No solo fue un pleno monográfico de corrupción, otro más, en el Congreso. No solo fue una sesión en la que Pedro Sánchez, su Gobierno y su partido se sintieron más solos por la admonición severa y contundente de sus socios de investidura. También el presidente puso distancias. Muchas. De manera ostensible. Más que nunca. Él también respondió con sorprendente dureza a sus aliados parlamentarios, dejó ver su enojo con ellos. Con ERC, con un Junts al que hasta ahora había tratado entre algodones no se fuera a indisponer Carles Puigdemont, con Podemos, hasta, quizá en un grado menos, con el PNV. Los puentes con quienes han sostenido su coalición en esta legislatura de ruido y furia empezaron a crujir. En los dos sentidos. Prueba, también, como admitían en el Ejecutivo y en Ferraz, de que todos, y no solo los grupos, y no solo el bloque de la derecha de PP y Vox, tienen la vista puesta en las próximas generales. Sean cuando sean. El tiempo de descuento arranca ya. "Lecciones ya de nadie", señalaban en el círculo del líder. El PSOE va a ir despegándose, a la búsqueda de un camino propio que pueda ofrecer a los ciudadanos cuando lleguen las urnas. Que llegarán, como máximo, dentro de un año.
Sánchez, según su círculo, salió "satisfecho" del hemiciclo este miércoles, de la última gran sesión de control al Ejecutivo antes del verano. Logró lo que buscaba, esgrimen. Primero, ir a la ofensiva, rearmar las propias filas y discernir entre los casos de corrupción. Los que afectan a José Luis Ábalos —ya condenado a 24 años y tres meses de prisión en una primera causa—, Santos Cerdán y Leire Díez, prácticas que "jamás" conoció y que nunca habría tolerado. En un escalón aparte, la investigación a José Luis Rodríguez Zapatero, aún muy indiciaria y de la que es pronto para sacar "conclusiones", más allá de que no hubo "trato de favor" del Gobierno a la aerolínea Plus Ultra. El tercer nivel lo ocupan las causas contra su mujer, Begoña Gómez —las cautelares ordenadas por el juez Juan Carlos Peinado "sobrepasan todos los límites de lo razonable"—, y contra su hermano, David Sánchez, cimentadas a partir de "acusaciones infundadas y un patrón de acoso y derribo".
No hubo anuncios de medidas nuevas, no hubo más petición de disculpas, ni datos nuevos, ni explicaciones de por qué fichó a Ábalos (y lo dejó caer) o cómo pudo infiltrarse la red de Leire Díez
Tal y como se preveía, no hubo anuncios de medidas nuevas porque el paquete anticorrupción que avanzó hace justo año, tras la traumática caída de Cerdán, se tradujo en la ley de integridad pública que, por ahora, solo está en fase de anteproyecto, aunque calcula que podrá llegar al Congreso antes del verano. No hubo más petición de disculpas, ni datos nuevos, ni explicaciones de por qué fichó (y dejó caer) a Ábalos, por qué también se equivocó con su sucesor en Organización, con Cerdán, cómo pudo infiltrarse la presunta red de Leire Díez. Solo hiló ese relato de esos casos que esgrime que no son comparables a la "corrupción sistémica" del PP y que los socialistas han borrado. Para mí la pregunta no es si debemos continuar. La pregunta es cómo no vamos a continuar".
Esa era, en realidad, la discusión que sustentó todo el pleno. Si tiene sentido que la legislatura arribe a su final o no. La respuesta que le dio el Congreso fue diáfana: el Gobierno no cuenta con mayoría, pero tampoco la tiene Alberto Núñez Feijóo para sacar adelante una moción de censura. El mensaje de Sánchez a sus socios es que el líder del PP no encarna "el fin de la corrupción", porque nunca la ha combatido en el tiempo que lleva ocupando puestos de responsabilidad en su partido —y de ahí colgó su reproche por su inacción frente a Isabel Díaz Ayuso, cuyo novio se está "haciendo millonario a costa de la salud de los ciudadanos"—. Feijóo es "el regreso a la corrupción", sentenció. Se ha "beneficiado" de ella y su partido está "carcomido" por ella. "Señor Feijóo, usted es el pasado y el presente de la corrupción y por eso no puede ser el futuro de este país", le espetó, después de haber repasado con profusión los escándalos que afectan al PP.
La pregunta que sustentó el debate, la que dirigió a los socios, es "¿cómo no vamos a continuar?". Recordó el rosario de casos de corrupción del PP y glosó las bondades de gestión de su Ejecutivo
Ya no solo es que el PP (con la muleta de Vox) no pueda limpiar con la corrupción, justificó a los socios, es que tampoco desplegaría las políticas que pueden resolver los problemas que aquejan al país, como la falta de vivienda o el fortalecimiento de la sanidad pública. Por eso, les dijo, merece la pena que el Ejecutivo siga.
"Menos caritas y no me cuente milongas"
Pero no convenció a sus socios. Todos le fustigaron sin piedad, salvo su compañero de coalición, Sumar. Gabriel Rufián, portavoz de ERC —y que también hizo méritos para ser el jefe de una izquierda alternativa ahora ayuna de líderes y referentes—, aparcó su cara más amable. El dirigente independentista encadenó frases como puñales: "Le doy la enhorabuena por haber dado explicaciones e información sobre la corrupción, la del PP, pero ¿y la de los suyos?"; "¿usted sabía lo de Ábalos? ¿Tiene usted pecado? ¿Han robado? Menos caritas y no me cuente milongas"; "le pido que me mire a los ojos. ¿Usted sabía algo? Más sencillo, más simple: ustedes han robado". Rufián recordó que negoció con Ábalos en 2019 el apoyo de ERC a su investidura que la palabra del entonces secretario de Organización socialista"era la palabra de Dios, y Dios era Pedro Sánchez". Es decir, que no se podía pasar de puntillas por sus 24 años de prisión.
Resistir está bien", pero no es suficiente, le advierte Rufián. "Llenemos de contenido la legislatura, porque la pregunta es que si solo queda resistir, ¿qué quedará del PSOE cuando todo esto acabe?"
Pero en lo que el portavoz republicano más le insistió es en que no basta con ir al y tú más: "Resistir está bien, hay muchísima gente que subsiste gracias a este Gobierno", pero no es suficiente con limitarse a decir que se es "lo menos malo entre lo malo y no hacer absolutamente nada más". "Llenemos de contenido la legislatura, porque la pregunta que le hago es si solo queda resistir, ¿qué quedará del PSOE cuando todo esto acabe? Gente muy chunga", le lanzó.
Aquello revolvió a Sánchez. Como también lo hicieron las palabras de la portavoz de Junts, Míriam Nogueras. Los posconvergentes volvieron a hacer gala de su capacidad para sacar titulares y pusieron sobre la mesa la vía Starmer. Es decir, que el presidente haga como el primer ministro británico, Keir Starmer, y dimita y dé paso a otro candidato a la investidura, porque él está "tocado y hundido".
Junts pone sobre la mesa la 'vía Starmer'. Es decir, que dimita y dé paso a otro candidato. "Nada su último largo, si es que no le vacían antes la piscina", dice el PNV. Podemos le reclama elecciones
Al lado de discursos tan duros, la intervención de Maribel Vaquero, del PNV, sonaba más conciliadora, pero el fondo era compartido: poner tierra de por medio. Los nacionalistas "no están en ninguna operación contra nadie", ni para "salvar" al Gobierno ni para cambiarlo, porque solo actúan "en función de los intereses" de Euskadi. "Está nadando su último largo, si es que no le vacían antes la piscina", le avisó. Algo similar le dijo Ione Belarra, líder de Podemos: "Sabe perfectamente que su ciclo ha terminado". Lo que quieren los morados son elecciones: "Ningún demócrata debería tener miedo a que la gente tome la palabra en un momento de crisis como este, en el que este Gobierno no aporta ya nada más que decepción tras decepción cada minuto que pasa".
Los únicos apoyos más firmes que encontró Sánchez fueron los de EH Bildu que, como el BNG, rechazan ponerle "alfombra a la ultraderecha". Ni siquiera concedió tregua Àgueda Micó, de Compromís: "No hay que continuar, señor presidente, hay que reaccionar. Aunque quizás y lamentablemente ya sea demasiado tarde".
Sacando colmillo
Sánchez, en su turno de réplica, dejó a un lado la condescendencia con sus socios. Se hartó, pasó a un tono desabrido y que algunos portavoces en la izquierda encontraron "faltón". Fue especialmente hiriente con Rufián. "Cuando dice que así no merece la pena seguir, ¿en nombre de quién habla? ¿De usted o de sus votantes?". Tiraba con bala, porque el portavoz republicano podría migrar de su casa, ERC —y el 70% de sus electores quiere agotar la legislatura—, para liderar una candidatura de la izquierda del PSOE. Hizo notar que le reventaba que hubiera hablado desde una atalaya: las fuerzas de izquierdas no pueden ser, "desgraciadamente", perfectas. "Si usted lo es, señor Rufián, pues enhorabuena, pero la humanidad y nosotros no somos perfectos, ni tampoco somos infalibles. Lo siento, discúlpeme, no somos infalibles. No es mi organización infalible, tampoco es Esquerra Republicana infalible".
Gobernar no es resistir, pero no es desistir, rendirse. Yo no me voy a rendir para poder envolverme en un halo de supuesta superioridad moral", le lanza a Rufián, para agregarle que no se gobierna desde X
Y otro palo más: "Gobernar no es resistir, pero tampoco es desistir, ni rendirse. Yo desde luego no me voy a rendir para poder envolverme en un halo de supuesta superioridad moral. Aquí estamos para pelear por lo que es justo, para mejorar la vida de la gente, para asumir los errores que hemos cometido, actuar en consecuencia, y eso no se hace desde la oposición, señor Rufián, ni tampoco desde Twitter [hoy X]". El presidente no se dejó latigazos en la reserva. Sus palabras sonaron inéditas.
Más aún las que dirigió a Junts, una formación que los socialistas se han preocupado de mimar durante todo el mandato pese a sus continuos desaires, pese a la ruptura que Puigdemont decretó el pasado octubre. "No se anden con vericuetos. Si quieren una moción de censura, háganlo, pero no se busquen subterfugios y planteen una alternativa con PP y Vox", retó a Nogueras, a la que también afeó que presuma de haber apoyado al Gobierno.
No se anden con vericuetos. Si quieren una moción de censura, háganlo, pero no se busquen subterfugios y planteen una alternativa con PP y Vox", le espeta a la portavoz de Junts
Con Vaquero, el presidente se anduvo con más tiento, aunque se permitió recordar al PNV que habría que preguntar al PSE —su socio de coalición en Euskadi— si está también satisfecho con el grado de cumplimiento de los acuerdos. A Belarra la despachó con una frase: "Dice que soy el del rearme militar, que de mentira apoyo a los palestinos porque lo que hago es estar con Israel y con Trump. Mire, para usted la perra gorda, qué quiere que le diga". Y fin. Nada más para los morados. Entre tanto fuego cruzado, se olvidó en la primera réplica de contestar a Bildu, precisamente porque eran ellos los únicos que le dieron algo de oxígeno.
Elecciones sin fecha para 2027
Sánchez sorprendió hasta a su bancada. Nunca hasta este miércoles, en sede parlamentaria, había zaherido de esta forma a sus socios. Y la explicación la daban miembros de su equipo en el Gobierno y en el partido. "Yo la achaco claramente a que se aproxima la cita electoral", señalaba una ministra. Es decir, que el presidente también quiere marcar distancias porque, sean antes o después, las generales quedan ya más cerca. Él mismo, la semana pasada, desde Bruselas, no descartó que pueda convocarlas a primeros de 2027, antes de las municipales y autonómicas de mayo. Una novedad, porque hasta entonces oficialmente solo había citado la posibilidad de julio y había desechado la posibilidad de un superdomingo, la opción que más aterraba al PNV y que tampoco gustaba en casa, a los alcaldes socialistas.
En el Ejecutivo achacan los gestos del presidente a la proximidad de la cita electoral, sea cuando sea, pero antes de un año. "Ante el acoso generalizado, hemos dicho que ya está bien", alega una dirigente
"Pedro ha subido el tono contra los socios y no veas cómo nos lo han agradecido los nuestros. Tengo el móvil con mensajes y mensajes de gente aliviada —relataba una integrante de la cúpula federal del partido—. Ante el acoso generalizado, hemos dicho que ya está bien". Es decir, que el presidente se planta, que no va a "plegarse" a todo lo que exijan los aliados, y en especial Junts, el partido que más obstáculos ha puesto a lo largo de toda la legislatura.
"Es que estamos hartos. De las lecciones de todos. De las advertencias. Ocho años poniendo a este país en los mejores indicadores y mejorando la vida de la gente. Siendo contundentes con nuestras manzanas podridas. Pero lecciones ya de nadie", apuntan en el corazón de Ferraz, donde reconocen que obviamente la cercanía electoral pesa. Para todos. Y que igual que los grupos que han sustentado a la coalición buscan desmarcarse, los socialistas también. "Es que no somos lo mismo", rematan.
Estamos hartos. De las lecciones de todos. De las advertencias. Ocho años poniendo a este país en los mejores indicadores y mejorando la vida de la gente. Siendo contundentes con nuestras manzanas podridas. Lecciones ya de nadie", razonan en Ferraz
En la Moncloa, fuentes oficiales negaban este miércoles que hubieran encontrado "duros" a los socios, porque además todos los fueron mucho menos que PP y Vox. "Y el presidente no pretendía ser duro. No dejaba de ser un debate muy condicionado a partir de lo que decían los demás y él contestó a lo que se dijo", explicaban. En el núcleo duro del presidente llevaban semanas aduciendo que los socios progresivamente irían buscando su espacio, separándose progresivamente del Ejecutivo. Lo que aportó este pleno fue que también lo hizo Sánchez. "En realidad, el modo electoral se encendió el día en que anunció que presentaría los Presupuestos de 2027", convenía otro alto cargo del Gobierno.
Y es que esa es la carta que va a intentar jugar el jefe del Ejecutivo. Lo adelantó a principios de mes en Barcelona, el próximo lunes el Consejo de Ministros aprobará el cuadro macroeconómico y a lo largo de julio la senda de estabilidad, a fin de llevar el proyecto de ley a la Cámara baja a lo largo del otoño. Él mismo admitía la semana pasada que podría precipitarse el fin de la legislatura y la convocatoria de elecciones si las cuentas, como parece ya casi seguro, decaían. Pero esos PGE servirán, en todo caso, como carta de presentación del programa electoral socialista.
Lo que ya parece obvio es que tejer consensos va a ser mucho más complicado a partir de ahora, como reconoció el propio Sánchez al PNV. El Congreso marcaba este miércoles un punto de inflexión en una legislatura infernal, dibujaba quizá el último recodo hacia las futuras elecciones. El presidente se queda cada vez más solo. Los socios se separan y él también empieza a soltar amarras con ellos. El mandato se agota, aunque nadie sepa todavía cuándo será su fecha de cierre.
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