En Sabin Etxea están incómodos y cansados del último tramo del ‘viaje’ como socios. El optimismo con el que lo iniciaron hace ochos años se ha convertido ahora en una extraña sensación de estar atrapados entre dos pozos: el de los escándalos del PSOE y el de ver cómo única alternativa apoyar una alianza PP-Vox, la ‘línea roja’ que el PNV se ha marcado como infranqueable. Por eso las palabras del presidente del PNV, Aitor Esteban, el pasado domingo en Durango, cuando instó a Sánchez a no prolongar la legislatura más allá de este año, suenan más a desahogo y cierto ‘postureo’ ante sus votantes más incrédulos que a una amenaza cierta que haga tambalearse al Ejecutivo. No al menos por ahora. Tanto es así, que el Gobierno reiteró horas después su pretensión de agotar la legislatura (julio de 2027).
Hace tiempo que en Moncloa saben que, pese a su incomodidad, los nacionalistas no romperán, jamás apoyarán una moción de censura que conlleve subirse al mismo ‘barco’ que el PP y Vox. En el PNV la esperanza está puesta en que sea el propio Pedro Sánchez quien resuelva el entuerto, quien dé el paso de convocar elecciones. Sería la vía que le ahorraría el maltrago de justificar por qué no apoyan una moción de censura. incluso una 'instrumental' para convocar elecciones, y por qué en plena acumulación de escándalos siguen respaldando al Gobierno.
El 'espejo' de la moción de censura de 2018
Esta semana se cumplen ocho años desde que el PNV apoyó la moción de censura contra Mariano Rajoy. En aquella ocasión, su voto fue clave para tumbar al gobierno del PP, al que apenas horas antes habían apoyado su último presupuesto, y aupar a Sánchez a Moncloa. Desde entonces, los jeltzales han sido el socio fiel del Gobierno. Entonces el PNV justificó su posición asegurando que las sospechas de corrupción se vieron confirmadas por sentencias y la del ‘caso Gürtel’ se convirtió en el argumento para derrocar a Rajoy.
En los dos años transcurridos desde el inicio del ‘caso mascarillas’, que ha salpicado a José Luis Ábalos y Koldo García, el PNV ha ido modulando su posición, pero siempre lejos de la ruptura. Dos años en los que los hasta nueve procesos que han salpicado al Ejecutivo y al PSOE, como el domingo recordó Esteban, han ido enfriando el apoyo pero sin abrir la puerta a un cambio de ciclo radical. La última intervención de Esteban el domingo tampoco lo hizo. Ante sus bases, el presidente del PNV se limitó de nuevo a escenificar la incomodidad y el malestar ante lo que está sucediendo en torno al Gobierno que ellos han venido apoyando: “Estaremos muy atentos”, dijo. Pero hasta ahí.
Hace apenas un año y dos meses que Esteban preside el partido. Lo hace con un apoyo débil después de alcanzar el liderazgo en una carrera electoral en la que disputó la presidencia a Andoni Ortuzar. Consolidar su posición interna no está siendo sencillo, menos aún justificar la posición del partido como 'muleta' de Sánchez. El PNV arrastra un desgaste importante entre su electorado, que en las dos últimas citas electorales se lo mostró con un alto grado de abstención. La formación ha perdido cerca de 100.000 votos en los últimos dos comicios.
Un juego de equilibrios y desgastes
Por ello, el partido se esfuerza desde hace meses en defender una posición que le obliga a hacer equilibrios entre quienes comparten aguantar hasta el final para no tener que subirse el tren de la alternativa que marcan PP y Vox y quienes, de modo más minoritario, consideran que precipitar el cambio no sería tan terrible. Le recuerdan que quizá el desgaste que se está acumulando sea perjudicial y determinante en la pugna cada vez más reñida que se libra con EH Bildu en Euskadi.
En ese juego, desde que comenzaron a saltar los escándalos, el PNV comenzó apelando a la prudencia institucional y al respeto a las investigaciones judiciales. Llegó a mostrar “perplejidad” ante actitudes de Sánchez en casos como el que implica a su mujer y tras el cual se encerró en cinco días de ‘reflexión’.
En todo este tiempo no ha faltado presión externa para que dé un paso en favor de un cambio de Gobierno. Tras el caso ‘Plus Ultra’ que salpica a Zapatero, la situación se ha agravado. Tanto desde el PP como Vox, han pedido al PNV algo más que palabras y le han reclamado la misma contundencia que empleó en 2018 para apoyar la moción de censura. El PNV no se ha salido de su prudencia calculada, con contadas manifestaciones altisonantes y amenazas. Ha venido rechazando convertirse en una herramienta de desgaste. La apelación a la necesidad de esperar a sentencias o al paso de los indicios a las pruebas ha sido una de sus estrategias para ir sorteando la aparición de los distintos escándalos.
La prioridad de la agenda vasca y el Estatuto
La frialdad sí ha ido en aumento en todos estos meses, así como el apoyo parlamentario. El PNV ha insistido en que hace tiempo que el compromiso como aliado del Gobierno se reduce solo a las cuestiones que afectan y benefician directamente al Gobierno vasco y a Euskadi. Ha sido el propio lehendakari Imanol Pradales quien la semana pasada pidió a Sánchez que no se ‘despistara’ con los escándalos que le rodean y cumpliera con sus compromisos.
Sin duda, el cumplimiento del Estatuto de Gernika es la última batalla que une y por la que lucha el PNV. El desarrollo íntegro del estatuto vasco de 1979 ha sido la promesa siempre incumplida desde que Sánchez es presidente. Los sucesivos cronogramas de cumplimiento se han ido incumpliendo. Para dentro de unas semanas los dos gobiernos se deberían reunir para acordar el traspaso del régimen económico de la Seguridad Social, pero actualmente el Ejecutivo de Pradales ve pocos avances. Menos aún en otra de las promesas acordadas para investir a Sánchez: avanzar en un nuevo estatuto vasco que sustituya al de Gernika.
Tensiones bilaterales y estabilidad en Euskadi
Y todo en un clima de relación entre el PNV y el PSOE que es incómodo en Madrid y tenso en Euskadi. Las cada vez mayores discrepancias entre los dos partidos en aspectos como la negociación del nuevo estatuto o el euskera en la función pública han aflorado algunos de los episodios de mayor confrontación de los últimos años. El ‘tuit’ publicado por los socialistas vascos en el que se veía a Esteban arrojándose a una piscina tras asegurar que la negociación avanzaba por buen camino ha dejado en el ambiente una mala sintonía entre ambos partidos.
Por el momento, las alianzas y gobiernos de coalición que les unen a ambos en el Ejecutivo vasco, en las diputaciones y en los principales ayuntamientos han permitido que tampoco en Euskadi la ruptura asome.
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