Ha pasado casi un año desde que nos pusimos la mascarilla pero hoy, por fin, podemos pasear con ella guardada en el bolsillo. Hemos tenido que habituarnos a movernos por todas partes con la mascarilla puesta y ahora -siendo uno de los países más estrictos con esta medida- el fin de su obligatoriedad genera tantas dudas como alivio social.

Las calles ya están liberadas de mascarillas, pero no en todas las circunstancias. Para que podamos ir sin mascarilla por la calle tiene que haber 1,5 metros de de distancia personal y si estamos en eventos multitudinarios hay que ponérsela, aunque estemos al aire libre. En los interiores de espacios públicos, siempre con mascarilla, aunque estemos solos.

Por este motivo, aunque no la llevemos puesta en la cara, la mascarilla hay que llevarla encima, porque en cualquier momento se pueden dar las circunstancias de obligatoriedad.

No es una retirada completa, pero tras 15 meses de pandemia, la psicóloga Natalia Ortega cree que la relajación de las medidas va a favorecer “las relaciones sociales, en las que tan importante es ver la expresión facial”. Volver a mirarnos a cara completa conseguirá, a juicio de la experta, “que baje un poco la incertidumbre, que disminuya la ansiedad, ya que la retirada de la mascarilla en exteriores simboliza un poco esa salida del pozo, ese sentirnos ligeramente liberados, una cierta vuelta a la normalidad”. 

Aunque nos las quitamos hoy, eliminar la prohibición de usar mascarilla en exterior estaba sobre la mesa desde hace meses, pues España ha tenido una de las normativas más estrictas de Europa y algunos expertos veían oportuno adoptar esta medida ya desde hace tiempo o la señalaban como directamente innecesaria. “La mascarilla en exteriores abiertos siempre que haya distancia de seguridad no debería haberse impuesto nunca. Únicamente está indicado donde haya aglomeraciones”, afirma el epidemiólogo Pedro Arcos, director de la Unidad de Investigación en Emergencias y Desastres de la Universidad de Oviedo.

Sin embargo este último factor es la clave, como coincide la presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología, Elena Vanessa Martínez, para que la medida no tenga efectos indeseados. “No hay que pensar tanto en que se quita la mascarilla en exteriores sino que se retira cuando en exteriores haya distancia de seguridad. Y es en ese sentido en el que no debería haber problema, ya que el contagio al aire libre se ha demostrado ya muy difícil”.

«Quizás para un trayecto corto en el que vas a entrar y salir de un autobús o para una calle concurrida, es mejor dejarla puesta». Elena Vanessa Martínez, epidemióloga.

Foto: Eduardo Parra / Europa Press

Esa necesidad de preservar la distancia de seguridad plantea de nuevo la necesidad que ya se vivió al principio de la pandemia, cuando su uso era solo exigido en interiores. “Hay que volver a cuidar la manipulación de la mascarilla, así como el lugar donde la guardamos, porque un mal uso puede hacer que desaparezca su efectividad. Hay que evitar cogerla por la parte de en medio y guardarla en un sobre aséptico. Lo ideal es utilizar un sobre cuando está nueva y otro diferente cuando está usada”, explica Martínez. 

La epidemióloga apuesta también por ser prácticos en las próximas semanas: “Quizás para un trayecto corto en el que vas a entrar y salir de un autobús o para una calle concurrida, es mejor dejarla puesta”.

Llamamiento a la prudencia

La Organización Médica Colegial, que aúna a los Colegios de Médicos de toda España, pide prudencia frente al fin de la mascarilla en exteriores, especialmente si la retirada de exteriores promueva su relajación. “Nos preocupa que en las bulliciosas calles y plazas de las fiestas veraniegas de España nadie utilice mascarilla la semana que viene y que, además, al entrar y salir de los locales aledaños a las mismas, cada vez menos personas se protejan con ellas”, aseguran en un comunicado emitido esta semana.

Un mensaje de alerta sobre una relajación que la institución relaciona con la vacunación. “Con la llegada de la vacuna, se ha promovido inexplicablemente una euforia sobre el fin de la pandemia que se ha anticipado demasiados meses sobre la realidad objetiva que, a día de hoy, es de lenta y progresiva mejora en la incidencia, pero con amenazas reales como la emergencia de la variante Delta y otras de importancia”, plantea la institución. 

Aunque ya se ha confirmado que la variante Delta es más transmisible y la evidencia indica que hay una menor eficacia de la vacuna, a juicio de Martínez y Arcos su circulación no debe influir en la normativa sobre el uso de mascarilla en exteriores. “Las medidas son efectivas para todas las variantes, aunque eso sí, hay que tener en cuenta que medidas como ésta se toman en función de una situación epidemiológica y que si esta cambia, por la razón que sea, podría ser necesario revertirlas”, indica Martínez.

Arcos cree que no hay por qué temer la influencia de la variante Delta en los contagios en exteriores y cree sin embargo que España debe protegerse contra ella de forma urgente pero de otro modo. Acelerando la vacunación de segundas dosis entre personas de 60 y 69 años. “Hay un 70% de la población de 60 a 69 años que aún no ha recibido dos dosis de la vacuna y es gente que tiene comorbilidades y alta mortalidad con la vacuna”, explica Arcos citando últimos datos que dicen que con dos dosis de la vacuna, la protección frente a la variante Delta disminuye levemente, pero la protección cae si la persona ha recibido una sola dosis. “Creo que lo importante ahora sería vacunar a este grupo cuanto antes. Porque esta variante va a aumentar su presencia, lo rápido que se haga dominante dependerá por un lado de su transmisibilidad pero por otro de las oportunidades de replicación”.

“Es muy importante entender que esto no es el final de la pandemia”, Natalia Ortega, psicóloga.

Foto: Nacho Gallego / EFE

Independientemente de la variante, la OMC recuerda que aún queda mucha gente por proteger y que “entre los mayores vacunados siempre habrá un mínimo porcentaje de entorno al 5% que no están protegidos y podrían ser infectados si el virus aumenta su circulación; además de que las personas con solo una dosis de vacuna siguen siendo vulnerables y que entre los menores de 45 años también ha habido muchos casos graves y hospitalizaciones”.

Estas advertencias llegan en un momento de “necesaria euforia” en el que, sin embargo, la psicóloga ve importantísimo el cuidado de los mensajes que se emiten a la población. “Cada vez hay más desmotivación, la gente está cansada, cuesta mantener las pautas de comportamiento. Por eso es muy importante entender que esto no es el final de la pandemia y que hay que ir poco a poco”, explica Ortega, directora de Activa Psicología. 

La psicóloga incide en el “tremendo” problema de salud mental que hay entre la población y contra el que se necesita, a su juicio, “información clara que no deje a la gente en un estado de indefensión, que los nuevos pasos se den con seguridad, que se avance en la vacunación por la tranquilidad que otorga y poder ir recuperando cierta vida normal”. 

Para Ortega es clave este periodo que se abre con la relajación de esta medida y que da paso a las vacaciones, pero ofrece unos consejos a los ciudadanos sobre las mejores actitudes a mantener. “Sobre todo necesitamos prudencia, pero segundo también positividad para sobrellevar la situación. Además, hay que mantener cierta cautela, no tratar de hacer ahora todo lo que no se hizo el último año. Y por último, vivir el momento y disfrutar de las pequeñas cosas, que es algo que creo que la pandemia nos ha enseñado”, subraya.

«Medidas como ésta se toman en función de una situación epidemiológica y que si esta cambia, por la razón que sea, podría ser necesario revertirlas«

Foto: Mariscal/ EFE

La psicóloga también pide que se tenga mucho respeto hacia la gente que pueda sentir miedo al ver que las mascarillas desaparecen de la calle. “Hay que pedirles a los demás que respeten a estas personas y a quienes sientan miedo, que no eviten esas situaciones porque pueden caer en un aislamiento perjudicial para ellos”, concluye.

Cuidado en los interiores

Si bien son partidarios de abandonar la mascarilla en la calle (con distancia), Arcos y Martínez creen que no es momento de plantear su retirada en interiores. “Ahora mismo no es momento ni de hablarlo, habría que ampliar muchísimo las coberturas de vacunación. Quizás en lugares estancos con un 100% de vacunación, como las residencias, podría considerarse en beneficio de los residentes, pero el control es muy complejo y creo que toca ser precavidos y seguir bajando la incidencia”. 

El epidemiólogo de la Universidad de Oviedo incide además en que “el riesgo en interiores es 20 veces mayor que en el exterior y por tanto sí son peligrosas medidas como la apertura del ocio nocturno en interiores, donde puede ser más difícil el control del uso de la mascarilla”. Arcos cree que habría que esperar “como mínimo a vacunar al 70% y tener una incidencia acumulaciones a 14 días de menos de 25 casos para plantear apertura de interiores”.