por ello, el experto recomienda adecuar el tipo de mascarilla a la actividad que se va a realizar y no utilizarla cuando no es necesario. «La quirúrgica es menos oclusiva que la FPP2 y es suficiente para el nivel de exposición de la calle y los transportes públicos. Cuanto más oclusivas son más efecto de humedad vas a tener. Y hay que usarla cuando hace falta, no tiene sentido tenerla puesta cuando vas solo en el coche o andando solo por la calle».

Aunque su efecto no está demostrado, la catedrática de Epidemiología, Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Europea de Valencia, Patricia Guillem, introduce otros dos factores para recomendar en esta etapa las mascarillas de tela o, en general, reutilizables. «Yo recomiendo mascarillas reutilizables, con una vida más larga, por varias razones. Porque van a formar parte de nuestra indumentaria durante un tiempo largo y las desechables suponen un gasto mayor, además, porque con esta indicación que se va a dar en muchos países vamos a tener un problema grave con el uso del plástico».

Preguntada sobre la posibilidad de que las mascarillas textiles – caseras o industriales – no tengan la homologación adecuada, Guillem alude a que, en general, las mascarillas «no tienen una indicación científica tan clara como la distancia social. No hay aún revisiones sistemáticas que avalen el uso obligatorio de mascarillas, por eso es una recomendación pero no sabemos exactamente cuanto protegen y eso va en función de la calidad de la mascarilla».

En cualquiera de las opciones, Carrascosa aconseja además cambiarlas si se van a utilizar muchas horas seguidas e incluso antes de una jornada larga, «aplicar alguna crema con efecto barrera que proteja en las zonas de roce». Al llegar a casa, «hacer una limpieza no abrasiva, con un limpiador sin jabón o agua micelar, e hidratar la piel con una crema apropiada».

Si no se hace un uso correcto de la mascarilla, es como si no la lleváramos

Con la llegada del calor, ambos expertos recomiendan seguir las medidas con mayor intensidad y, en caso de Guillem, «optar por tejidos más transpirables». No es habitual que se produzcan heridas, indica Carrascosa, «pero si se producen se puede aplicar alguna crema de efecto cicatrizante que se puede adquirir en la farmacia».

Otro de los aspectos que subraya Guillem es el de guardar bien las mascarillas. «Si no se hace un uso correcto de la mascarilla, es como si no la lleváramos. Eso implica por ejemplo no llevarla por debajo de la nariz o guardarla bien si, por ejemplo, nos la vamos a quitar en una terraza. No vale guardarla en el bolso o bolsillo sin más, porque puede contaminarse, es preferible guardarla en algún sobre o bolsita».

Guillem incide en que, como nuevos hábitos, ahora «es importante que la gente aprenda a utilizarlos bien pero también que haya cierta comodidad. Tenemos que acostumbrarnos a coger antes de salir de casa lo que nos haga falta, al igual que las llaves o el teléfono móvil, la mascarilla, el gel hidroalcohólico y los guantes si es el caso».

El gel hidroalcohólico

En la calle como sustituto del lavado de manos y en muchos establecimientos como requisito previo a la entrada, el uso del gel desinfectante (tienen entre un 60 y un 90% de etanol) es otro de los complementos obligados en la nueva normalidad.

Se dice que resecan la piel, aunque Carrascosa indica que «están diseñados para ser menos abrasivos que el agua y el jabón, que lesionan más la capa de grasa natural que tiene la piel. Los geles, cuando los pones en la piel, el agua se evapora rápidamente y es menos agresivo, pero si lo usamos mucho sí que puede tener un efecto secante». «Lo mejor, en cualquier caso es coger un gel hidroalcohólico que sea coherente con el uso que le vamos a dar, si no vamos a entrar a un quirófano podemos usar un un poco más convencional». El dermatólogo como norma general recomienda «evitar los geles hidroalcohólicos con perfumes o fragancias, pueden causar más dermatitis».

En cuanto a la frecuencia de lavado el dermatólogo asegura que lavarse las manos debe restringirse a «momentos relevantes, cuando llego a casa o cuando voy a comer». En los demás momentos debe usarse el gel, sobre la frecuencia de su uso Carrascosa recomienda «no ponérselo cada diez minutos, si no has tocado nada no tiene mucho sentido, o cuando haces un cambio de ámbito», y sobre todo, recuerda, «evitar tocarse la cara».

Los guantes

Respecto al uso de guantes, este dermatólogo no cree que sea necesario usarlo salvo en contadas ocasiones. «Sólo tienen sentido en momentos puntuales, en el supermercado, porque vas a tocar cosas. Y hay que quitárselos según salgas. Los guantes no te dan una seguridad adicional, el virus no penetra en la piel, se transmite por otra vías, por lo tanto da lo mismo tener el guante, lo importante es no tocarse la cara. Luego hay quien se pone el gel y después el guante lo cual no es bueno porque no permites que se evapore», explica. Carrascosa tampoco recomienda lo contrario, poner el gel sobre el guante, porque no está confirmado su efecto.