Salud

El turno de los niños: dudas y certezas en la recta final hacia su vacunación de Covid

Una clase al inicio del curso escolar en Valencia en septiembre de 2021.

Los niños de cinco a 11 años son el próximo grupo a vacunar. Jorge Gil / Europa Press

Andalucía anunció esta semana, a través de su consejero de Salud, Jesús Aguirre, que espera vacunar del Covid a los niños de cinco a 11 años en los colegios durante la segunda mitad de octubre. Minutos después, la noticia se extendía por grupos de whatsapp de madres y padres inquietos ante la noticia, producida antes de que la Agencia Europea del Medicamento (EMA) haya aprobado siquiera la vacuna para este grupo de edad.

«De momento, Pfizer ha presentado los datos de los ensayos clínicos para pedir autorización a la Agencia Europea del Medicamento pero no sabemos cuándo se va a decidir, puede que hasta finales de octubre», afirma Francisco Álvarez, miembro del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría».

La prueba de la vacuna en niños menores de 12 años también se ha realizado en España y Manuel Gijón, pediatra e investigador en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, lo ha coordinado en este centro: «Hemos participado en el ensayo más avanzado del mundo que incluye 4.500 niños. En España se han reclutado 600 niños entre seis meses y 12 años y nuestro hospital ha aportado 60», explica.

En el ensayo español con la vacuna de Pfizer (también se está probando Janssen) se ha probado «tanto la seguridad y tolerancia como la eficacia y la creación de anticuerpos», como explica Gijón: «Los niños llevan ya tres meses vacunados y se han recopilado todos los datos, lo que se sigue mirando es si previene los contagios, en comparación con el grupo control».

La dosis que se ha seleccionado para los niños de cinco a 11 años es de un tercio del fármaco que reciben los adultos y los menores de cinco años, cuyos ensayos también están en marcha, es diez veces menor que la de los adultos. Entre ellos los efectos secundarios han sido similares a los de los mayores. «Ha habido algo de dolor e inflamación en el lugar de la inyección y muy poquitos con malestar o fiebre, que desaparecen en máximo de 72 horas», explica el coordinador del ensayo, que tiene la impresión «de que las reacciones son menores que en los adolescentes».

Gijón también cree que lo previsible es que se tarde más de un mes en empezar a vacunar a los niños. «Primero ha de recibir la aprobación de la agencia europea, después la de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios [AEMPS] y por último serán el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas, a través del Consejo Interterritorial de Salud, las que decidan si se aplica la vacuna de forma universal. Y habrá debate», indica el pediatra.

Tres escenarios de vacunación a los menores de 12 años

«Ahora mismo no hay consenso ni entre la propia profesión médica sobre la vacunación universal de los niños de cinco a 11 años», reconoce el pediatra Ángel Hernández-Merino, especialista en vacunas de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (Aepap), que estima que la autorización de la vacuna «supone que dispongamos de la herramienta, pero podemos utilizarla de distintas maneras».

El pediatra plantea tres escenarios posibles. «Que se vacune de forma universal a todos los niños, que se establezcan grupos concretos con niños enfermos crónicos, inmunodeprimidos o con condiciones de riesgo como la obesidad o que residan en instituciones; y por último que se guarden las vacunas y de momento no se utilicen», indica.

Álvarez cree igualmente que habrá que analizar la situación en el momento en que se autorice la vacuna para los niños. «Habrá que ver cuál es la evolución de la pandemia, si no circulara el virus, aunque parece improbable, no habría que vacunar. Si hay un contexto de pandemia, los pediatras somos favorables a la vacunación porque los niños son susceptibles de enfermar».

En el debate que visualiza el coordinador del ensayo en el Hospital 12 de Octubre cree que entrarán «el riesgo, que los ensayos estiman bajo o muy bajo; cómo afecta la enfermedad a los niños, que es muy leve; y por último el beneficio que obtienen».

Para Gijón, el beneficio de los pequeños debería calcularse más allá de la perspectiva sanitaria. «No es irrelevante que puedan contagiar a otros, que un niños pierda clases y con él otros compañeros o sus padres, que tengan que perder días de trabajo. Tampoco es irrelevante que los niños tengan que seguir viviendo con restricciones de grupos burbuja, mascarillas o limitaciones sociales. Ni es irrelevante que el virus aumenta las brecha socioeconómica. Todas estas consecuencias no se pueden medir fácilmente pero influyen y van a tener consecuencias», incide.

La incertidumbre de los efectos a largo plazo

Si alguno de los aspectos preocupa más sobre la vacuna ese es el de los posibles efectos adversos a largo plazo. «Obviamente tener estos datos exige más tiempo, pero lo que sabemos hasta ahora es que en todos los grupos vacunados ha habido un balance beneficio-riesgo claramente a favor de las vacunas», explica Álvarez.

Los casos que se habían dado de miocarditis y pericarditis en adultos jóvenes con las vacunas de ARN eran uno de los efectos que más preocupaban pero hasta el último informe de farmacovigilancia de las vacunas, con datos hasta el 8 de agosto, Sanidad afirma no tener evidencias para actualizar las recomendaciones. España había registrado hasta entonces 98 casos en 41.000.000 de vacunados, lo que supone menos de un caso por cada 400.000 inmunizados.

Respetar el criterio de los padres

En lo que coinciden los tres pediatras es en que cualquier campaña de vacunación se supeditará finalmente al criterio de los padres. «Se respetará su criterio igual que con el resto de vacunas infantiles en España. No hay ninguna obligatoria, salvo alguna normativa puntual que las establece como requisito de entrada en guarderías públicas de alguna comunidad autónoma», afirma Álvarez. Este miembro del Comité Asesor de Vacunas asegura que una vez aprobada, la recomendará: «Estoy a favor y daré una buena explicación y confianza en que será positivo para los niños».

En la misma línea se manifiesta Hernández-Merino, quien cree que «si se decide que sí se hará labor pedagógica y en España hay muy buena aceptación de las vacunas».

Las encuestas y la falta de confianza

En el revuelo provocado por el anuncio de Andalucía salían a reducir las dudas de los padres y algunos que se muestran a favor de esperar un poco más para vacunar. Tales dudas son un reflejo de los datos que mostraba la última encuesta del Ministerio de Sanidad sobre percepciones de la pandemia. Saltaba a la vista la brecha entre la confianza en la vacuna de los adultos con respecto a la infantil. Más del 90% de los participantes estaba a favor de recibir la vacuna del Covid pero solo el 70% se mostraba partidario a vacunar a sus hijos.

España no es un caso aislado, una encuesta recientemente publicada de la asociación americana de pediatría refleja que al momento de la encuesta (febrero y marzo de 2021), menos de la mitad de los padres estadounidenses estaban dispuestos a vacunar a sus hijos. Un tercio estaban muy en contra de hacerlo. La mayoría alegaba dudas sobre la seguridad de la vacuna y los efectos secundarios.

Sin embargo, Álvarez cree que se trata de un efecto en cierta medida normal «como lo que ocurrió al principio con las vacunas y los adultos».

Un posible efecto positivo adicional

Gijón plantea una posibilidad, aún por demostrar, y es que las vacunas en los niños prevengan del contagio en mayor medida que en los adultos, lo que sería un beneficio adicional para lograr la ansiada inmunidad de rebaño. «En los adolescentes, los ensayos clínicos dieron mejores datos de eficacia en previsión de la transmisión que en adultos. Podría ser que en niños ocurriese lo mismo».

Las próximas semanas se debatirá la vacunación de los menores de 12 años, cuya vacunación podría, explica Álvarez, integrarse en el calendario vacunal. «Podría incluirse pero esto solo implica que esta financiada, no la hace obligatoria».

También tendrá que dirimirse si se realiza en los colegios, como apuntó Aguirre, o en los centros de salud o vacunódromos. «La ventaja de hacerlo en los colegios es que se alcanzan mayores coberturas de vacunación, por supuesto siempre con el consentimiento previo y expreso de los padres», afirma Álvarez. Murcia o País Vasco ya lo hacen así con otras vacunas.

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