"Nunca, nunca, nunca creas que una guerra será tranquila y fácil, o que cualquiera que se embarque en el extraño viaje puede medir las mareas y los huracanes que encontrará", escribió Winston Churchill en Mi vida temprana. "El estadista que cede a la fiebre bélica debe darse cuenta de que una vez dada la señal, ya no es el amo de la política, sino el esclavo de eventos imprevisibles e incontrolables". Donald Trump seguro que no ha leído la obra de Churchill sobre su juventud como periodista, testigo de varias guerras. Trump ha dado la orden de atacar Irán junto a Israel este sábado guiado por la convicción de que el régimen iraní caerá y se apuntará un triunfo más. Sin embargo, no ha contado con el Congreso, el único autorizado para declarar la guerra, ni ha explicado sus razones a los ciudadanos, ni tampoco ha buscado más aliados salvo a su fiel Netanyahu.
Trump lo hace en un momento de baja popularidad, incluso con opinión negativa en cuestiones clave como el curso de la economía o la inmigración, y con el caso Epstein al rojo vivo. El presidente se libra de ser interrogado por sus tejemanejes de la investigación, totalmente sesgada para evitarle problemas. Como otros líderes fuertes con tendencias autócratas está aficionándose a la acción: Trump no es hombre de gestión. Le gusta más verse en la Situation Room viendo cómo los Delta Force dan caza a Maduro, o hablando con su amigo Netanyahu sobre una nueva operación contra los ayatolás. Ha visto débil al régimen iraní y quiere aprovechar la oportunidad. Pero hay peligro de que los proxies y redes terroristas le hagan recordar esta decisión.
Séptimo ataque militar de su mandato
"¿Por qué empezó esta guerra, señor presidente?", se pregunta The New York Times en un editorial titulado El ataque de Trump sobre Irán es temerario. "Entre sus justificaciones está la eliminación del programa nuclear iraní, que es un objetivo loable. Pero Trump declaró que dicho programa había sido eliminado por el ataque en junio, una afirmación desmentida tanto por la inteligencia estadounidense como por este nuevo asalto. Esta contradicción resalta su escaso respeto por su deber de decir la verdad cuando envía a las fuerzas armadas estadounidenses a un combate". En un video difundido en sus redes sociales, Trump, el creador de la Junta de la Paz, aspirante al Nobel, reconoce que "es posible que se pierdan las vidas de valientes héroes estadounidenses y que tengamos bajas”.
De este modo, Donald Trump, que en campaña prometió acabar con las guerras, ordenó ataques militares en siete países en su primer año de mandato. El más exitoso fue el ejecutado el 3 de enero que acabó con la captura de Nicolás Maduro. Este tipo de blitzkrieg seduce a Trump y es lo que quiere aplicar en Irán. En este caso han liquidado al octogenario líder supremo, Ali Jamenei. Y su esperanza es que, como pasó en Venezuela, sin la cabeza del régimen, sea posible que el resto del aparato se ponga al servicio de EEUU y de Israel.
Las consecuencias de la guerra "por elección"
El objetivo de la operación, Rugido del León para los israelíes o Fuerza Épica para el Pentágono, es acabar con las opciones nucleares de Irán y deponer el régimen de los ayatolás. Con ayuda de los iraníes, que ha quedado arrasados por las represalias recientes a las protestas, porque EEUU al menos no pretende enviar tropas terrestres.
Sin embargo, como señala el politólogo Robert A. Pape, "el poder aéreo rara vez produce un cambio de régimen amistoso. Los bombardeos pueden destruir objetivos, pero no reconfiguran la política de forma fiable". Pape también destaca que hay un riesgo en aliarse con un atacante extranjero. "El ataque externo fusiona régimen y nación". Y añade que "las represalias suelen ser tardías y asimétricas... mediante proxies, terrorismo, ciberseguridad o escalada regional".
Trump ha emprendido esta guerra "por capricho". Sería una guerra no por necesidad sino por elección. La Agencia de Inteligencia de Defensa concluyó el año pasado que Irán tardaría una década en superar los obstáculos tecnológicos y de producción necesarios para fabricar un arsenal significativo. Y no había indicios de un próximo ataque iraní contra Estados Unidos, sus aliados o sus bases en la región. Trump atacó a la República Islámica principalmente porque percibió un momento de notable debilidad del régimen de los ayatolás.
"Como en la segunda guerra de Irak, no había necesidad de atacar Irán, sino que había una oportunidad. Es un ataque preventivo clásico, para evitar que Irán tenga capacidad en el futuro. La cuestión es por qué lo hace ahora", apunta Richard N. Haas, autor de War of Necessity. War of Choice, en The New York Times . Quiere pasar a la historia como el primer presidente que se atreve a provocar un cambio de régimen en Irán, el enemigo acérrimo de EEUU en los últimos 47 años. Ni siquiera se ha planteado recurrir al Congreso, esa es la diferencia con otros presidentes que se lo han saltado.
"En los malos tiempos de Bush y en el período previo a la invasión de Irak, el régimen de Bush organizó una campaña de un año para preparar el terreno, dirigiéndose al público y al Congreso con una serie de falsedades para justificarla. Por espantosa e imprudentemente deshonesta que fuera esa guerra por elección, fue al menos un reconocimiento y una admisión de la realidad democrática de que la opinión pública y la aprobación legislativa eran necesarias para que el país fuera a la guerra. Sin embargo, Trump no ha mostrado ningún aprecio por tales sutilezas democráticas, ni siquiera se ha dignado a emplear sus mentiras, medias verdades y exageraciones grotescas características para apoyar su táctica con Irán", apunta Robert Matthews, analista de Relaciones Internacionales en el Centro Pignatelli de Zaragoza.
Irán, la obsesión de EEUU
¿Por qué Irán es el objetivo? Por historia y por oportunidad. "Irán es la gran obsesión estratégica de Estados Unidos. Representa la piedra de toque de la reordenación de la estrategia de seguridad nacional en Oriente Medio. Y la consideración de que Irán es un enemigo directo, una amenaza inminente, y por eso juzga que tiene que reducir al uso de uranio, a su intención de ser una potencia nuclear, de reducir su capacidad balística.. de modo que no había posibilidad de que las negociaciones llegaran a buen término porque las exigencias de EEUU estaban muy por encima de lo que el régimen iraní podía aceptar", explica Juan Luis Manfredi, catedrático de Periodismo y Relaciones Internacionales en la UCLM.
"Trump se ha venido arriba. El éxito de la operación en Venezuela, con apenas bajas y poco impacto negativo en la opinión pública de EEUU, ha envalentonado al presidente de EEUU. Considera que puede imponer esta suerte de blitzkrieg y salir sin daños. Pero Irán es distinto a Venezuela: hay posibilidad real de una escalada nuclear porque el régimen se ve realmente amenazado, no como en junio de 2025. Hay miedo al impacto en la región: qué va a suceder con los aliados tradicionales (Arabia Saudí, Israel o Qatar) y otros que quieren tener mayor presencia (Emiratos), Y la disuasión nuclear no se sabe si va a funcionar", añade Manfredi.
Es una operación con riesgos, como han advertido los militares, si se prolonga la guerra. El cierre de Ormuz afectaría la tráfico comercial y eso puede acabar teniendo efecto en el coste de las mercancías, y el precio de las importaciones y exportaciones. Tampoco se sabe si se puede mantener el despliegue militar en el Mediterráneo.
En cuanto a lo que refleja su modus operandi, Timothy Snyder, autor de On Tyranny, lo relaciona con el deterioro de la democracia en EEUU a manos de Trump. "¿Cómo entender esta guerra con Irán? Hay dos marcos interpretativos a la luz de los hechos: una guerra exterior como mecanismo para destruir la democracia interna; o como elemento de corrupción personal del presidente de Estados Unidos. Desde Estados Unidos, el punto de vista más plausible es la política interna, no la política exterior. Las guerras son una herramienta para socavar y destruir las democracias. Dados los múltiples ejemplos que existen, tanto en la democracia moderna como en la antigua, y dado el comportamiento de Trump y sus aliados en general, este debe ser un método interpretativo para estos ataques".
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