Dos personas se hacen un selfie en la Playa de la Malvarrosa.

Dos personas se hacen un selfie en la Playa de la Malvarrosa en 2020. Rober Solsona / Europa Press

Salud

Un verano sin mascarilla

La vacunación puede darnos un respiro del símbolo de la pandemia, que lleva un año tapándonos nariz y boca.

El fin de la mascarilla está cerca. Al menos en exteriores, las mascarillas deberían ir desapareciendo de nuestros rostros, paulatinamente, este verano. Así lo creen -y hasta recomiendan- los expertos consultados por El Independiente. El avance de vacunación, los precedentes de otros países, la bajada de la incidencia y las evidencias científicas que apuntan a la dificultad de contagio en el exterior, refuerzan la idea de retirar de la nueva normalidad la mascarilla. Un alivio para una población extenuada por la pandemia y un paso importante hacia el abandono de una de las normativas más estrictas del mundo en el uso del cubrebocas.

El primer país en quitarse la mascarilla – en exteriores – fue Israel el pasado 16 de abril. El país había vacunado ya a más de la mitad de su población y convirtió así sus calles en el escenario más parecido a la antigua normalidad. Poco más tarde, a finales de ese mes, Estados Unidos relajaba también el uso de la mascarilla al aire libre, pero sólo para los vacunados. En aquel momento eran el 29% de la población. Es otro de los países donde la inmunización avanza más rápido y también el primero que se ha abierto, este pasado jueves, a que los vacunados dejen de llevar mascarilla también en interiores. Esta decisión la ha tomado el país con un 36% de su población completamente vacunada y un 46% con al menos una dosis. 

Si España esperase, como Israel, a tener más de la mitad de la población vacunada para relajar el uso de la mascarilla en exterior, habría que aguardar – si se cumplen los cálculos de Sanidad- a la segunda mitad de julio. Sin embargo, si se toma esa decisión al tiempo que lo hizo Estados Unidos, se podría decir adiós a la mascarilla en el exterior a mitad de junio.  

¿La última vuelta a las mascarillas?

“Hace un año decidimos que el uso de la mascarilla era para cuando no había distancia de seguridad, pero hubo una escalada entre las comunidades autónomas”, recuerda el epidemiólogo Pedro Gullón. “Yo creo que el objetivo principal de que se usara en todas las situaciones en exterior era pedagógico, es decir, si estás solo y no hay mucha gente alrededor y hay distancia, no es una medida estrictamente protectora, pero sí didáctica. Al menos sirvió para normalizar la mascarilla”, afirma.

Fernando García López, epidemiólogo y portavoz de la Asociación de Salud Pública de Madrid (AMASAP) considera que “la exigencia de llevar mascarilla todo el tiempo y lugar es desproporcionada, no está avalada por ninguna asociación científica, ni por la OMS, ni por el Centro Europeo de Control de Enfermedades, ni por el centro equivalente en Estados Unidos. Nadie ha dicho en ningún momento que hay que llevar mascarilla siempre. Partimos de una situación en la que se han exagerado las cosas”.

«La exigencia de llevar mascarilla todo el tiempo y lugar es desproporcionada, no está avalada por ninguna asociación científica»

Fernando García López, epidemiólogo y portavoz de la asociación de Salud Pública de Madrid (AMASAP)

Foto: EP

Según Gullón, el aumento de la vacunación debería conducir a incidencias bajas con poco impacto en el sistema de salud y de la misma forma que después del primer confinamiento se afinaron las medidas cerrando sólo algunos lugares y limitando ciertas actividades, con el uso de la mascarilla se puede producir una desescalada que afine los momentos de su uso.

Investigadores en Salud Pública como Salvador Peiró, creen que “la mascarilla al aire libre podría desaparecer ya, siempre que se mantenga la distancia y nunca en aglomeraciones, aunque sean al aire libre”.  Sin embargo, Peiró reconoce la dificultad de poner en marcha normas complejas. “Hay que tener en cuenta aspectos de cumplimiento y sanciones. Si pones una norma de que si se va andando no hay que llevar mascarilla pero si te paras sí, puede resultar complicado de controlar. Y se acaban teniendo normas que tienen que ver más con simplificar la vigilancia que con los riesgos”.

Esta dificultad también la ve para liberar a los ya vacunados de la normativa. “Los vacunados completos, desde dos semanas después de la segunda dosis, podrían reunirse con otros vacunados sin distancia ni mascarilla. Pero si hay alguien no vacunado, tanto vacunados como no vacunados deberían seguir llevándola”, apunta Peiró. 

Sin perjuicio de su utilidad, la catedrática de Epidemiología, Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad Europea de Valencia, Patricia Guillem, cree que “quitar la mascarilla a los vacunados generaría confusión y podría convertirse en un coladero”, por lo que apuesta por esperar a un mayor porcentaje de vacunados pero, eso sí, “empezar a relajar con el calor el uso de mascarilla en el exterior, siempre que se guarden las distancias”.  

Con la vista puesta en el verano, el virólogo Vicente Soriano cree también que podría ser un buen momento para eliminar la obligatoriedad de la mascarilla en exteriores, aunque con una excepción: “La gente vulnerable, porque quizás para ellos siga siendo más conveniente llevarla mientras no se alcanza un porcentaje de inmunización más amplio”. 

Sin embargo este impasse en el uso de la mascarilla lo ve Soriano limitado al verano. “Creo que este invierno será de bufanda, gorro y mascarilla. El invierno puede favorecer de nuevo la circulación del virus y aún nos pueden quedar dos años hasta que el virus se convierta en un catarro más”.

«Sería factible y recomendable retirar la mascarilla cuando se alcance una incidencia a 14 días por debajo de 50 casos cada cien mil habitantes»

Joan Caylà, epidemiólogo de la Unidad de Investigación en Tuberculosis de Barcelona (FUITB)

Foto: EP.

Desescalada de mascarillas por edad y comunidades

Como en España se está siguiendo un criterio de vacunación por edades, al epidemiólogo Fernando García López le parece razonable que se vaya haciendo una desescalada por tramos de edad. “Tenemos grupos de edad, como los mayores de 80 años, que ya están todos vacunados con las dos dosis y han pasado más de 15 días, con lo cual esos ya podrían empezar a salir sin mascarilla”, afirma. Siempre en exteriores y sin que hubiera mucha gente. Y esta desescalada debería terminar en que las mascarillas tuvieran solo uso en interiores –especialmente desde que tenemos claro el contagio por aerosoles– y debe mantenerse en centros comerciales, tiendas, transportes públicos y cualquier sitio en interior”, asegura.

En opinión de Joan Caylà, epidemiólogo de la Unidad de Investigación en Tuberculosis de Barcelona (FUITB), otro aspecto importante de esa relajación del uso de las mascarillas debería tener en cuenta el contexto epidemiológico. Según su criterio “sería factible y recomendable retirar la mascarilla cuando se alcance una incidencia a 14 días por debajo de 50 casos cada cien mil habitantes. Y creo que sería bueno premiar a las comunidades autónomas que van bien y habría que limitarlo a las personas vacunadas”, afirma.

Manuel Franco, epidemiólogo y profesor de la Universidad de Alcalá y en la Universidad Johns Hopkins, ve un momento clave cuando estén vacunados los mayores de 60 años y se constate que la “campaña de vacunación masiva reduce los fallecimientos y las hospitalizaciones, la presión sobre el sistema sanitario y sobre la incidencia. Todavía no hemos llegado a los niveles de Reino Unido”.

«Con el cansancio que tiene la gente es bueno que vea que podemos ir saliendo de esta situación. Ahora mismo la gente necesita horizontes»

Pedro Gullón, epidemiólogo

Foto: EP

Combatir la fatiga pandémica 

Este mes de junio se cumplirán 15 meses desde que el coronavirus encerró a los españoles en marzo de 2020. Ocho meses después del inicio de la pandemia, la Organización Mundial de la Salud acuñó el concepto fatiga pandémica para describir “la desmotivación y el cansancio” que estaban ya sufriendo los ciudadanos de todo el mundo. 

Medio año después de aquello, los expertos llaman la atención sobre esa fatiga creciente y su influencia en el cumplimiento de la normativa. En este contexto, Guillem cree que el verano puede ser un buen momento para “para relajar el uso de mascarillas en exteriores. Son el símbolo más claro de la pandemia y flexibilizar la norma podría ayudar a combatir la fatiga pandémica, que ya es muy acusada”. 

Franco considera que cuando dejemos la mascarilla en el exterior podremos “poner el énfasis en los interiores que es donde tenemos que ventilar bien, tener filtros, utilizar mascarillas, no chillar, no pasar demasiado tiempo  mientras que en los exteriores podemos estar sin riesgo, eso es lo que dice la evidencia científica”. 

También Pedro Gullón considera que es importante poner el acento en los interiores y relajar en los exteriores con cautela. “Siempre de manera vigilante ante posibles aumentos de casos se pueden quitar las mascarillas en exteriores cuando haya distancia de seguridad”, afirma. “Necesitamos que haya elementos simbólicos que vayamos relajando, porque con el cansancio que tiene la gente es bueno que vea que podemos ir saliendo de esta situación. Ahora mismo la gente necesita horizontes”, concluye. Un horizonte sin mascarillas, como ver la luz al final del túnel, una dosis de ánimo para una sociedad machacada por la pandemia.

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