Nunca un régimen había instrumentalizado tantas veces la emigración como el majzén marroquí. Las imágenes de la ciudad de Ceuta colapsada, con los comercios cerrados y miles de personas deambulando por las calles, me recuerdan la ocupación del Sahara Occidental y la ciudad de Dajla. Yo tenía ocho años. El ejército marroquí llegó desde el norte y, con él, miles de colonos marroquíes. Los saharauis huyeron al suroeste de Argelia, hacia la ciudad de Tinduf. Hasan II vendió aquel episodio como la Marcha Verde, la recuperación de las provincias del sur, la ocupación militar del territorio no autónomo del Sahara Occidental.
El sueño del imperio almorávide subyace en el interior del nacionalismo marroquí. Ceuta, Melilla, Canarias, la región de Béchar, Tinduf, Mauritania y el Sahara Occidental constituyen parte de ese gran proyecto sobre el que sostiene su discurso el Reino de Marruecos. Las alianzas con Trump y Netanyahu forman parte de esa gran agenda desestabilizadora que ha introducido el majzén en la región con el objetivo de cerrar el conflicto del Sahara Occidental y dar el salto definitivo hacia Ceuta y Melilla.
La miseria, la corrupción, la falta de libertad y la muerte de personas inocentes en el mar son la materia prima que usa el majzén de forma reiterada para crear tensión en toda la región. Su política migratoria parte del chantaje, la manipulación y el uso interesado de civiles como punta de lanza para ocupar territorios, desestabilizar gobiernos y países.
No señalar a los culpables de esta situación es seguir haciendo el juego de la contención y la moderación frente a un régimen insaciable
La guerra de las Arenas, en 1963, con Argelia; la reclamación de Mauritania hasta 1970; la ocupación del Sahara Occidental en 1975; y los intentos reiterados de colapsar Ceuta y Melilla con oleadas de civiles forman parte del largo historial del Reino de Marruecos y sus reclamaciones. Invadir territorios soberanos para que la monarquía alauí de Marrakech vuelva a vender a su pueblo una nueva conquista.
Trump y Netanyahu son los aliados perfectos para consumar sus planes. Con los Acuerdos de Abraham y la normalización de las relaciones con Israel, Marruecos se convierte en el mejor aliado para los intereses del actual Gobierno de Estados Unidos. Promover su agenda en el Mediterráneo occidental, aislar a Argelia, perjudicar sus exportaciones de gas a Europa y normalizar la ocupación del Sahara Occidental.
Todos los países de la región salen mal parados con esa política. Una amenaza permanente en la frontera. Un país impredecible, insatisfecho, cuyas exigencias en materia migratoria son el detonante de la mayoría de las crisis. No señalar a los culpables de esta situación es seguir haciendo el juego de la contención y la moderación frente a un régimen insaciable, un régimen que busca en el Mundial de fútbol de 2030 blanquear su miseria moral y política.
Ha llegado la hora de la verdad, la hora de garantizar un futuro para Ceuta y Melilla, un futuro para el Sahara Occidental. Impedir que el Reino de Marruecos use la frontera como arma de doble filo, adoptar políticas correctivas. Políticas que impidan el expansionismo del majzén marroquí por la fuerza, el colapso de la frontera sur de Europa.
No podemos esperar a la próxima crisis, debemos poner los cimientos de la solución. Una nueva alianza regional basada en el respeto a las fronteras y al derecho internacional es la única solución, a la larga, que puede impedir una nueva aventura del majzén marroquí.
Esta situación internacional, este momento histórico en el que la extrema derecha mundial busca cambiar el tablero, usar la miseria de miles de personas y presentar a los inmigrantes como su principal baza electoral para destruir la convivencia, nos obliga a estar vigilantes, revisar los acuerdos con Marruecos y no permitir el colapso de una ciudad como Ceuta, que vive bajo una amenaza permanente.
Ali Salem Iselmu, periodista y escritor saharaui.
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