El 27 de abril declarará en la Audiencia Nacional Javier Arenas en condición de testigo. Es uno de los politicos vinculados al PP que lo hará en el marco del juicio de la Kitchen, que sienta en el banquillo al ex ministro del Interior Jorge Fernández Díaz. Antes que él, el 23, declararán, también como testigos, el ex presidente del Gobierno Mariano Rajoy; la ex ministra de Defensa, ex presidenta de la Comunidad de Castilla-La Mancha y ex secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, y el ex ministro del Interior Juan Ignacio Zoido. El mismo día que a Arenas le tocará a la ex vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría. El pasado miércoles 15 lo hizo quien fue director general de la Policía Nacional y portavoz del Grupo Popular en el Senado, Ignacio Cosidó. La gran diferencia de Arenas con el resto de sus compañeros de filas reside en que él es el único que aún sigue en primera línea politica, activo, y muy en activo.

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Javier Arenas Bocanegra, de 69 años, nacido en Sevilla, -pero que pudo nacer en Olvera (Cádiz) en una suerte de 'doble nacionalidad' andaluza- es el ejemplo más palmario de longevidad política que se conoce. Y lo más llamativo de su condición reside en que no ocupa un puesto de figurón sin más en un cementerio de elefantes bien remunerado, sin voz ni voto. No. Ser secretario del Grupo Popular en el Senado podría considerarse poca cosa para este todoterreno, pero no lo es dado el papel capital que desempeña actualmente la Cámara Alta en la estrategia del PP. Además, su influencia política se deja ver y oir en el hecho de engrosar, por decisión directa de Alberto Núñez Feijóo, el comité de dirección del partido sin cargo orgánico que lo justifique. Y todo ello sin olvidar que todavía es una figura influyente en Andalucía, que celebra elecciones el 17 de mayo. De hecho, quien más quien menos admite que el PP andaluz lo creó Arenas de la nada en un territorio electoralmente hostil para los conservadores.

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El salto a la política: fue el concejal más joven de Sevilla

Desde que un ya lejanísimo 8 de mayo de 1983, con 25 años, fue elegido concejal del Ayuntamiento de Sevilla no ha parado, con algún altibajo. Sus inquietudes políticas le encaminaron primero hacia el Partido Demócrata Cristiano, que acabó integrándose en la UCD, de cuya organización juvenil llegó a ser presidente. Sería prolijo contar cómo algunos de los restos de aquel partido de la Transición acabaron en Alianza Popular en lo que se conoció como el congreso la Refundación y del cambio de siglas, en el año 1989. Nacía el PP y él, tras un breve intervalo alejado de la política (1987-1988) fue elegido diputado por Sevilla en las primeras elecciones a las que se presentó José María Aznar.

Lo ha sido, todo, o casi todo. Tres veces ministro (de Trabajo y Asuntos Sociales; de Administraciones Públicas y de Presidencia) y una vez vicepresidente segundo del Gobierno. También secretario general del PP, uno de los muchos cargos que ocupó en el organigrama genovés. Hay que sumar al curriculum el de presidente del PP andaluz, quizá la responsabilidad desde la que sufrió más sinsabores. Cuatro veces, cuatro, en 1994, 1996, 2008 y 2012 fue aspirante a la presidencia de la Junta de Andalucía. Y en 2012 consiguió la proeza de ganar las elecciones en el mayor feudo electoral del socialismo español. Superó el 40 por ciento del voto y aventajó al PSOE por tres escaños, pero un pacto de José Antonio Griñan con Izquierda Unida dejó ese triunfo en papel mojado.

Su gran desilusión política y la "venganza" de Pablo Casado

Esa fue una de sus más grandes desilusiones políticas, que le costó superar ánimicamente. El "campeón", apelativo por el que es conocido, pasó por sus momentos más bajos aunque mantuvo cuotas de poder orgánico e institucional. Quizá lo peor estaba por llegar tras el traumático congreso del PP de 2018, el que encumbró a Pablo Casado a la presidencia del partido tras la salida de Rajoy. El madrileño le quitó prácticamente todos los galones hasta dejarle en senador raso. ¿El motivo? Pues además de la proclamada renovación generacional y ruptura con todo lo anterior Arenas fue un comando activo en la campaña a favor de Soraya Sáenz de Santamaria. Junto a Juanma Moreno hizo posible que los votos de la militancia andaluza dieran el triunfo a ésta en la primera vuelta de las primarias, aunque de poco se sirvió a la ex vicepresidenta.

Pero su apuesta por la que fuera mano derecha de Rajoy en el Gobierno tenía mucho que ver con el enfrentamiento soterrado y no tan soterrado que ambos mantenían con Cospedal. Y ahí es fácil pasar a otro capítulo fundamental de la trayectoria de Arenas sucedido unos años antes: el 'caso Bárcenas'. Y es que a diferencia de la secretaria general, quien hubiera cortado la cabeza del gerente en cuanto trascendieron las primeras sospechas en torno a sus andanzas, Arenas prefirió un salida pactada, con coche y despacho para quien se conocía todas las cuentas del partido.

Ya declaró como testigo en 2013 por los pagos en b

De hecho, la del jueves 23 no será la primera vez que Arenas acuda a la Audiencia Nacional a declarar como testigo. Ya lo hizo el 13 de agosto de 2013 junto a quien fue vicepresidente en tiempos de Aznar además de secretario general del PP, Francisco Álvarez Cascos, y la causa también estaba relacionada con el tesorero y sus papeles tras los supuestos cobros en b. Negaron la mayor. A lo sumo admitieron falta de control en las donaciones. Arenas explicó que en la ya famosa reunión, tres años antes, en el despacho de Rajoy con Bárcenas y su esposa, Rosalia Iglesias, se pactó que disfrutraría de coche además de un pequeño despacho en Génova 13, pero dijo no recodar nada de una remuneración, ni directa ni en diferido.

Y el 23 vuelve Arenas de nuevo a la Audiencia para un caso que tiene que ver con su antiguo tesorero, al que no ve, aseguran fuentes de su entorno "desde hace 13 o quince años", con quien cortó toda comunicación. Su declaración como testigo es a petición de Podemos "aunque ni siquiera le llamaron a declarar en la fase de instrucción, por lo que ignora qué se le puede preguntar", aunque no dudan en que sabrá salir muy airoso.

Tras las elecciones andaluzas del 17-M el parlamento autonómico deberá elegir a sus nuevos senadores

De Arenas siempre se ha destacado su capacidad de diálogo y acuerdo además de un olfato político del que Feijóo no ha querido prescindir. Borja Sémper le ha colgado el calificativo de "wikipedia política" con patas. El gallego le devolvió a la primera línea al nombrarle portavoz del Grupo Popular en la Cámara Alta, pero sólo aceptó con caracter transitorio. Cuando le sustituyó Alicia García bajó al esclafón de secretario general del Grupo, en realidad, el auténtivo centro de poder y fuera del radar de los focos, como prefiere ahora. Fino analista, los años acumulados de experiencia le convierten en una rara avis dentro del panorama político, dominado por una generación, dentro y fuera del PP, de dirigentes mucho más jóvenes.

En las elecciones andaluzas del 17-M Arenas también se la juega. A fin de cuentas su escaño en el Senado es por designación autonómica, de modo que el Parlamento que salga de las urnas ese domingo deberá elegir a los nueve parlamentarios que le corresponden. Pocos dudan de que el sevillano de Olvera, o viceversa, volverá a estar entre ellos y "espera no le haga ministro Feijóo si llega a Moncloa", dice con ironía, o no, un compañero del comité de dirección.