Tras el paso de 60.000 personas por la frontera de Ceuta, la respuesta de la Unión Europea, formulada por la presidenta de la Comisión Europea, se ha articulado en tres exigencias. La primera, que España resuelva la situación generada por las negligencias en el paso fronterizo y proceda a la expulsión de quienes entraron de forma irregular. La segunda, que asuma que no está en juego una frontera nacional, sino una frontera europea. Y la tercera, dirigida a Marruecos, que colabore como aliado estrecho para impedir que el episodio se repita. En síntesis: a España le corresponde sostener el perímetro de ambas ciudades autónomas; a Marruecos, ejercer de socio leal más allá del papel.
La exigencia de lealtad a Rabat abre dos frentes distintos para España: uno interno y otro exterior. En el plano interno, las divisiones entre Gobierno y oposición se han manifestado tanto en el modo de abordar la situación fronteriza como en la manera de articular la relación bilateral con Marruecos. En el plano externo, la proyección es doble: por una parte, las relaciones hispano-marroquíes, con distintos focos de tensión —las aguas de las Islas Canarias, el Sáhara Occidental y el vínculo entre España y Argelia—; por otra, la relación entre la Unión Europea y Marruecos, ámbito en el que la Comisión Europea ha calificado a Rabat como socio estrecho de Europa.
La Unión Europea y Marruecos mantienen intereses comunes sobre la situación estratégica del reino alauí. Intercambian de mercancías, servicios, logística, materias primas, industria, entre otras cuestiones de seguridad y energéticas. Un ejemplo de la buena relación son las líneas de crédito de la Unión Europea hacia Marruecos para que pueda impulsar líneas de transporte, infraestructuras y el sector económico del país. Además, es un aliado europeo para controlar los flujos migratorios que hay entre el África Subsahariana y el Mediterráneo. Por ello, la Unión Europea ha pedido a Marruecos responsabilidad en la gestión de la seguridad fronteriza. Si se trata de un socio fiable, lo tiene que ser en todos los sentidos.
Para la Comisión Europea igual de importante es tener buenas relaciones con Marruecos como que España aplique una política fronteriza en condiciones"
La cuestión del desarrollo de la política fronteriza entre la Unión Europea y el exterior es una de las cuestiones pendientes a resolver en torno a Frontex esta legislatura de la Comisión Europea. Ursula Von der Leyen, en su discurso de inicio de legislatura, dijo que establecer fronteras seguras y estables entre la UE y los países vecinos formaría parte de sus políticas troncales. Marruecos aprovecha la situación de debilidad en las ciudades autónomas, y en las plazas de soberanía restantes, como un elemento negociador a su favor. Tal como se vio en los asaltos de 2021 de la frontera hispano-marroquí.
En esta situación, se ha podido ver que para la Comisión Europea igual de importante es tener buenas relaciones con Marruecos, como el hecho que España aplique una política fronteriza en condiciones. No solo porque es una frontera nacional, sino porque como le ha recordado Italia, Francia, Dinamarca, Alemania y Finlandia, se trata de una frontera de toda la Unión Europea. Estos cinco Estados sostienen que hubo negligencia española. Este hecho demuestra también que la diplomacia española no está en tan buena forma como se podría esperar.
La situación del estado de las fronteras es una cuestión que preocupa a izquierda y derecha en todo el territorio europeo. No sería de extrañar que en unos días veamos reuniones entre la Comisión Europea y Marruecos, y también entre diferentes Estados miembro como Francia o Alemania.
De la misma manera que sucedía en los monólogos de Gila, la política exterior europea proyecta a Marruecos como aliado estratégico y confiable. El giro de diferentes países hacia posiciones como el plan de autonomía del Sahara Occidental sitúa a Rabat en una posición estratégica para muchos actores. Seguramente esto ayuda a entender el porqué de la posición adoptada. "Ya hablamos con España, ya le hemos dicho que sepa mantener su frontera, ahora llamamos a Marruecos, a ver si se pone, y ayuda desde el otro lado".
Guillem Pursals es doctor en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.
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