El 16 de octubre de 1975 se publicó el Dictamen Consultivo de la Corte Internacional de Justicia sobre el Sáhara Occidental como respuesta a la petición de Marruecos y Mauritania y su reivindicación sobre el territorio. La respuesta, aunque no vinculante, fue tajante: el Tribunal no encontró vínculos legales que alteraran la libre autodeterminación y la voluntad de los pueblos del territorio. La respuesta de Rabat no se hizo esperar. El 5 de noviembre de ese mismo año el rey Hasán II pidió a su pueblo que marchara sobre el Sáhara para "pisar una tierra que era suya", en palabras del monarca. Además, el rey afirmó que, si en el camino se encontraban con un español, lo saludaran cordialmente, sin resentimiento ni enemistad. "Si encontramos algún obstáculo, actuaremos en legítima defensa, y la responsabilidad será de España", añadió.
En aquel momento Marruecos tenía claro que Estados Unidos estaba a su lado, el resto de los países europeos también y en España Franco estaba agonizando. Y a pesar de los llamamientos internacionales, esta semana se ha celebrado el 47º aniversario de la anexión de Oued Eddahab dentro del reino de Marruecos, la región más al sur e integrante del Sáhara Occidental. Los jefes tribales y altos representantes de la población de la provincia se desplazaron a Rabat el 14 de agosto de 1979 para jurar fidelidad al Trono, entonces ocupado por Hasán II.
Ahora, como si se tratara de una repetición de la historia, nos encontramos frente a una situación coyuntural parecida después de que entraran 80.000 personas desde Marruecos a Ceuta. Lo hicieron de manera pacífica y ordenada, por tierra y a nado. Por un lado, Estados Unidos cada vez tiene una alianza más estrecha con Marruecos. Desde Washington se ha planteado el traslado de las bases de Rota y Morón a Marruecos. También se han realizado maniobras militares bilaterales en el Sáhara Occidental y se ha abierto la academia conjunta en Tan-Tan. Marruecos, entonces el Imperio Jerifiano, fue el primer Estado que reconoció la independencia de Estados Unidos. A pesar de que actualmente EEUU apoya la integridad territorial de España, también reconoce que Ceuta y Melilla son sitios reivindicados por Marruecos.
Por otro lado, el papel de la Unión Europea es el mismo que en aquel entonces. En caso de una acción pacífica como fue la Marcha Verde, desde la UE se daría prioridad a los flujos comerciales con Marruecos, a la estabilidad económica y a evitar un aluvión de migración en territorio Schengen. En 1975, Francia normalizó rápidamente la situación marroquí en el Sáhara Occidental. Ahora no hay indicios que demuestren lo contrario.
Al producirse la llegada masiva a Ceuta a finales de julio, la mayoría de los gobiernos de la UE reaccionó rápidamente: acusó al Gobierno de Pedro Sánchez de no vigilar bien su frontera. No hubo un respaldo a la integridad territorial de España. Es un hecho más que demuestra el aislamiento del Gobierno español.
Esta vez no han hecho falta discursos reales animando a la gente a cruzar la frontera, ni tampoco las Fuerzas Armadas Reales den su apoyo logístico"
Y, por último, hemos leído las declaraciones del ministro de Justicia de Marruecos, Abdellatif Ouahbi, sobre la reivindicación histórica de Marruecos sobre Ceuta y Melilla. El ministro asegura que ya va siendo hora de que desde España se asuma su pérdida en algún momento próximo, ya que España es incapaz de defenderlas. Apunta que hay una estrategia a largo plazo para recuperarlas. Añade el ministro que sería de forma pacífica.
De la misma manera que con Hasán II, se espera que la buena relación entre España y Marruecos no se vea afectada por la recuperación de Ceuta y Melilla, ya que ambos países se necesitan mutuamente. Es más, desde Marruecos se afirma que ambas ciudades son un escollo para que las relaciones entre la Unión Europea, Marruecos y España se desarrollen con absoluta cordialidad, sobre todo después de la aceptación del plan de autonomía del Sahara Occidental por parte de gran parte de los países de la Unión Europea.
Tendremos que ver cómo escala el discurso y la retórica de Rabat estos días. Por un lado, cualquier declaración que salga del Trono se tendrá que analizar; y por otro, cualquier entrevista o filtración del gobierno hasta las próximas elecciones del 23 de setiembre, donde se espera que los principales partidos del gobierno sufran un importante desgaste, también. Esta vez no han hecho falta discursos reales animando a la gente a cruzar la frontera, ni tampoco las Fuerzas Armadas Reales den su apoyo logístico. En unas horas 80.000 personas cruzaron, y la gran mayoría se fueron por su propia voluntad, pero qué habría pasado si se hubieran plantado en Ceuta.
Guillem Pursals es doctor en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.
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