Los alimentos que nos comemos están vigilados y controlados desde su origen para evitar enfermedades, el agua que bebemos está analizada y estudiada por el mismo motivo. Pero el aire que respiramos apenas está controlado y regulado. Esta es la gran lección de la pandemia del coronavirus: hay que regular el aire para evitar la próxima pandemia. Un grupo internacional de 40 especialistas en virología, medicina, aerosoles, calidad del aire y ventilación de 14 países firma un artículo en la revista Science en el que reclaman una regulación de la ventilación para combatir las enfermedades de transmisión aérea como la covid-19 y evitar así futuras pandemias.

«En 1945 William F. Wells, que décadas más tarde demostraría que la tuberculosis se transmitía por el aire, publicó en la revista predecesora de Science un artículo en el que llamentaba que, en aquel momento, no se había aceptado ninguna enfermedad de transmisión aérea. Se había aceptado que enfermedades como el cólera se transmitían por el agua y, en consecuencia, habían creado sistemas de aguas depuradas y ya no había brotes de enfermedades», explica José Luis Jiménez, experto en aerosoles de la Universidad de Colorado (EEUU). «Lo mismo ha pasado con los alimentos, hay sistemas de vigilancia para que los alimentos no sean transmisores de enfermedades. Sin embargo, con el aire no se ha hecho nada», añade.

Muchas enfermedades como la gripe, los catarros y todas las enfermedades respiratorias se transmiten así. Y esto se ha negado»

José Luis jiménez, Universidad de colorado

José Luis Jiménez firma el texto junto con Xavier Querol, del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC (IDAEA-CSIC), y lidera el artículo la científica Lidia Morawska, de la Universidad de Tecnología de Queensland (Australia). Los firmantes demandan un «cambio de paradigma» en la lucha contra patógenos transmitidos por el aire. Los investigadores exigen el reconocimiento universal de que las infecciones se pueden prevenir mejorando los sistemas de ventilación interior.

«Desde 1910 se está negando que las enfermedades se transmiten por el aire. Eso se convirtió en un dogma, el dogma de que las enfermedades respiratorias se transmiten por gotas pesadas que caen al suelo y no se transmiten por el aire», explica Jiménez. «Después de muchas décadas se consiguió demostrar con la tuberculosis. Posteriormente se demostró para el sarampión y la varicela porque había brotes de superpropagación, como los hay de la Covid. Pero muchas enfermedades como la gripe y los catarros y todas las enfermedades respiratorias se transmiten así. Y esto se ha negado», afirma.

Según explica Jiménez, esta pandemia ha puesto el foco en evitar la transmisión porque era lo único que se podía hacer, al no tener tratamientos ni vacunas, hasta hace poco.» Por eso se han generado muchas evidencias de la transmisión aérea. La enfermedad se transmite por el aire y, tal vez, sólo por el aire, esto le ha dado la vuelta a la tortilla. Así que otras enfermedades que se han dicho que eran por gotas seguramente sean de transmisión aérea».

En marzo y junio del 2020, este equipo científico internacional pidió a la Organización Mundial de la Salud que reconociera la necesidad de controlar la transmisión aérea de infecciones respiratorias. «En la OMS nos gritaban, nos decían que no sabíamos de lo que hablábamos, incluso a Lidia Morawska que lleva décadas investigando. Estaban cerrados y no escuchaban y lo que nunca se ha demostrado es la transmisión por gotas. Es una situación escandalosa, del aire se han demostrado varias enfermedades, pero de las gotas ninguna, pero hay una postura intelectual cerrada sobre que la transmisión es de gotas y esto de los aerosoles no les importan», explica el profesor de la Universidad de Colorado.

Lidia Morawska

Llevamos más de un año alertando conjuntamente de la importancia de la transmisión aérea de la covid-19 en espacios interiores»

Xavier Querol, csic

“Llevamos más de un año alertando conjuntamente de la importancia de la transmisión aérea de la covid-19 en espacios interiores, hemos hecho guías para ventilar colegios y asesorados en otros entornos. Ahora en España es necesario que se apliquen normas y certificaciones obligatorias al respecto para oficinas, restaurantes, espectáculos y transporte público, entre otros entornos”, indica el profesor Xavier Querol, del IDAEA-CSIC.

Entre las desmandas de los investigadores reclaman estándares obligatorios de ventilación de los edificios que incluyan un mayor flujo de aire, tasas de filtración y monitores que permitan al público observar la calidad del aire en los espacios interiores compartidos. Según los investigadores, dadas las pruebas de que la transmisión por el aire propaga infecciones, debería haber estándares nacionales e internacionales de ventilación para controlar los patógenos.

La investigadora Lidia Morawska manifiesta que “los sistemas de ventilación también deben controlarse según la demanda para adaptarse a las diferentes ocupaciones de los espacios interiores y las diferentes actividades y ritmos respiratorios, como hacer ejercicio en un gimnasio o sentarse en una sala de cine”. “Esto no significa que cada espacio interior deba convertirse en una instalación de bioseguridad, pero un edificio debe diseñarse y operarse de acuerdo con su propósito y las actividades que se llevan a cabo allí, de modo que el riesgo de infecciones transmitidas por el aire se mantenga por debajo de un nivel aceptable”, aclara Morawska.

La mayoría de los estándares mínimos de ventilación fuera de las instalaciones de investigación y atención médica especializadas solo controlan el olor, los niveles de CO2, la temperatura y la humedad.