Un anuncio publicitario inundaba los andenes del metro de Nueva York el pasado noviembre. Have your best baby -ten tu mejor bebé- aclamaban las pancartas de la empresa norteamericana Nucleus Genomics. Especializada en reproducción asistida y fecundación 'in vitro', la start-up alardeaba de poder "elegir" características como la altura, el color de ojos o incluso el cociente intelectual de tu futuro hijo. "La altura es el 80% genética", "el cociente intelectual es 50% genética" se podía leer en los anuncios.
Estas imágenes, que parecen extraídas de un capítulo de Black Mirror contrastan radicalmente con la realidad científica y legal en España. Lluís Montoliu, experto en genética e investigador del CSIC, advierte que estamos ante un escenario plagado de riesgos técnicos y éticos. "La edición genética sigue estando asociada todavía a incertidumbres". Según explica, en experimentos con ratones la tasa de éxito apenas alcanza el 5%, una cifra que califica como "absolutamente indefendible en el caso de los humanos".
Más allá de la posibilidad científica se plantea el dilema ético, la necesidad de editar genéticamente un embrión no tiene justificación médica. España, líder en reproducción asistida, cuenta con el Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP), un método que permite seleccionar embriones sanos en parejas portadoras de alguna enfermedad congénita. "No se aplica ninguna modificación genética. Lo único que se ha hecho es una selección de embriones" señala Montoliu, que recalca que la edición se podría llegar a plantear en casos "rarísimos" dónde ambos progenitores fueran portadores y padecieran de una enfermedad que se transmitiría al embrión.
El marco legal refuerza esta postura precavida. España, al ser firmante del Convenio de Oviedo, prohíbe explícitamente estas técnicas, reguladas también por el Código Penal. Esta normativa europea contrasta con la situación en Estados Unidos, donde al no haber firmado dicho convenio, existen iniciativas privadas -como la de Nucleus- que avanzan en la edición genética, pudiendo incluso "elegir" aspectos físicos en embriones. Montoliu es tajante sobre la posibilidad de realizar estos experimentos en nuestro país, "si yo hiciera estos experimentos, me tendrías que llamar a Soto del Real".
Entra también en el dilema ético la posibilidad de usar la genética para la "potenciación" o mejora de rasgos físicos e intelectuales, lo que técnicamente se conoce como eugenesia. Montoliu critica la idea de diseñar bebés con ojos azules o cocientes intelectuales elevados "la ciencia la entiendo para normalizar la situación de los enfermos... no para que las personas sanas tengan características especiales. Esto me parece no solamente una barbaridad, sino una obscenidad". Para él, es un despropósito destinar recursos a estos fines mientras miles de enfermedades genéticas siguen sin tener cura.
Donde la modificación genética sí está mostrando un camino prometedor, aunque complejo, es en la búsqueda de soluciones para la escasez de órganos. España, destaca mundialmente por su sistema de trasplantes a través de la ONT, pero la ciencia experimental explora ahora los xenotrasplantes. Tratamientos que consisten en utilizar órganos de animales -como el cerdo-, que tras ser sometidos a alteraciones genéticas pueden llegar a ser compatibles con el ser humano durante un periodo limitado de tiempo.
Montoliu detalla que estos cerdos cuentan con hasta diez modificaciones genéticas cruciales "se han inactivado cuatro genes propios del animal y se han añadido seis genes humanos". El objetivo de esta técnica es "engañar" al sistema inmunológico del receptor para evitar un rechazo inmediato del órgano procedente del animal. Actualmente, este procedimiento, que ya se ha probado en alguna ocasión, se considera una alternativa viable para pacientes en lista de espera que corren el riesgo de fallecer. El objetivo no es que los receptores mantengan el órgano del animal toda la vida si no que "se trata de ganarle tiempo al tiempo", mientras aparece un trasplante adecuado, aclara Montoliu.
Algo aún más experimental y que roza casi la "ciencia ficción" son los híbridos interespecíficos, un método por el que se podría generar un órgano humano dentro de un animal para posteriormente usarlo como trasplante. En teoría, el resultado sería un animal que desarrolla un órgano compuesto mayoritariamente por células humanas. "Tendrías un cerdito con un riñón humano", explica Montoliu, lo que permitiría, en un escenario similar a la película La Isla tener un animal para cada paciente que necesite un trasplante. Lo que permitiría disponer de órganos "personalizados" de forma casi ilimitada. Aunque al igual que la película, Montoliu recuerda que la realidad aún está muy lejos de la ficción y advierte que aún así existiría la posibilidad de rechazo por parte del receptor, puesto que ese órgano contendría tipos celulares animales.
La edición genética y la creación de órganos interespecíficos es todavía un relato más similar al guion de una película que a la realidad. Las leyes españolas no contemplan una revisión cercana hasta que al menos se alcance un 70 u 80 por ciento de viabilidad en los procesos experimentales. Hasta entonces las prioridades deben mantenerse en "una ciencia ética que no aumente la desigualdad entre humanos" dejando los bebés altos y de ojos azules a los anuncios del metro de Nueva York.
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