Marruecos se ha convertido en un aliado de la Unión Europea, de Estados Unidos, de la OTAN, es uno de los principales países de la Unión Africana y mantiene vínculos con Israel después de los Acuerdos de Abraham. Y, a pesar de las presiones que ejerce dentro de la llamada zona gris con España y la Unión Europea, con el recurso a los flujos migratorios, sigue siendo uno de los principales socios estratégicos e imprescindibles. No es por su fortaleza económica, ya que depende excesivamente de España y de la Unión Europea. El 85% de sus exportaciones se dirige a sus vecinos del norte. Son otras cuestiones las que lo hacen tan imprescindible.
Lo más relevante es su papel dentro de las rutas migratorias entre el Sahel y el Mediterráneo. Al ser el punto más próximo a la Unión Europea, con quien comparte frontera terrestre en Ceuta y Melilla, se convierte en un vecino imprescindible en cuestiones de seguridad exterior, como también en un gestor de los flujos migratorios. De la misma manera que actúa Turquía en el este de Europa. Al tener frontera con Grecia y Bulgaria, es un vecino con el que tener trato preferencial. Marruecos y Turquía instrumentalizan la migración. Es su herramienta de presión más fácil y efectiva.
Dentro de la cuestión de la seguridad fronteriza, también está la seguridad transnacional. El hecho de que Marruecos sea lugar de paso lo convierte en un aliado frente a diferentes cuestiones como el terrorismo islámico. Por esa razón, la cordialidad entre los Ministerios del Interior europeos y el Ministerio del Interior marroquí se convierte en obligatoria, a pesar de las diferentes tensiones, como la ocurrida la semana pasada en Ceuta, y en menor medida Melilla. La cuestión de la lucha antiterrorista es uno de los pilares más importantes de la cooperación en materia de seguridad, y por ello una de las cartas diplomáticas de Marruecos en su proyección exterior. La histórica lucha de la monarquía marroquí contra los islamistas radicales es una de las cuestiones más relevantes de la política interior y exterior del reino alauí.
Otra carta que utiliza Marruecos a su favor es la posición geográfica. Después de la Marcha Verde en 1975, y la anexión del Sáhara Occidental, el reino ganó una posición privilegiada en el Sahel. Si bien bajo el reinado de Hasán II rompió con su histórica neutralidad para acercarse a Estados Unidos, la Guerra de las Arenas entre Marruecos y Argelia marcó un punto de inflexión en las relaciones entre Rabat y Washington DC.
Ahora, con la creciente influencia rusa en diferentes repúblicas del Golfo de Guinea, y el islamismo radicala en auge, Marruecos se convierte en una base terrestre para ubicar una cabeza de lanza en la región. Por eso Rabat ha aprovechado para presentar su plan de autonomía para el Sahara Occidental, donde se consolida la anexión y se deja atrás la Conferencia de Madrid y la autodeterminación saharaui, como una herramienta diplomática interna y externa. La seguridad en el control de los fosfatos de Bucraa, y la proximidad del Sahel, hacen que la situación gire a su favor.
La cuestión social también juega a favor de Marruecos. La importancia de la diáspora marroquí en el Europa hace que Rabat gane peso social y político dentro de la Unión Europea. Dentro de África, los éxitos de la selección marroquí de fútbol han servido como un mecanismo de proyección dentro de los países árabes, y especialmente entre los árabes del norte de África, más allá de los escándalos de la final de la Copa Africana, donde se atribuyó la victoria a Marruecos después que Senegal se considerara que se retiró del campo. Ahora, con el Mundial de 2030, y la posible organización del Mundial de Clubes de 2029, Marruecos busca de nuevo situarse en el foco social internacional. También la promoción cultural se ha convertido en una herramienta para situar el país dentro del ámbito académico.
Marruecos es un país con un peso regional clave, unas alianzas relevantes a nivel internacional, y con una proyección económica, política e institucional al día"
Y, por último, la discreta diplomacia religiosa de Marruecos sobre el mundo suní africano. A través de la formación de imames y ulemas la visión religiosa de Rabat, bastante moderada dentro de África y en especial el África subsahariana, se ha convertido en un elemento clave de la proyección diplomática y política marroquí dentro de las cuestiones regionales. La Fundación Mohamed VI de Ulemas Africanos y el Instituto Mohamed VI para la Formación de Imames son dos centros de influencia en toda la África Islámica.
Debemos dejar de ver Marruecos como si fuera un cuadro de Fortuny, de Tapiró o de Bertuchi. Es un país con un peso regional clave, unas alianzas relevantes a nivel internacional y con una proyección económica, política e institucional al día. Con grandes estadios para albergar incluso la final de un mundial, como también líneas de alta velocidad más modernas que las de España. Ciudades con tranvías y zonas ajardinadas, e incluso se han empezado a preparar para la resiliencia climática. Tendremos que seguir las próximas eleccione para saber qué rumbo eligen los marroquíes después de meses de incertidumbre.
Guillem Pursals es doctor en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.
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