Entre Teherán y Madrid median entre 4.000 y 5.000 kilómetros. La cifra, fría y cartográfica, es el punto de partida de una pregunta que ha dejado de ser meramente teórica a la luz de la escalada militar en Oriente Próximo y el incidente registrado en Chipre, en este caso, unos drones de fabricación iraní que este lunes provocaron daños leves en la base militar británica de Akrotiri, en el suroeste de Chipre. ¿Tiene la República Islámica de Irán capacidad para golpear territorio español?
La respuesta corta, con los datos disponibles hoy, es no. La respuesta larga exige matices técnicos y estratégicos: con el arsenal balístico iraní conocido y desplegado de forma operativa, España queda fuera de alcance. Pero el desarrollo de vehículos espaciales por parte del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC) abre una puerta tecnológica que, potencialmente, podría modificar ese cálculo en el futuro.
Farzin Nadimi, especialista en capacidades militares iraníes, lo resume con precisión, en declaraciones a El Independiente: “Potencialmente sí (el IRGC tiene vehículos de lanzamiento espacial), pero no se sabe que ninguno haya sido convertido o desplegado como misil balístico”. La clave está en esa frontera: lo que es posible en términos de ingeniería no equivale a lo que está disponible como arma operativa.
Space Launch Vehicle
Un vehículo de lanzamiento espacial (Space Launch Vehicle, SLV, por sus siglas en inglés) está diseñado para colocar satélites en órbita. Un misil balístico está concebido para transportar una carga hasta un objetivo terrestre siguiendo una trayectoria balística. Comparten principios físicos —propulsión por etapas, motores cohete, sistemas de guiado—, pero convertir un lanzador espacial en arma estratégica exige desarrollar un vehículo de reentrada resistente, sistemas de precisión militar y asumir un salto político que situaría a Irán en el terreno de los misiles de alcance intercontinental.
Hasta ahora, Teherán ha defendido que su doctrina limita el alcance de sus misiles a unos 2.000 kilómetros. Ese radio cubre Israel, el Golfo Pérsico, bases estadounidenses en la región y buena parte del sudeste europeo, pero no la Península Ibérica. Incluso los sistemas más avanzados dentro de su inventario balístico conocido se inscriben en la categoría de misiles de alcance medio (MRBM). Alcanzar España desde suelo iraní requeriría superar holgadamente los 4.000 kilómetros, es decir, adentrarse en capacidades propias de misiles de alcance intermedio alto o directamente intercontinentales.
El debate dejó de ser abstracto cuando, en plena escalada, unos drones iraníes provocaron daños leves en la base militar británica de Akrotiri, en el suroeste de Chipre. Fueron lanzados desde el Líbano, según fuentes del Gobierno chipriota citadas por la agencia de noticias CNA. Los aparatos no tripulados fueron lanzados por la milicia chií libanesa Hizbulá, un aliado de Irán, y no pudieron ser detectados ni interceptados a tiempo debido a su pequeño tamaño y a la baja altura a la que volaban.

Chipre está a poco más de 1.500 kilómetros de Irán
Las fuentes gubernamentales chipriotas matizaron, no obstante, que no existen indicios de un intento de atacar infraestructuras de la República de Chipre y subrayaron que la protección de éstas constituye la principal prioridad del Gobierno. Chipre está a poco más de 1.500 kilómetros de Irán; España, a tres veces esa distancia. La diferencia es sustancial, pero el precedente alimenta la inquietud.
El trasfondo tecnológico es el programa espacial iraní, desarrollado tanto por la agencia civil como por el IRGC. Irán ha operado lanzadores como el Safir y el Simorgh —de combustible líquido— y sistemas más recientes que combinan etapas sólidas y líquidas o emplean exclusivamente combustible sólido, como el Qased o el Ghaem-100. Este último, un lanzador de tres etapas operado por la fuerza aeroespacial de los Guardianes, está diseñado para colocar cargas ligeras en órbita baja terrestre. Su primera prueba suborbital se realizó desde la base de Shahroud con un lanzador móvil, una característica que en el ámbito militar aumenta la supervivencia y dificulta la detección.
En julio de 2025, Irán volvió a probar un cohete portador Qased en un vuelo suborbital, en el primer ensayo de este tipo tras la guerra de doce días librada contra Israel. Teherán presentó el lanzamiento como parte de la mejora de sus sistemas espaciales. Washington y varios think tanks occidentales, sin embargo, interpretan este tipo de pruebas como un posible escalón hacia misiles de mayor alcance. El argumento es conocido: la experiencia acumulada en propulsión sólida, separación de etapas y control de vuelo es transferible, al menos en parte, al ámbito balístico estratégico.

El matiz técnico es importante. Un misil balístico de 4.000 o 5.000 kilómetros necesita no solo potencia de propulsión, sino la capacidad de que su carga sobreviva al reingreso atmosférico a velocidades extremas y mantenga un grado aceptable de precisión. No existe evidencia pública de que Irán haya desplegado un sistema de esas características. Tampoco hay indicios confirmados de que haya convertido sus SLV en misiles operativos de largo alcance.
Otra categoría distinta son los misiles de crucero de ataque a tierra (LACM). A diferencia de los balísticos, vuelan como aeronaves no tripuladas y no siguen una trayectoria parabólica. Su perfil de vuelo a baja altura complica su detección por radares convencionales. Sin embargo, desarrollar un misil de crucero con un alcance de varios miles de kilómetros implica desafíos propios en navegación, guiado y fiabilidad que, de nuevo, no constan como superados en el caso iraní para distancias que alcancen la Península Ibérica.
2 Comentarios
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hace 1 mes
Esto va de que Irán quiere controlar Oriente próximo
hace 1 mes
Si les dejas armarse a placer, está claro que sí alcanzarán.
Por otra parte, Irán ya ha alcanzado a España con la financiación y apoyo a miembros de Podemos. Consiguieron meter un vicepresidente en España. También estuvieron a punto de liquidar a un dirigente de VOX, Vidal Quadras.