Marruecos ha decidido congelar uno de los pilares más ambiciosos de su estrategia energética. El Ministerio de Transición Energética y Desarrollo Sostenible ha anunciado la suspensión del proyecto de terminal de gas natural licuado (GNL) en el puerto de Nador West Med, la nueva instalación que construye a escasos kilómetros de Melilla y que comenzará a operar a finales de este año. La infraestructura, valorada en cerca de 1.000 millones de dólares, estaba llamada a convertirse en el primer gran nodo gasista del país y a reforzar su soberanía energética.

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La decisión, comunicada de forma escueta por el departamento que dirige Leila Benali, se justifica por la aparición de “nuevos parámetros e hipótesis” en un proyecto calificado de “altamente estratégico para el Reino”. El parón afecta a todo el dispositivo gasista inicialmente previsto: la propia terminal de GNL, su conexión al gasoducto Magreb-Europa (GME) y la extensión de la red hacia los polos industriales.

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El ministerio ha optado por suspender la recepción de candidaturas y la apertura de ofertas, pese a que los anuncios de licitación se publicaron el pasado 5 de diciembre y a que, según fuentes del sector, decenas de operadores nacionales e internacionales habían mostrado ya su interés.

Un calendario que desconcierta

El movimiento sorprende por la coyuntura política. La suspensión llega apenas días después de una reunión de trabajo presidida por el rey Mohamed VI en el Palacio Real de Casablanca dedicada precisamente al desarrollo del complejo portuario e industrial de Nador West Med. En aquel encuentro, al que asistió la propia Benali, la terminal de GNL fue presentada como una pieza esencial del proyecto, alineada directamente con las exigencias de soberanía energética del país.

El comunicado del gabinete real fue explícito: el plan contemplaba la primer terminal de GNL del reino, con una capacidad anual de cinco mil millones de metros cúbicos. Una cifra que cuadruplicaba el consumo actual de gas de Marruecos, en torno a 1,2 bcm al año, y que apuntaba a una visión de largo recorrido. Rabat aspira a multiplicar por diez su demanda hasta alcanzar los 12 bcm en 2030, dentro de un programa global de 3.500 millones de dólares que incluye también terminales en la fachada atlántica.

El puerto sigue adelante

El freno al componente gasista no altera, por ahora, la hoja de ruta del megapuerto de Nador West Med, un proyecto de 51.000 millones de dirhams en inversiones públicas y privadas -unos 4.700 millones de euros- que debe entrar en operación en el cuarto trimestre de 2025. Las obras básicas están concluidas: 5,4 kilómetros de diques, cuatro kilómetros lineales de muelles y cuatro puestos energéticos. Los contratos de concesión de los dos terminales de contenedores ya han sido firmados.

En su arranque, el puerto contará con una capacidad anual de cinco millones de contenedores y 35 millones de toneladas de graneles, con margen para ampliarse hasta los 12 millones de TEU. Los 20.000 millones de dirhams en inversión privada ya comprometidos y la llegada de operadores internacionales a las 700 hectáreas de zonas de actividad previstas en la primera fase refuerzan la apuesta logística e industrial del enclave, concebido como un polo de referencia en el Mediterráneo occidental.

El lanzamiento del megapuerto de Nador es visto con preocupación desde Melilla. Desde la ciudad autónoma española se teme un golpe definitivo a su ya debilitada economía y denuncia el abandono del Gobierno central. “Marruecos, como país soberano, tiene todo el derecho a expandirse y a buscar recursos económicos y de desarrollo para sus territorios. Lo inexplicable es el Gobierno de España, que sabiendo todas las dificultades de competitividad, de extra peninsularidad y de desarrollo que tiene Melilla, no haya movido un dedo para defendernos”, denunció la semana pasada la portavoz del Gobierno de Melilla, Fadela Mohatar, en declaraciones a El Independiente.