Correr en uno de los desiertos más duros del planeta es solo una parte del desafío. Cada año, el Sahara Marathon convierte los campamentos de refugiados saharauis en Argelia en un punto de encuentro entre deporte y denuncia política. Más de 300 corredores de distintos países participaron en la XXVI edición de esta carrera solidaria, que busca visibilizar una realidad que se prolonga más de medio siglo: el exilio de decenas de miles de saharauis y su lucha por la autodeterminación del Sáhara Occidental.

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Durante la última semana de febrero, en esta wilaya —provincia— se celebraron diferentes actividades en el marco de la Sahara Marathon. Esta carrera solidaria no es solo un evento deportivo al que acuden aficionados atraídos por la experiencia de correr por el desierto en una de las regiones más inhóspitas y áridas del planeta. Es también un altavoz que denuncia la situación que se vive en el Sáhara Occidental. En esta edición, además, coincidió con el ramadán, lo que supuso mayores dificultades logísticas y una menor participación de corredores procedentes de países musulmanes que practican el ayuno durante esta celebración religiosa.

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El 24 de febrero tuvieron lugar las diferentes carreras y, en la categoría reina de 42 kilómetros, los ganadores fueron el vasco Aitor Garmendia y la italiana Francesca Lanzi. El resto de la semana sirvió para que los participantes conocieran otra prueba de resistencia: la lucha por la autodeterminación del pueblo saharaui.

Una carrera de fondo que comenzó en 1975 con la “Marcha Negra” de Marruecos y el éxodo a través del desierto desde el Sáhara Occidental hasta las proximidades de Tinduf (Argelia), donde hoy se asientan los campamentos de refugiados.

El representante de la Media Luna Saharaui, Yahya Buhobeini | Luis Mangrané

Un caso único en el mundo, como explica el representante de la Media Luna Saharaui, Yahya Buhobeini, ya que los desplazados huyeron desde zonas próximas al mar hacia el interior del desierto.

Buhobeini muestra los almacenes donde se guardan los alimentos procedentes de la ayuda internacional y explica que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha reducido sus aportaciones como consecuencia de los recortes de Estados Unidos a la cooperación internacional. La canasta básica que reciben las familias se ha resentido y muchas mujeres padecen problemas crónicos de anemia y desnutrición.

Fatra Elkori, una anciana con graves problemas de diabetes, recuerda aquella marcha por el desierto en 1976 como algo terrible. Llegó sin nada, dejando atrás a sus hermanos, que hoy viven en los Territorios Ocupados. No sabían lo que iban a encontrar y lograron sobrevivir gracias a que los soldados del Frente Polisario regresaban en camiones para trasladarlos a Argelia. También gracias a la ayuda de Argelia y a las habilidades artesanales de las mujeres, que con el pelo de las cabras hicieron las primeras jaimas y con la piel confeccionaron ropa.

En medio de unas negociaciones secretas

Bucharaya Beyun, primer ministro saharaui, declaró durante la ceremonia de entrega de medallas que, en estos 50 años de existencia de la República Árabe Saharaui Democrática, los saharauis se han especializado en el arte de resistir para defender la libertad y la dignidad, no solo la guerra, el encarcelamiento y la represión de Marruecos, sino también las adversidades del tiempo.

Beyun afirmó que seguirán luchando y resistiendo de acuerdo con el Derecho Internacional, al tiempo que agradeció el apoyo y acompañamiento internacional.

La referencia al Derecho Internacional no es una cuestión retórica: es la esencia y el fundamento de la lucha del último gran territorio pendiente de descolonización internacionalmente.

Nosotros llevamos más de 50 años en este desierto por decir que esta tierra es nuestra. No somos marroquíes y en ningún momento vamos a aceptar ser marroquíes

La guerra con Marruecos se reanudó en 2020 y, a principios de 2026, Estados Unidos sorprendió con unas negociaciones secretas entre Marruecos y el Frente Polisario. Los saharauis, acostumbrados a lidiar con instituciones internacionales que reconocen su derecho pero no hacen nada para aplicar una solución desde 1975, no confían en la bondad de un proceso liderado por el país que preside Donald Trump, quien en 2020 reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.

Fatra el Kori | Luis Mangrané

Fatra Elkori rechaza la propuesta de autonomía planteada por Estados Unidos. “No es la solución que queremos”, afirma. “Nosotros queremos la libertad”. Para ella, el Frente Polisario y el pueblo saharaui “son la misma cosa”.

Desde que la Corte Internacional de Justicia declaró en 1975 que el Sáhara Occidental no tiene vínculos de soberanía con Marruecos y exigió mediante la resolución 34/37 (1979) de la Asamblea General la retirada marroquí del territorio, las resoluciones de Naciones Unidas han ido perdiendo contundencia. Sin embargo, conforme al Derecho Internacional, el Sáhara sigue siendo un territorio no autónomo, ocupado militarmente por Marruecos y pendiente de descolonización.

De ese corpus jurídico se alimentan también las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que ha anulado distintos acuerdos comerciales entre la Unión Europea y Marruecos y que reconocen que el Sáhara Occidental es un territorio distinto de Marruecos.

Un ejercicio de resistencia

De ahí la importancia que los dirigentes del Frente Polisario otorgan al Derecho Internacional y principios esenciales como el derecho de autodeterminación de los pueblos como base para cualquier negociación de cara a la solución del conflicto. 

Habib Bulahe, director de la Escuela Nacional Simón Bolívar, ha dedicado su vida a la formación de múltiples generaciones de estudiantes. Al referirse a la identidad saharaui con voz sosegada, señala categóricamente: “Nosotros llevamos más de 50 años en este desierto por decir que esta tierra es nuestra. No somos marroquíes y en ningún momento vamos a aceptar ser marroquíes. ¿Nos podrán matar? Pero yo no puedo cambiar de la noche a la mañana y decir que soy marroquí. Es nuestra tierra. Además, todo está reflejado en la historia”.

La semana del XXVI Sahara Marathon, que este año tenía como lema “La libertad merece la distancia”, se prolongó un día más debido a las tormentas de arena que retrasaron los vuelos de regreso. Las clases y las celebraciones del 50 aniversario de la RASD se suspendieron por las adversas condiciones meteorológicas, y los visitantes apenas pudimos vislumbrar la dureza de un desierto en el que las saharauis siguen viviendo por culpa de Marruecos y de los países que lo apoyan, incluida España.