Se podría definir la actitud del PNV a la hora de hacer política con una metáfora: la del canario en la mina. La de quien percibe antes que nadie el escenario que está por llegar. En su caso, los vascos quieren salir lo más indemne posible y no verse arrastrados por la situación que asedia al PSOE. Más allá del bloqueo político, en la cuerda floja por el arrinconamiento de las investigaciones judiciales y las crecientes dudas sobre la integridad sobre la que se constituyó este nuevo mandato. De ahí el cuestionamiento de la viabilidad de la legislatura.

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La imputación al expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, por parte de la Audiencia Nacional por posible tráfico de influencias, blanqueo de capitales y organización criminal entre las causas que investigan el rescate de Plus Ultra y, por otro lado, un entramado internacional de blanqueo, y los últimos registros de la UCO en Ferraz a raíz del 'caso Leire'. Se intuye una red de presión a fiscales, jueces, mandos policiales y periodistas que investigaban asuntos que podrían perjudicar al PSOE o los intentos de injerencia en la SEPI.

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El PNV ya venía siendo crítico con el Gobierno a finales de este primer trimestre, pero sin romper. Se cuestionó la insistencia en una "legislatura a base de decreto-ley". En enero con las pensiones, llegando a hablar de "trilerismo político", por llevar el asunto en un decreto ómnibus condenado a la derrota para confrontar con la derecha y tener que individualizarlo posteriormente. Y en abril, con el intento de decreto para la prórroga de alquileres en la que sigue insistiendo Sumar tras su fracaso. Los jeltzale se abstuvieron. Esa crítica de las formas dejaba caer un mensaje que ya es amplio: los vascos creen que la legislatura debe llegar a su fin, que no hay capacidad de avanzar o legislar asuntos con mayoría parlamentaria en el Congreso.

Continuar sin conseguir políticas para Euskadi va contra su posición utilitarista. Frente a ese criterio, el PNV se encuentra atrapado y Sánchez es más que consciente: sin un motivo de peso, como una aún inexistente financiación irregular, cualquier ruptura que de alas a la derecha puede perjudicar a los de Sabin Etxea. Desvincularse del PSOE supone dejar de conseguir concesiones para la autonomía, mayor autogobierno. Pero continuar sin desmarcarse hasta el peor de los momentos, con la presión de otros grupos de fondo, puede motivar el absentismo y una fuga de votantes críticos con la corrupción. En ese dilema se encuentra el PNV.

En estos momentos hay un juego de relatos. El PNV usa sus cartas, y por ahora ha habido dos pronunciamientos claros del presidente del PNV, Aitor Esteban para intentar reducir el impacto de seguir vinculado indirectamente a Sánchez frente a su deseo de agotar la legislatura. Para evitar pequeñas grietas al PP, de aquellos votantes menos nacionalistas que prioricen la estabilidad económica. Por otro, que se amplifique la desmovilización y los indecisos, o que el votante más independentista encuentre en EH Bildu una alternativa, pese no a ser tan común.

En el horizonte están las municipales de 2027, y las elecciones a las Juntas Generales. No para de mirarse de reojo a los abertzales, pese a competir en un bloque completamente opuesto. El primer puesto en Euskadi pende de un hilo. El voto está segmentado: entre el liderazgo del PNV en Vizcaya y de EH Bildu en Guipúzcoa. La continuidad de apoyo a Sánchez no genera tanta contradicción a EH Bildu como sí al PNV.

Frente a la posibilidad de fugas a la derecha, al soberanismo o mayoritariamente a la desmovilización, en el PNV ven poco probable grietas profundas. En el caso de EH Bildu, esa propia continuidad junto a Sánchez no motiva un salto del PNV a la marca de Arnaldo Otegi. Ellos, de hecho, se limitan a pedir que se "investigue" siempre con la línea roja de la financiación irregular ya fijada. Sí preocupa que se reduzca la participación y que en un crecimiento progresivo de EH Bildu, se acabe dando un sorpasso definitivo primero en 2027 y después en 2028 en las autonómicas.

La ligera ventaja del PNV respecto a EH Bildu en las elecciones: 2,74 puntos en autonómicas; 2,4 puntos en las municipales

Solo hay que ver el resultado de las elecciones vascas de 2024, con un empate a 27 escaños con el PNV primero, a 2,74 puntos. También las encuestas más recientes, ambas de abril. El Sociómetro Vasco sitúa al PNV a 28 escaños, mantiene a los abertzales y aumenta esa distancia a 3,1 puntos. Sigma Dos para El Mundo, en su caso, ve un muy ligero ascenso de PSE-EE y del PP que podría perjudicar a Bildu, en una horquilla de 25-27 y el 32,1%. Bajo esta estimación, el PNV se haría con 27-28 representantes y el 34,7%, con mínimo desgaste respecto al ciclo anterior.

En todo caso, la distancia en municipales entre ambas fuerzas es mucho menor si se observan los resultados de 2023: 31,6% para los de Esteban, 29,2% para los de Otegi. En ambos sondeos, además, los líderes mejor valorados son Imanol Pradales y Pello Otxandiano. Solo los dos aprueban. En el Sociómetro Vasco, Otxandiano está muy bien valorado entre el 43% de los votantes del PNV. A Pradales le aprueba el 69% de los votantes de EH Bildu.

El reto de Esteban, mantener a las bases selladas

Ese distanciamiento respecto al Gobierno, respecto a Sánchez, de demanda de un adelanto de generales, busca sellar ese voto moderado que capitaliza el PNV, nacionalista pero no tan pasional y más pragmático, institucional. Posicionado en el centro de la dicotomía izquierda-derecha. Sobre todo, con la intención de mostrarse como receptor de un posible voto socialista crítico y descontento con las investigaciones que se van conociendo y los presuntos casos de corrupción; aquel que en Euskadi no iría al PP como sí ha pasado en España con unas cifras de transferencia a las arcas de Feijóo que ya oscilan los 700.000 votos.

La necesidad de bascular provoca que Esteban no pueda romper directamente con Sánchez y deje solo a él la capacidad de forzar urnas si ningún otro socio falla. En las mismas está Junts. Por un lado, hay una sensación entre los votantes jeltzales de ciclo agotado, de deterioro hasta cierto punto comparativo con los momentos previos de la caída del PP de Mariano Rajoy. Pero al mismo tiempo, el periodo de asociación con Sánchez ha abierto la puerta a una especie de convivencia plurinacional en la que el PNV está cómodo, lo que, paradójicamente genera preocupación por que se produzca un cambio de ciclo. Más cuando, por otro lado, la entrada de los populares, con quien hay notables coincidencias en economía, supone llevar de compañero de viaje a Vox, una línea roja para los de Esteban desde el primer momento que Feijóo planteó un acercamiento para restablecer relaciones en 2022.

Las relaciones con Feijóo y su partido -especialmente con rivales parlamentarios como el ahora secretario general del PP, Miguel Tellado- han sido muy complicadas, lo que añade momentos de erosión aún sin sanar que alejan más al PNV de cualquier colaboración ligada a Génova. Ha habido intentos de tender puentes, pero la presión de nuevo contra el PNV vuelve a tensionar.

Los presidentes del PP, Alberto Núñez Feijóo (i), y del PNV, Aitor Esteban, en un desayuno informativo de Nueva Economía Fórum en Bilbao
Los presidentes del PP, Alberto Núñez Feijóo (i), y del PNV, Aitor Esteban, en un desayuno informativo de Nueva Economía Fórum en Bilbao | Europa Press

Apoyar directamente una moción de censura del PP junto a socios como Santiago Abascal, se entendería como una apuesta directa por el vuelco y eso sí podría agitar el voto nacionalista más radical hacia Bildu como contrapeso. No necesariamente desde el PNV, pero sí desde ciertos sectores sociales vascos. De ahí el equilibrio de discurso mantenido por Esteban y los suyos: elecciones, que las urnas hablen, pero sin acción directa junto al PP. Y eso deja un flotador en manos de Sánchez, que puede ver como la beligerancia aumenta entre las filas peneuvistas sin que eso acaba precipitando un acercamiento a Feijóo.

El PSOE no teme la actitud del PNV, creen que necesita fijar posiciones frente a los suyos

Un control de tiempos en definitiva. Fuentes socialistas admiten que Esteban está en un proceso de blindar su espacio que requiere esa actitud, pero confían en la continuidad hasta final de mandato. Saben que el PNV conoce que la alternativa "es peor" Desde el Gobierno se respeta la postura de Esteban, pero se mantienen en las mismas.

No hay tanto temor a Bildu como a un descrédito de la marca vasca. Sondeos como el de Sigma Dos demuestran que las transferencias en Euskadi son menores al 2% de Bildu al PNV, y del 4,9% en el caso contrario. Menos de 19.000 votos del más de 1,07 millones de personas que participaron en las últimas elecciones y de los más de 370.000 votantes del PNV. Si se atiende a ese sondeo, sí se expone cuántos votos están en juego para el PNV si no marca esas diferencias. El 7,4% de los votantes del PSOE se plantearían votar al PNV, más de 11.000 personas, y la marca 'rescataría' de la abstención a un 6,6% de los abstencionistas: son 42.000 votos extra que una postura poco clara podría poner en riesgo. También refleja el estudio que ahora un 13,6% se muestra indeciso sobre si volver a votar al PNV y en torno al 2% podría irse al PP. Se busca sellar posibles fugas en Bilbao.

En esa pugna por retener voto, y frente al escenario político español, el PNV se encuentra en una pantalla donde se juega su reputación y una de sus señas de identidad: que la apuesta electoral por sus siglas es sinónimo de estabilidad institucional, de seriedad y de responsabilidad. Si renuncia a pedir esas elecciones como método de desbloqueo, sin apelar a nada más que las urnas -pese a que de fondo las encuestas dan a la derecha la absoluta sin necesidad de pactos-, evita poner del todo en riesgo su coherencia. Es complicado reproches del electorado si se justifica asumiendo que esa ausencia de mayorías impide conseguir ventajas legislativas para Euskadi. Por otro lado, el liderazgo de Esteban necesita afianzarse entre las corrientes de la formación, tras más de doce años de dirección de Andoni Ortuzar. Y esa apuesta moderada es clave.

De forma secundaria pesa la posibilidad de perder el Gobierno vasco, que comparte en coalición con el PSE-EE. Hay posibilidad de suma con EH Bildu por parte de los socialistas, aunque esa posibilidad ya la descartó en 2024 el secretario general del PSE-EE, Eneko Andueza. Eso es un ligero colchón para el PNV. El terrorismo de ETA -en parte contra cargos del partido- aún está muy presente para una gran parte de las bases del partido, y esa losa está muy presente pese a la institucionalización política de la corriente soberanista vasca. Los socialistas, consideran algunas capas del PNV, tercer partido regional y en medio de una crisis de poder territorial, difícilmente estarían en disposición de perder control en otro enclave e influencia.

'Superdomingo' electoral, una de las preocupaciones del PNV

Al igual que hay preocupación en entornos socialistas, como en la federación de Castilla-La Mancha, a que un 'superdomingo' electoral lastre las siglas territoriales por la reducción del choque PSOE-PP, en sectores del PNV hay temor por que ese debate dicotómico entre alternativa o continuidad perjudique sus posibilidades en las municipales y las Juntas Generales. Siempre en el eje económico o práctico y no en el nacionalista. Bildu ahí, por ejemplo, se seguiría nutriendo del voto de las izquierdas estatales en descomposición y algo de las capas más izquierdistas socialistas o de los descontentos con el sistema.

De darse esos comicios con unas generales, existe el riesgo de que se produzca un 'factor arrastre'. Es decir, que el tener que ejercer un voto estatal reducido a 'Sánchez o gobierno con presencia de Vox', lleva votantes del PNV a apostar por la papeleta socialista y que eso a la vez repercuta en las otras dos votaciones. Que haya una apuesta clara solo en una dirección. Sobre todo en zonas como Vitoria y Álava. Ese problema no lo tendría Bildu, con un electorado más radicalizado y sin competencia de espacio por la poca influencia ya de Podemos y de su relevo, Sumar. Su continuidad junto al Gobierno estatal sin que se traspase la línea de la financiación irregular deja margen a EH Bildu: su votante no quiere dejar oxígeno a la derecha de ninguna forma.

La apuesta discursiva del PNV, en definitiva, no provocará el cambio político mientras Sánchez no lo vea conveniente, pero anticipa un cambio de ciclo que según las encuestas al menos por ahora parece inevitable. Todo se fía a la propia decisión de Sánchez.