Economía

Lo barato para el fabricante sale caro para el usuario: lo que revela el cambio de material de una pieza clave del coche

Cadena de montaje en Shanghai.
Cadena de montaje en Shanghai. | Ole Spata / DPA / Europa Press

La estrategia de contención de costes en la industria del automóvil ha empezado a tener efectos visibles más allá de la fabricación. Cambios en el diseño y en la elección de materiales, imperceptibles en el momento de la compra, están repercutiendo en el mantenimiento de los vehículos, elevando el coste de las reparaciones y presionando el mercado de recambios, según la Red Operativa de Desguaces Españoles (RO-DES).

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Uno de los ejemplos más claros es el del cárter del aceite, una pieza esencial para el funcionamiento del motor. En numerosos modelos recientes, este componente ha pasado de fabricarse en metal a producirse en materiales plásticos, una decisión orientada a abaratar procesos y simplificar la producción.

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La sustitución del aluminio o el acero por plástico se ha extendido progresivamente en la industria de la automoción desde aproximadamente 2016. No responde a una mejora en la durabilidad, sino a una lógica de eficiencia industrial que asume una menor resistencia como contrapartida.

Este tipo de decisiones se enmarca en una tendencia más amplia: optimizar costes en fábrica aunque ello suponga trasladar parte del impacto económico a fases posteriores del ciclo de vida del vehículo. En la práctica, el ahorro en producción no se traduce en un mantenimiento más económico para el usuario.

Más fragilidad, más averías

El cárter, situado en la parte inferior del motor, está expuesto a golpes y condiciones exigentes. Frente a los materiales metálicos, el plástico es más vulnerable a impactos, cambios de temperatura y tensiones derivadas del uso cotidiano, lo que incrementa el riesgo de grietas, fisuras o roturas.

Cuando se produce una avería, la consecuencia inmediata suele ser una fuga de aceite. Este tipo de fallo exige una intervención rápida, ya que la pérdida de lubricación compromete directamente el funcionamiento del motor. La sustitución del cárter puede alcanzar varios cientos de euros y, si no se actúa a tiempo, el daño puede escalar hasta provocar una avería grave o el gripado del motor.

“Una pequeña fisura puede acabar generando una avería total si se sigue circulando sin aceite suficiente”, explica Pablo Núñez, propietario de Desguaces Pablo e Hijos, en San Martín de la Vega, Madrid. Los fallos en esta pieza suelen ir acompañados de señales claras: manchas de aceite bajo el vehículo, encendido del testigo de presión, aumento anómalo de la temperatura del motor, ruidos procedentes de la parte baja o la aparición de humo gris o azulado por el escape. Ignorar estos indicios implica seguir circulando sin una lubricación adecuada, lo que multiplica el riesgo de daños severos y eleva de forma significativa el coste final de la reparación.

Escasez en el desguace

El incremento del coste de las reparaciones ha impulsado la demanda de piezas de segunda mano. Los desguaces han registrado un aumento de consultas relacionadas con este tipo de componentes, especialmente cuando la sustitución no admite demora.

Sin embargo, en el caso de los cárteres de plástico, esta alternativa presenta limitaciones. La fragilidad del material dificulta encontrar unidades en buen estado y con garantías suficientes, y pueden existir microfisuras o desgastes previos no visibles a simple vista que comprometan su funcionamiento tras la instalación.

A ello se suma el crecimiento de operaciones en mercados no regulados, donde aumentan los riesgos para el comprador. “El precio atractivo puede esconder una pieza defectuosa o que no corresponde al vehículo”, advierte Esteban Alabajos, director de RO-DES.

Un efecto que se traslada al final del ciclo

Desde el sector del reciclaje, estos cambios se siguen con atención. Los Centros Autorizados de Tratamiento detectan tanto el aumento de la demanda como las dificultades reales para reutilizar determinadas piezas.

“Estamos viendo cómo determinadas decisiones de diseño trasladan el problema al final del ciclo de vida del vehículo”, señala Alabajos. Aunque el recambio usado sigue siendo una solución válida, insiste en que requiere controles, trazabilidad y verificación técnica, especialmente en componentes sensibles.

El caso del cárter ilustra una tendencia más amplia en el diseño del automóvil: la optimización de costes en origen está reconfigurando el equilibrio entre fabricación y mantenimiento, con efectos que ya se perciben en talleres y desguaces y que añaden presión a un mercado de segunda mano cada vez más exigido.

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