Sensación agridulce entre las filas de Sumar después del monográfico sobre corrupción protagonizado este miércoles por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados. Si bien se valora la contundencia para reflotar el relato político e intentar tomar la iniciativa con la ofensiva frente a PP, "su corrupción" y en menor medida contra Vox, diversas fuentes de Sumar echan en falta referencias explícitas de Sánchez a las medidas que le vienen exigiendo desde hace semanas, con especial intensidad en estos días. Creen que no ha dado la talla. Esperan, como les trasladaron a los socialistas y al presidente en ese pleno, que tomen nota para las próximas fechas.
Tampoco ayudó la falta de un liderazgo claro como el de Yolanda Díaz, que sigue dentro del Gobierno y que el año pasado, en una comparecencia idéntica tras destapar la UCO el 'caso Cerdán', sirvió a Sumar para elevar la presión a su compañero de mandato. No se delegó en ningún ministro y asumió ese rol la portavoz parlamentaria, Verónica Martínez Barbero, quien sigue aguardando para lanzarse al liderazgo político de Movimiento Sumar. Frente a ellos, el protagonismo de la izquierda se lo llevó Gabriel Rufián, muy duro con Sánchez, y en parte Ione Belarra, quien ya prácticamente se acerca a los partidos del bloque que piden elecciones generales.
El único movimiento hasta ahora del presidente con Sumar ha sido su giro en dependencia, con el anuncio de una "inversión histórica" que llevará entre este y próximo año a destinar más de 7.000 millones de euros y da alas para que en el Congreso se desbloquee la ley que quiere fijar un nuevo marco al respecto. Esa disposición de Sánchez hizo al espacio percibir "un cambio de actitud", pero ahora quedan fríos. A Sumar le faltó disposición pública de Sánchez para aprobar varias cuestiones reclamadas. No han visto firmeza para comprometerse a ejecutar un programa ambicioso hasta final de mandato.
Decepción al no definir Sánchez una hoja de ruta
En el plano de políticas sociales, Sumar pide la prórroga de los alquileres hasta finales de 2027. Internamente se mira al próximo lunes, cuando hay programado una reunión del Consejo de Ministros extraordinario para renovar el escudo social por las consecuencias económicas derivadas de la Guerra de Irán. En la anterior ocasión en la que se decretó, se promulgó un segundo decreto –que abrió fisuras en el Ejecutivo– y fue tumbado por PP, Vox o Junts. En vivienda se reclama la regulación de los alquileres de temporada así como de habitaciones. Por otro lado, establecer el registro de control horario obligatorio para todas las empresas y que esto haga que las horas extras deban abonarse a los trabajadores. Asimismo, se solicita retomar la reforma de la ley mordaza para que, junto a la proposición de ley para suprimir el delito de injurias a la Corona y otras instituciones, garantice "una verdadera libertad de expresión".
En el plano de la regeneración, hay decepción después de que Sánchez no haya "hecho suya" la propuesta para reformar el estatuto de expresidentes con la investigación a Zapatero en ciernes por distintos delitos y en vista a las controversias que pueden generar los negocios privados con la percepción de retribuciones públicas tras abandonar el cargo. Sumar quiere elevar de dos a diez años el periodo de incompatibilidad con la actividad privada. Y reclama recuperar medidas como la oficina anticorrupción, entre otras de las promesas que el año pasado Sánchez comprometió y que aún están sin legislarse. Se es consciente en el espacio plurinacional de la ausencia de mayorías, pero se demanda, al menos, mostrar convicción.
Menos contundentes que ERC u otros socios
Sumar, que ha decidido confiar en la legislatura –aunque también como método de supervivencia en plena reformulación de un espacio que no tiene pensado ver la luz al menos hasta después del verano–, tuvo que mostrarse más cauteloso que otros socios como ERC. Mientras Martínez Barbero pidió durante la sesión "pasar de las palabras a los hechos", Rufián protagonizó una dura crítica a Sánchez, instando, además de responder si estaba al tanto sobre la corrupción de figuras como José Luis Ábalos, a fijar objetivos claros –junto a socios como EH Bildu, BNG o Compromís– y no solo buenas palabras o señalamiento al PP y Vox. "Sabemos lo que son, sabemos que son peores. Pero, ¿ahora qué?", trasladó el portavoz de los republicanos, engalanándose como una de las voces principales de la izquierda con Díaz en un segundo plano.
El tono hizo que Sánchez llevase a lo personal el asunto, comentando las dificultades que suponen gestionar desde el Gobierno mientras Rufián navega por las redes sociales y pone tuits. "No se gobierna desde Twitter", le contestó Sánchez, para que finalmente el republicano, sin perder las formas, sugiriese que en parte su papel de presidente en estos momentos responde a la implicación para atraer a socios –y entre las filas de ERC– a esa mayoría progresista desde 2019. En público, distintas voces de Sumar evitaron hablar de "pesimismo" como si se hace en privado y mantuvieron la insistencia en que Sánchez debe moverse y asumir su programa.
La ausencia de ese liderazgo clave también marcó la jornada, donde se evidenció a un Sánchez con un tono más combativo incluso soltando amarras con los socios mientras que Sumar no pudo ejercer esa actitud en los mismos términos como sí lo hizo Rufián. De Sumar afeó el dirigente socialista que se reivindiquen constantemente como motor del Gobierno como si el PSOE pusiese solo los escaños. Para muchos, Rufián evidenció deseo de dar el paso electoral como referente de esa izquierda al dirigirse a la bancada popular y trasladar que hará "todo lo posible" para que no gobiernen.

Sumar justifica la posición de Díaz
La intervención de Martínez Barbero, en todo caso, fue aplaudida por Díaz, que se mantuvo expectante toda la jornada. Fuentes de la confluencia magenta aseguran que en ningún momento se ha planteado que Díaz protagonizase la réplica. Tampoco se ha pensado en uno de los principales ministros que pese a su desmarque suenan para liderar a la izquierda alternativa tras esa remodelación, caso de Pablo Bustinduy, de Derechos Sociales, que muchos ven su relevo natural, y de Ernest Urtasun, de Cultura, que en las últimas semanas está aumentando su exposición pública y agenda. "Entendemos que quiere estar en un segundo plano. Ella en febrero decidió dar un paso a un lado y no volver a ser candidata al Gobierno, y eso implica quedarse en este tipo de eventos al margen", opinan fuentes dirigentes de la alianza de izquierdas. Todo pese a que el compromiso es de no repetir y Díaz sigue presente en el Ejecutivo como número tres, entre la vicepresidencia segunda y el Ministerio de Trabajo y Economía Social, y como cabeza política de Sumar.
Al desgaste del espacio, en plena fundación, se le une la ausencia de un referente claro en el peor momento de la legislatura
El espacio viene acusando la falta de un referente claro en el peor momento para la izquierda, con el entorno más directo del PSOE rodeado de investigaciones judiciales. No solo en este debate sobre corrupción, sino desde el mes de febrero. Hasta la fecha y pese a apuntarse que no repetiría o que se le instaba a ello, Díaz seguía teniendo un papel crucial para reclamar medidas progresistas, como el decreto de permisos. No obstante, se asegura que no hay prisa para plantear un candidato y se considera que es más importante sellar las posiciones ideológicas e ir reivindicándolas en cada foro, como el Congreso. A su juicio importa más lo que se dice que quién lo dice. No se quiere errar nuevamente y depender de liderazgos carismáticos.
Mientras ese debate de conformación sigue dándose dentro de las filas de la izquierda, la escasa visibilidad de la vicepresidenta sí está pasando factura al espacio, que no termina de ver repercusiones electorales en los sondeos ni de articular un discurso sólido que apriete a los socialistas para un rápido cambio de posición. Díaz, mientras tanto, está cimentando su imagen internacional por distintos foros para construir su candidatura a dirigir la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Se ha reunido estos meses con distintos miembros de la entidad, en viajes a EEUU, México o directamente en Bruselas. Incluso en China.
La falta de presencia pública pese a continuar en el cargo, para los socios de Sumar, está justificado. Apuntan a que sigue implicada en sus funciones como titular de Trabajo. En todo caso, Díaz ni si quiera ha reaccionado a la crisis de relevo dentro de Movimiento Sumar, partido que fundó para las generales y como aglutinador del espacio, ni de cara a la Asamblea extraordinaria del 11 de julio. Tampoco ha hecho hincapié en cuestiones como la imputación a Zapatero, las reuniones de la directora de la Guardia Civil con Leire Díez, entre otros asuntos.
La comparecencia por corrupción deja a un Sánchez combativo incluso con los suyos que se ve sostenido hasta que decida adelantar generales tras la derrota augurada con los Presupuestos Generales del Estado, y a Sumar con apenas armas más allá de sus reclamaciones insistentes mientras generalmente se pide hoja de ruta. El deseo de no romper el Gobierno y justificar la continuidad sin movimientos firmes del PSOE, les deja en una posición muy complicada.
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