La última vez que el nombre del académico Juan Luis Cebrián apareció en un titular del periódico El País fue el 4 de abril de 2024 para informar del patadón definitivo de quien lo había sido todo en el Grupo PRISA. El cese, ordenado por Oughourlian, ejecutado por Carlos Núñez (bajo la sombra de Contreras) y aireado por Pepa Bueno. Aquella nota publicada en la que durante tanto tiempo fue 'su periódico' le acusaba un incumplimiento de contrato. El País no permitió a Cebrián ni dar su versión ni poder publicar un artículo de despedida. El fundador se tuvo que reivindicar a través de entrevistas a medios competidores, como la que concedió en el diario El Mundo, donde se quejaba de que El País "al servicio directamente del Gobierno" hubiera perdido independencia (14 de abril de 2024).
Dos años después, Juan Luis Cebrián ha vuelto por un día a las páginas de El País en una entrevista para conmemorar los inminentes 50 años del primer periódico generalista de España. Los firmantes de la entrevista, Pablo Guimón y Jordi Amat, no se refieren a él como "fundador" de El País, sino que lo limitan a "primer director", tampoco le presentan como expresidente de PRISA, ni exCEO, aunque no tardan ni dos líneas en mencionar a su padre franquista. En la propia introducción los entrevistadores dejan claro que sólo quieren hablar del periodo 1976-1988, "etapa a la que se circunscribe esta entrevista", una cómoda manera de justificar que no van a hablar sobre los pormenores de la destitución de 2018 o de la defenestración sin derecho a despedida de 2024.
Recuerdos de Cebrián
Atribuyen a Kaputzinsky lo de que los "cínicos no valen para ejercer el periodismo". Leyendo a Cebrián diciendo que nunca se ha sentido una persona con poder, o que no sabe por qué Emilio Romero le nombró redactor-jefe a los 18 años invita a pensar que el polaco quizá debiera reevaluar dicho alegato.
En gran medida la entrevista permite a Cebrián repetir relatos que ya ha comentado en varias ocasiones, incluyendo en sus libros Primera Página o Cartas a un Joven Periodista, sobre la OTAN, sobre el 23-F, etc. Hasta el punto en el que destaca la poca ambición de Guimón o Amat, en no parecer pretender sonsacar no parece pretender obtener muchos más datos de algunos aspectos más allá de lo ya contado y publicado. Bien es verdad que en su relato de los aspirantes a ser primer director de El País Cebrián cita en esta versión lo cerca que estuvo de ser director Vicente Gallego, mientras que no incluía entre los sondeados a Santiago Nadal. Pero en las gestiones para el nombramiento no es fácil fijar una línea completa de todos los que pudieron serlo, al final el único dato objetivo es el que es nombrado. Y, aunque es cierto que Vicente Gallego en su última etapa era un periodista que respaldaba el cambio, difícilmente hubiera podido representar lo que representó Cebrián, aunque no fuera más que por motivos biológicos, Gallego era de la generación de españoles de la Guerra Civil.
¿El gran Scoop de la Transición?
En un momento Amat y Guimón le preguntan a Cebrián "cómo vivió el gran scoop de la Transición". Identificando como "scoop", una primicia publicada por la revista Cuadernos para el Diálogo, que consistió en la filtración del borrador del texto de la ponencia de Constitución Española en noviembre de 1977.
Cada cual tendrá sus propias catalogaciones, pero uno diría que en el periodo de la Transición hubo bastantes primicias —si a eso se refieren como scoops— más trascendentales que adelantar el borrador de una ponencia que se iba a conocer unas semanas después, cuando fuera presentado en público ante el pleno del Congreso, y que estaba lejos de ser el texto definitivo, dado que quedaban largos debates artículo por artículo, con sus correspondientes enmiendas, en unas jornadas históricas que pudo seguir toda España, entre otras cosas gracias a los excelentes cronistas parlamentarios de la época, con Manuel Vicent desde El País a la cabeza.
En un periodo en el que hubo bastantes scoops más trascendentales para los españoles —desde el de Europa Press con su teletipo "Franco ha muerto", hasta el de Alejo García anunciando con voz ahogada que "el Partido Comunista de España ha quedado legalizado" en RBE —, calificar como "gran scoop de la Transición" aquella primicia publicada por una revista ya moribunda como Cuadernos para el Diálogo, que fue más seguida gracias a su reproducción en El País que por la propia revista, solo puede entenderse como un gesto de deferencia de los entrevistadores hacia su compañera Soledad Gallego Díaz, en línea con el programa que TVE le dedicó el pasado diciembre, donde se insistía en esa misma idea.
Lo que más llama la atención de Amat y Guimón es que tienen delante a la persona que dirigió su periódico durante 12 años (y que, en parte, lo siguió dirigiendo durante casi otros treinta), y le preguntan por lo que publicaron otros. ¿No les parecía importante haberle preguntado por alguna de las grandes primicias que firmó El País bajo la dirección de Cebrián, desde la "Operación Galaxia" en 1978 hasta la cuestión de la constitucionalidad de la expropiación de Rumasa? ¿O el atentado con bomba perpetrado por un comando terrorista fascista en el que murieron empleados del periódico en plena transición? ¿O las crónicas del juicio del 23-F de Martín Prieto, que son historia del periodismo? Parece que interesa más del mandato de Cebrián ehablar de su 'felipismo', de la OTAN y de su conversión al 'lado oscuro' como empresario.
El argumentario del GAL
Un paréntesis especial merece la referencia a los GAL. Cebrián siempre usa como argumento para negar que fue tan 'felipista' como le atribuyen diciendo que fue él quien desveló los GAL, lo que suena un poco a lo de Esperanza Aguirre diciendo que destapó la Gürtel (cuando lo único que hizo fue frustrar uno de los tropecientos negocios que tenían).
Los GAL no eran una organización secreta a desvelar, dado que reivindicaban públicamente sus atentados. El secreto era, sus conexiones con el Gobierno. Es cierto que el ministro de Interior de Felipe González, José Barrionuevo, demandó a Cebrián, aunque no tanto porque le acusara de organizar los GAL —El País nunca llegó a tanto—, sino porque sostenía que Barrionuevo entorpecía las investigaciones judiciales de los GAL (episodio fiscal Valerio), en un contexto de guerra total de El País contra aquel ministro, con episodios tan recordados como el del caso Urigoitia.
Cuando El Mundo tomó la delantera en la denuncia del caso GAL, el PSOE lanzó la 'teoría de la conspiración' periodística contra Felipe González y, mal que le pese, El País, en aquella etapa se situó más cerca de los que denunciaban de la conspiración contra los socialistas que los crímenes de los GAL, aunque - también es cierto - con menos entusiasmo que otros medios que se prestaron mucho más a ella, como el Grupo Zeta con Asensio o Santiago Belloch, o Diario 16 con Juan Tomás de Salas y Carlos Enrique Bayo.
Uno de los argumentos principales para defender al felipismo de las tramas de los GAL era asegurar que estas tramas "ya existían antes". En referencia a las operaciones de Guerra Sucia de la etapa anterior. El mismo Eliseo Bayo publicó un libro en plena instrucción del caso GAL, a cuya presentación asistió toda la cúpula felipista de Interior para defender todo tipo de teorías exculpatorias en esa línea.
En la entrevista, Cebrián vuelve a recurrir a ese argumentario de la etapa felipista para culpar a Adolfo Suárez de los GAL. Suárez lo negó tajantemente cuando los felipistas lanzaron aquella línea de defensa, con apoyo de figuras como el General Sáenz de Santa María en el periodo 1996-1998. También es cierto que, a estas alturas, es poco probable que ya a nadie le merezca la pena ni replicarlo.
No puede existir un gran periódico sin una gran empresa
Los entrevistadores abordan el pase de Cebrián de director de El País a CEO de PRISA poniendo la lupa en dos únicos puntos: que eso provocó su distanciamiento con la redacción—"se le empezó a llamar el señorito", dicen—y la drástica descapitalización del talento en relación a los ERE. Dibujando el relato del "periodista que se volvió empresario, se distanció de sus antiguos compañeros y acabó despidiendo a empleados", el pase al lado oscuro.
Menos mal que habían dicho que sólo abordarían su etapa de director entre 1976 y 1988, porque en gran medida si El País fue un gran periódico fue porque tuvo una gran empresa detrás. Y eso fue gracias, en una primera parte, al triciclo que formaban Polanco, Babiano y Cebrián, y en la segunda al tándem Polanco-Cebrián.
Por poner sólo uno de los grandes éxitos empresariales de PRISA que nadie discutirá, la sinergia con la Cadena SER. La forma en que las informaciones de El País eran rebotadas por la SER, facilitando su penetración, fue algo que mató de envidia al resto de periódicos, que intentaron—a veces de manera chapucera—pactos equivalentes con otras radios para intentar imitar el éxito empresarial que suponía el matrimonio entre El País y la SER.
Habrá que esperar a que el académico publique su segundo volumen de memorias para reivindicar la etapa del periodista como empresario, en la que, aunque a Amat y Guimón no parezca interesarles, hubo algo más que distanciamiento con la redacción y ERE. Lo que no quita que la tierra quemada que dejó Cebrián en su trayectoria de jefe (desde Babiano y Eugenio Galdón a Gregorio Marañón y Javier Díez Polanco, pasando por Pradera y Martín Prieto) apuntan aspectos mejorables en su forma de dirigir.
Sobre su salida, Cebrián se limita a decir que fue "amarga" y reconoce errores, así como haber hecho sufrir a gente, sin detallar demasiado. La verdad es que hubo una lucha tan encarnizada por tratar de seguir al frente de PRISA —y por seguir controlando la línea editorial— que no queda claro a que se refiere exactamente. Probablemente el error del que más se arrepienta Cebrián es que fue él quien trajo al capital de PRISA, cuando buscaba desesperadamente inversores para tapar agujeros, al mismo Oughourlian, que acabó guillotinándolo cuando puso su cuello a tiro.
Un consuelo
Lo que nadie negará a El País de Oughourlian es que ha tenido el gesto de conseguir que el único fundador del periódico vivo —aunque eviten citarle con ese título, dejándolo en "primer director"—participe en el 50º Aniversario del periódico. Ya es más de lo que hizo El Mundo por Pedro J. Ramírez tras su despido en las celebraciones tanto del 30º como del 35º aniversario del diario de Unidad Editorial.
Por no hablar de que, en las fiestas tanto del 20º aniversario de Telecinco como en el de Antena 3 TV, no invitaron a su primeros equipos directivos (Miguel Durán, Martín Ferrand, etc.). Queda claro cuál es la política habitual de los medios con los "ángeles caídos".
A Cebrián le queda el consuelo de haber vuelto por un día, y de que quienes ejecutaron su salida de PRISA —dictaminada por Oughourlian, es decir, Núñez y Contreras— siguieron el mismo camino que él no demasiado tiempo después.
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