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"¿Un fin de reinado? La expresión raramente se evoca entre los próximos al palacio pero al preguntar con insistencia sobre el estado de salud del rey, uno de los más fieles entre los fieles, termina por reconocer: 'Hay que mantener el proyecto con vistas al futuro, y nuestro futuro se llama Moulay Hasan, el príncipe heredero. Hay que dejarle tiempo para que crezca y madure para que pueda asegurar la transición e imponer su estilo". Omar Brouksy plantea en su obra Fin de règne, que acaba de publicarse en Francia, el principio del fin de Mohamed VI, y con ello rompe un tabú en el reino alauí. Allí ni siquiera se reconoce que su monarca está enfermo y débil.

El rey Mohammed VI padecería la enfermedad de Hashimoto, un trastorno autoinmune que afecta a la glándula tiroides, o bien sarcoidosis, una enfermedad que provoca inflamación, por lo general en sus pulmones, piel y ganglios linfáticos y produce fatiga y pérdida de peso. Aunque los datos sobre sus dolencias se ocultan a los marroquíes, es evidente su deterioro físico cuando se deja ver en contadas ocasiones: cumplirá 63 años en agosto pero parece diez o quince años mayor.

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El rey ausente

Desde hace varios años, pasa gran parte de su tiempo en el extranjero. En enero pasado sobresalió su ausencia en la final de la Copa Africana de Naciones. En su lugar acudió su hermano, el príncipe Moulay Rachid. Aún así Senegal se impuso a la selección marroquí. Y antes, el 6 de noviembre, se había cancelado el discurso por el 50 aniversario de la Marcha Verde. Suele retirarse a Emiratos, Zanzíbar, Gabón, o París, donde pasa largas temporadas de incógnito.

La Constitución, reformada en 2011 al calor de las revueltas en el mundo árabe, blindó su poder. Le reserva tres áreas como dominio exclusivo: la religión, las cuestiones relacionadas con la seguridad y las grandes decisiones políticas estratégicas. Mohamed VI es el árbitro supremo entre las fuerzas políticas. De ahí que sean relevantes las palabras que reproduce el autor de Fin de régne en su prefacio: el príncipe heredero está preparándose y madurando. Encarna un futuro cada vez más cercano.

Omar Brouksy, uno de los periodistas que mejor conoce las bambalinas del poder en el reino marroquí, describe un ambiente crepuscular donde proliferan las intrigas en la corte, y fuera de ella, sobre todo, en el manejo de los medios y los lobbies para defender la causa de Rabat. Brouksy, doctor en derecho constitucional y defensor de las libertades públicas, empezó en el periodismo con Le Journal hebdomadaire, tras una serie de prohibiciones de medios promovida por el entonces primer ministro Abderrahmane Yousssoufi a finales del año 2000.

Círculos de influencia en torno a Mohamed VI

En su reciente obra, de la que publica un extracto el semanario francés L'Express, disecciona el poder en Marruecos. Mohamed VI queda en un segundo plano, aunque da cuenta de cómo sigue teniendo la última palabra. Por ejemplo, cuando Abdellatif Hammouchi, jefe de los servicios secretos internos, instigó una campaña contra los hermanos Azaitar, los boxeadores que se han convertido en los mejores amigos del monarca. Mohamed VI se puso del lado de los Azaitar y reprendió con ironía a Hammouchi, que trataba de culpar a los medios. "No sabía que tuviéramos una prensa independiente", le dijo el rey. Y pensemos que Hammouchi está a cargo del espionaje del régimen y es una de sus vacas sagradas.

Brouksy describe con detalle los círculos de influencia en torno a Mohamed VI. Los amigos íntimos del rey, sobre todo Abu y Omar Azaitar, boxeadores nacidos en Alemania, tienen toda su confianza y protección. Dicen que actúan incluso de filtro para controlar el acceso al monarca. Trata con ellos desde 2018. Abu Bakr le ofreció uno de sus trofeos al rey, quien le invitó al palacio. Hubo sintonía y la amistad incluso despierta celos entre los hermanos de Mohamed VI.

También forman parte del círculo del poder los principales consejeros del rey: Fouad Al Himma, su antiguo compañero de estudios apodado el virrey; su secretario particular Mounir Majidi; y Yassine Mansouri, el jefe de los servicios de inteligencia exterior. "Todos se miran con recelo y urden maquinaciones a través de la prensa", relata L'Express.

Da idea de cómo manejan los medios de información a su servicio la trayectoria de Mansouri, quien empezó como director de la MAP, la agencia oficial de prensa. "La MAP se ha convertido con el tiempo en un centro de recopilación, no de noticias, sino de información, tanto externa (a través de embajadas, consulados y esas asociaciones implantadas en los países donde la diáspora marroquí es más importante, como Francia, Bélgica, Alemania o los Países Bajos) como interna (colectividades locales, administraciones regionales, universidades, provincias del "Sáhara marroquí)", apunta el libro. De ahí saltó a la DGED, el servicio de información exterior.

La familia real vive a la espera de la llegada del sucesor, el príncipe Moulay Hasan, que cumple 23 años el 8 de mayo. Omar Brouksy esboza cómo podría ser el inicio del reinado de Hasán III, de quien dicen que se parece más a su abuelo, Hasán II que a su progenitor. Probablemente marcará el regreso a la gracia de su madre, la princesa Salma Bennani, marginada desde su divorcio, pero a quien su hijo adora. La princesa Salma se ha encargado de su formación. Tras años en los que gran parte de la corte se burlaba de ella, cuando su hijo herede la corona será quien mueva muchos hilos.

La llegada de Hasán III marcará otra era en Marruecos. Una era que ya se está gestando.