Salud

María José, Mirela y María, así ven el rastreo tres protagonistas un año después

Curso de formación de rastreadores en Castilla La Mancha

Los rastreadores llevan más de un año tratando de controlar la extensión de la pandemia mediante el aislamiento de contactos estrechos. EP / Archivo CLM

El epidemiólogo Joan Caylá reflexionaba hace apenas unos días, previo al fin del estado de alarma, sobre la importancia de una «actividad intensa de vigilancia epidemiológica, con mucho trabajo por parte de los rastreadores» en las semanas posteriores al fin de muchas de las restricciones que nos han acompañado en los últimos meses. Un estado de alerta que comparten tres protagonistas del rastreo en los últimos meses: María José Villanueva, coordinadora de Programas Covid en el Principado de Asturias entre los que se encuentra el sistema de vigilancia epidemiológica; y Mirela Claudia Draghici y María Bermúdez, dos enfermeras dedicadas plenamente al rastreo.

Villanueva: «Volvemos a un período de incertidumbre»

Con 24 años de experiencia tanto como médico de emergencias como en gestión sanitaria, María José Villanueva asumió con ilusión el pasado agosto la «creación de un sistema de gestión de vigilancia epidemiológica». Bajo su batuta, entre otros programas, la contratación y gestión de los rastreadores del Principado de Asturias. «

Desde el principio, Asturias optó por trabajadores de la bolsa de empleo del sistema sanitario público, que finalmente se ha decantado por los trabajadores sociales. «Porque su formación universitaria resulta muy acorde al trabajo requerido. Tienen experiencia en entrevista clínica, en ver si puede haber carencias para hacer cuarentenas, etc», explica Villanueva. Los rastreadores de Asturias superan los 120 ahora pero han llegado a ser 225 y el número es «muy flexible, se va contratando o haciendo desescaladas según la situación».

«A la gente les damos miedo, tenemos que insistir en que no somos policías»

Para Villanueva, el sistema mejoró mucho a partir de noviembre cuando la región instaló la aplicación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) Go Data para registrar los datos: «Al principio usábamos un excel ingobernable. Con este programa que se actualiza en vivo todo está centralizado y es muy sencillo. Es de la OMS pero adaptado localmente». Todos los rastreadores, explica, «trabajan desde su casa con esta app y con Microsoft Teams, donde hay comunicación y formación en línea para que se vayan actualizando». El equipo de rastreadores se completa con seis supervisores y un número de administrativos que también va variando y ahora es de ocho personas.

El trabajo del Principado de Asturias se ha traducido en un éxito que destaca Villanueva: «Algunas semanas hemos conseguido que más de la mitad de los nuevos contagios estaban ya aislados cuando dieron positivo. La OMS considera que un porcentaje del 15 o 20% ya es un éxito y nosotros hemos superado el 50%»

Principado de Asturias

Entre las dificultades que encuentran los rastreadores, Villanueva apunta a q que el desconocimiento aún favorece las reticencias de quienes reciben la llamada. «A la gente les damos miedo, tenemos que insistir en que no somos policías. Se les repite que es una cuestión estrictamente sanitaria, que no se les va a sancionar, pero aún así muchos no quieren dar contactos porque se han saltado las normas», incide.

El futuro lo ve Villanueva con inquietud. «Volvemos a un período de incertidumbre. Creo que si la gente no toma conciencia pueden repuntar los casos y eso me preocupa aunque la ventaja es que las vacunas ya protegen a los más vulnerables. En Asturias vamos a hacer una desescalada conservadora», concluye.

Draghici: «La gente está concienciada, muchos han sufrido pérdidas»

Esta enfermera de origen rumano y residente en Madrid no dudó cuando en noviembre de 2020 encontró la oportunidad de convertirse en rastreadora. Consciente de la importancia de la vigilancia epidemiológica destaca también su conocimiento de idiomas, que «podía ser útil para facilitar la comunicación con casos de diferentes nacionalidades».

En los últimos seis meses, Draghici ha llegado a gestionar 15 casos y 20 llamadas diarias. «Encuestamos a cada caso, hablamos con sus contactos estrechos y recomendamos la cuarentena, solicitamos que se hagan las pruebas en Atención Primaria para detectar antes posible si tienen la infección, detectamos brotes familiares, laborales, escolares, en colectivos vulnerables mandamos cuarentena a los contactos, pidiendo que hagan pruebas en Atención Primaria», explica.

En algunos de los casos esta rastreadora de la Comunidad de Madrid detecta dificultades para realizar el confinamiento con seguridad, lo que le requiere una nueva actuación. «Tenemos que poner a su disposición los hoteles medicalizados, albergues o cualquier intervención por parte de los Servicios Sociales».

Es necesario mantener «paciencia y empatía, con un tono conciliador y tranquilo»

Draghici cree que la gente, en general, está concienciada y dispuesta a colaborar» pero subraya que es necesario mantener «paciencia y empatía, con un tono conciliador y tranquilo» cuando la llamada sube de tono o nota, por ejemplo, que al otro lado del teléfono hay miedo, por ejemplo, a perder el trabajo».

Esta rastreadora atesora tanto risas como tristezas de estos meses. Momentos divertidos como las respuestas a «¿Cuándo ha sido el último contacto que has tenido con tu mujer?», pero también tensos cuando «tienes que dar el pésame pero también preguntar por la fecha de defunción».

La rastreadora madrileña se siente optimista frente al futuro: «La gente está preparada porque ya muchas familias han sufrido una pérdida o han pasado la enfermedad de forma más grave. Creo que la responsabilidad individual es fundamental para prevenir la transmisión. Lavado de manos frecuentes, mascarilla, distancia de seguridad, ventilación frecuente en espacios cerrados  y cumplir los aislamientos y cuarentenas pueden evitar mucho sufrimiento en este momento».

Bermúdez: «Hay un hastío general, pero quienes respondían al principio siguen haciéndolo»

María Bermúdez, enfermera y fisioterapeuta, llegó al rastreo por casualidad y después de sufrir un aborto apenas dos días antes del parto. «Me reincorporé de la baja en mayo y me pareció una oportunidad interesante. Me gusta la salud pública y sentía que podía ser muy útil».

Era mayo de 2020 y desde entonces, la rastreadora manchega ha manejado a diario dos agendas de trabajo desde un centro de salud en Toledo. «Están las citas del día y los seguimientos, pero siempre van saliendo cosas nuevas». Cuando hay un positivo, Bermúdez deja que sea primero el médico quien les comunique. «Cuando les llamo están un poco agobiados pensando en sus contactos, si son negativos, uno de los problemas más frecuentes es que no terminan de entender por qué tienen que hacer 10 días de cuarentena».

Un problema frecuente es que los negativos no terminan de entender por qué tienen que hacer 10 días de cuarentena»

Para esta veterana rastreadora, que ha estado un año al pie del cañón, la opinión es que «hay un hastío general, pero quienes respondían al principio siguen haciéndolo. Creo que no hay un perfil de edad o sexo más o menos responsable»

Bermúdez ha dejado el rastreo un año después por un motivo feliz, el de culminar su embarazo. El trabajo lo deja con cierta incertidumbre: «Me gustaría pensar que estamos preparados pero siempre hay gente irresponsable. Creo que nuestro trabajo como rastreadores, aunque el contrato es hasta finales de septiembre, se tendría que prolongar al menos hasta la primavera que viene».

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