El manifiesto Socialdemocracia 21, la plataforma lanzada por el ex ministro Jordi Sevilla, ha sido recibida con entusiasmo por algunos medios (tal vez demasiado entusiasmo), en un ejercicio evidente de whisful thinking.

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Sevilla, a sus 69 años, cuenta con una larga trayectoria en el PSOE. Fue ministro de Administraciones Públicas en el primer gobierno de Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez le nombró presidente de Red Eléctrica en 2018, el cargo mejor remunerado del sector semipúblico (500.000 euros al año). Salió de la empresa por sus desavenencias con la entonces todo poderosa vicepresidenta Teresa Ribera y fue sustituido por Beatriz Corredor, justo tras la investidura de Sánchez y tras no haber optado o logrado ministerio (anteriormente había ocupado la cartera de Vivienda en el segundo mandato de Zapatero).

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A Sevilla no se le pueden negar las buenas intenciones. En su manifiesto -que va acompañado por un vídeo en el que él mismo explica los objetivos de su iniciativa- propone que el PSOE vuelva a recuperar su esencia socialdemócrata, perdida en favor de "un populismo basado en el cálculo electoral". De acuerdo con Sevilla en su diagnóstico: con el actual PSOE sólo crece la extrema derecha. Hasta tal punto, que si Sánchez sigue mucho tiempo en el poder, Vox acabará por hacer el sorpasso al PSOE en votos.

Sin embargo, Sevilla lanza la piedra y esconde la mano. Afirma que su manifiesto "no va contra nadie". Entonces, ¿quién ha sido el responsable de esa deriva populista del partido? El temor a mencionar a Pedro Sánchez como responsable de la situación en la que se encuentra el PSOE (e incluso la democracia española, en opinión de Sevilla), no es otro que al secretario general y presidente del Gobierno. El buenismo no acabará con el liderazgo de Sánchez, forjado en la lucha a brazo partido en las primarias y en la remodelación de un aparato partidario en el que sólo caben los fieles.

La iniciativa de Jordi Sevilla no cuajará, porque para sustituir a un líder hay que tener un recambio

Llama la atención que el manifiesto no vaya firmado por nadie, aunque Sevilla afirma que cuarenta personas (número escaso para tan ambicioso objetivo), algunas de ellas con cargos orgánicos, lo apoyan. ¿Por qué no se han atrevido a poner la cara a un escrito "que no va contra nadie"? ¿Por miedo a ser purgados? El miedo guarda la viña, dice el refrán. Y Sánchez sabe que eso funciona.

Sevilla ha cometido varios errores de bulto a la hora de lanzar su iniciativa:

1º Para cambiar a un líder hay que tener un recambio.

2º Para derrocar a un líder hay que tener un plan.

3º No se puede sustituir a un líder si éste tiene el apoyo de las bases del partido.

A Sánchez se le pueden criticar muchas cosas, pero no se le puede negar su vocación de liderazgo. Peleó contra viento y marea, utilizando a veces métodos muy dudosos. Pero no se ocultó detrás de nadie. ¡Hasta el Peugeot con el que se paseó por España con Ábalos, Koldo y Cerdán lo conducía él!

Cuando Sánchez vio -una vez ganadas las primarias a Susana Díaz- que el PSOE no tenía mayoría para gobernar en solitario, pactó con Pablo Iglesias, y luego con Otegi, y, al final, hasta con Puigdemont. No tuvo ningún reparo en sustituir sus principios -si es que alguna vez los tuvo- por votos, por apoyos, por poder.

De esa manera, Sánchez ya no es sólo el secretario general del PSOE, sino el líder de una coalición de partidos y partidillos que sólo coinciden en su afán por ordeñar la vaca del Estado.

Además, para desgracia de Sevilla y de los nostálgicos de un PSOE que ya no existe, el problema de la izquierda es que la socialdemocracia es una fuerza en retroceso en toda Europa. En algunos países se ha diluido hasta desaparecer; en otros, como España, ha pasado a depender de sus alianzas con la extrema izquierda o con partidos que nada tienen que ver con la ideología que inspiró a muchos gobiernos europeos tras la Segunda Guerra Mundial.

La socialdemocracia necesita una reforma en profundidad. Volver a las viejas fórmulas no sirve de mucho, sólo para reconformar a los que ya hemos cumplido los sesenta.

No le veo, por tanto, mucho recorrido a este manifiesto, aunque a él se apunten socialistas como Eduardo Madina, Juan Lobato o Tomás Gómez. El PSOE no sólo necesita un nuevo líder, alguien más joven, sino que tiene que afrontar un futuro de derrotas electorales, y, lo más difícil de todo, un replanteamiento ideológico total.