El Museo de Auschwitz ha denunciado públicamente la proliferación de imágenes falsas generadas por inteligencia artificial sobre Auschwitz y otros campos de concentración, alertando de que se trata de un acto peligroso de distorsión histórica que las plataformas sociales están permitiendo y amplificando.

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En un mensaje X, el Museo de Auschwitz advierte de que crear imágenes falsas del campo de concentración Auschwitz mediante IA no solo falsifica la historia, sino que también constituye una forma de acoso contra la memoria de las víctimas. El memorial señala de forma explícita a plataformas como Facebook por permitir que estos contenidos se difundan y ganen visibilidad en los resultados de búsqueda sobre el propio término “Auschwitz”.

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Riesgo de confusión y desinformación

En otro capítulo más del daño de la IA a la percepción humana de la realidad, el museo denuncia que, al buscar “Auschwitz” en Facebook, crece el número de resultados que muestran imágenes fabricadas con IA y publicaciones engañosas en lugar de documentación histórica auténtica. A su juicio, al permitir que estas distorsiones aparezcan y circulen, la plataforma contribuye directamente a erosionar la comprensión factual de la compleja historia de Auschwitz.

Cuentas de redes sociales y creadores de contenido: algunas cuentas comparten imágenes generadas por IA de Auschwitz etiquetadas como “recreaciones históricas”, a veces con fines virales o “educativos” poco rigurosos

Por ello, el Auschwitz Memorial reclama que las redes sociales como Facebook asuman su responsabilidad y moderen activamente este tipo de contenidos, etiquetando con claridad las imágenes fabricadas. La institución subraya que "la memoria y la verdad histórica necesitan una protección más firme".

La fotografía desveló los crímenes nazis

La institución recuerda que "la fotografía ha funcionado históricamente bajo un contrato social implícito: quien ve una foto confía en que hubo un fotógrafo en un lugar y un momento reales, captando un fragmento de realidad". En ese sentido, las fotografías de los campos nazis no son meras ilustraciones, sino evidencias documentales del crimen, cuya fuerza probatoria se ve deteriorada cuando se imitan con imágenes artificiales.

Muchas personas arriesgaron sus vidas en los campos de concentración con el objeto de hacer fotos que demostrara lo que ocurría en su interior. Ese fue el caso de los miembros del Sonderkommando -judíos obligados a trabajar en el crematorio del campo- quienes arriesgaron la vida para hacer fotos porque sabían que, si las SS los descubrían, serían ejecutados.

Imagen tomada por judíos esclavizados en el campo de concentración de Auschwitz.

En agosto de 1944, un grupo de prisioneros, lograron ocultar una cámara, vigilar el perímetro y tomar cuatro instantáneas clandestinas desde el interior y los alrededores de un crematorio de Auschwitz‑Birkenau. Esas imágenes, tomadas con la cámara pegada a la cadera y sin poder mirar por el visor, mostraban cuerpos ardiendo en fosas al aire libre y mujeres desnudas camino a la cámara de gas, y fueron sacadas del campo escondidas en un tubo de pasta de dientes.

Imagen tomada por judíos esclavizados en el campo de concentración de Auschwitz.
Imagen tomada por judíos esclavizados en el campo de concentración de Auschwitz.

Estas cuatro fotografías se convirtieron en la única evidencia visual directa del exterminio masivo hecha por una víctima desde dentro del propio campo, un testimonio único en la historia del Holocausto.

Las fotos de los propios nazis

La fuente documental principal del genocidio es la de los propios asesinos. En su retirada los nazis quisieron eliminar las evidencias, pero no pudieron eliminar todas las pruebas. La superviviente judía Lilly Jacob, que llegó a Auschwitz deportada desde Hungría junto a su familia en 1944 tras pasar por varios campos acabó en Dora, ya casi al final de la guerra; allí, enferma y abandonada en un barracón de las SS, encontró por casualidad un álbum fotográfico y reconoció en las imágenes el día de su llegada a Auschwitz, viéndose a sí misma rapada entre otras mujeres y, sobre todo, a sus hermanos pequeños y otros familiares que nunca volvió a ver con vida.

Lilly, destacada en la imagen, llegó en tren desde el gueto de Beregovo (Ucrania). Ella fue seleccionada para trabajar, sus hermanos mayores y menores desaparecieron junto con sus padres y abuelos.

Conservó el álbum de unas 200 fotografías, tomadas por los asesinos de su familia durante la llamada “Acción húngara”, se convirtió en una prueba gráfica excepcional del funcionamiento de Auschwitz: la llegada de los convoyes, la separación por sexos, el proceso de selección y la espera de mujeres, niños y ancianos condenados a las cámaras de gas. Lilly emigró a Estados Unidos con el álbum, permitió que otros supervivientes buscasen en él a sus desaparecidos y finalmente lo donó en 1980 a Yad Vashem, donde pasó a conocerse como el Álbum de Auschwitz.