Opinión

Sánchez: rezarle a Vox o rezarle a Ayuso

MADRID, 22/04/2026.- El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, sale del hemiciclo tras intervenir en la sesión de control al Gobierno que se celebra este miércoles en el Congreso. EFE/ Javier Lizon
El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, sale del hemiciclo tras intervenir en la sesión de control al Gobierno de este 22 de abril de 2026 en el Congreso. | EFE / JAVIER LI
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La campaña de las andaluzas comenzaba unas horas antes de que Ayuso se paseara de brochazo rojo, como en el cine mudo pintado, como la bandera del acorazado Potemkin, por un Madrid de piedra llovida y nitrato de plata. Ni el Gobierno ni el PSOE aparecen por el Dos de Mayo, y creo que sin pena, porque en el fondo quieren que los actos oficiales parezcan una fiesta de quinceañera, con Ayuso de gasa y escalinata de la mano de señores provectos, levemente prusianos o avizcondados. Sánchez no es que no intente ganar, es que no quiere ni estar. En Andalucía va a tirar a otro de sus ministros, a otra de sus manos derechas (Sánchez tira sus manos derechas como guantes de dentista), María Jesús Montero, a la que ha rodeado de los cadáveres del socialismo andaluz con los que ya convivió (Chaves, Griñán y hasta Susana, la Magdalena del Comité Federal), sin duda para que se vaya sintiendo también cadáver. Sánchez ha dado Madrid por perdido, ha dado Andalucía por perdida y parece que lo da todo por perdido aunque eso no nos cuadra con su ambición ni su resistencia. Hasta Vox parece demasiado poco para la esperanza, ahora que se le intuye ese primer bajón de los populismos de perdigonazo y ya no lo conocen ni sus padres, que esperan el Barajas II alrededor del magisterio canónico de Vidal-Quadras.

Vox se diría que es la única apuesta de Sánchez, mientras pierde a sus candidatos en la feria (María Jesús Montero parecía una chiquilla olvidada, con vestido de gitana y cucurucho de helado, en una lanchita o tacita del tiovivo), y mientras deja Madrid entero para la bata de cola de Ayuso, que iba de rojo como se va de blanco, que iba de diabla como se va de novia. Para las andaluzas manda a Chaves sacar la cadera de madera; para el Dos de Mayo manda a Óscar López sacar la gorra de cuadros y el mantel de cuadros en el parque del Oeste, a que lo miren las ardillas y los adoradores de árboles; para Ábalos y Koldo saca a Vito Quiles persiguiendo a Begoña en todas las cadenas y horarios, algo entre Benny Hill y reportero de Wyoming. Hablo de esto por no alejarme demasiado de este puente de tormentas y Seiscientos (España vuelve a ser un país como de Seiscientos, que huye del sistema en lo que tiene, en el tren que al final es autobús o en el coche que al final es carromato). Lo que quiero decir es que Sánchez lo está tirando todo, las elecciones, los presupuestos, la moral, sus propios ministerios, donde está gente como Óscar Puente mirando por la mirilla de X, como un pervertido, mientras nuestros trenes desembocan en los sembrados o los cementerios. Contra todo esto, la verdad es que a mí Vox me parece poca cosa. Así que uno no deja de pensar qué más tendrá.

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Yo creía que al sanchismo le iba a durar un poco más Vox, pero la apuesta futura, nacional o universal de Sánchez por Vox, su gran esperanza para la revulsión, parece que se desinfla cuanto más se le infla a Abascal el pecho de patriota hidráulico, como esas pichas hidráulicas (las citaba el otro día Emilia Landaluce, a cuenta de otra cosa) para señores provectos, prusianos o avizcondados que no pueden con la biología, o con la ideología. Vox ha frenado su ascenso, sus expectativas y su vacile, y seguramente aún frene más en Andalucía, donde Moreno Bonilla hace de moderado sonriente, como un azafato simpático de la derecha, y eso le basta después del destrozo socialista de 40 años y las bravuconadas al galope de Abascal (todavía nos acordamos cuando se presentaron a caballo, como la banda de Curro Jiménez). A pesar de todo esto, Vox parece lo más prometedor que tiene Sánchez, porque lo demás son muertos numismáticos, rendiciones museísticas y confesiones putiféricas ante la derecha o derechaza que dice querer combatir. 

Vox ha frenado su ascenso, sus expectativas y su vacile, y seguramente aún frene más en Andalucía, donde Moreno Bonilla hace de moderado sonriente"

En junio se volverán a reunir los críticos, expulsados, eméritos, damnificados y huérfanos de Vox, esa legión de ánimas entre las legiones de lata que parecían formar el partido. Claro que ya no se trata de exigir congresos, reformas ni refundaciones, porque ellos, como todos los demás, ya han visto que el partido son tres o cuatro, así como en calesita de toreros o en timba de mosqueteros, y no hay nada que se pueda hacer si no lo quieren ellos. Los organizadores de Barajas II (suena a Vaticano II en una periferia guerrillera de resistencia, fundiciones y hormigoneras) ya están pensando en la “construcción de una alternativa”. El Vox de Abascal, o del que mande tras la máscara de lata o de oxígeno, se ha acercado a los totalitarismos, se ha alejado del patriotismo sometiéndose a Trump y le empiezan a oler los negocietes, además de haberse dedicado a acabar con toda la gente que parecía tener más cabeza que morrión y más ideas que contrachapado. Y esto parece que no se puede reconducir ya, es una apuesta irreversible, como la de Sánchez con Vox, que esa es otra, el horrible peso de pretender ser la esperanza de España y ser, más que nada, la esperanza de Sánchez. Puede que haya un partido nuevo, aunque presentarse ahora para dividir el voto “sería un disparate”, según ha dicho el propio Vidal-Quadras. Para Sánchez, sin duda, lo único mejor que un Vox serían dos.

Ni este Vox que se les ha quedado colgando entre la secta y el falangismo con negocios de escopeta nacional, entre el candado de la tumba del Cid y el sometimiento, otra vez, al Imperio y a su maná siempre como de leche en polvo; ni este Vox, decía, ni el nuevo partido que pueda venir y que yo creo que vendrá, me parecen esperanza suficiente para Sánchez ahora. Viendo a Ayuso, que parecía un paraguas rojo abierto en el día gris o en la acuarela gris de ese día, yo me acordé de que la primera esperanza de Sánchez también fue Ayuso. Yo creo que Sánchez todavía sueña con que se presente Ayuso contra él, como una bruja roja de la derecha, en vez de ese señor decolorado o traslúcido que es Feijóo. Yo diría que Sánchez aún la anima, dejándola como la única bailarina con tutú rojo en el Dos de Mayo, como la heroína empapada de sangre de la resistencia malasañera y un poco ridícula contra el propio sanchismo (ni Madrid ni sus instituciones deberían tener adscripción ni misión ideológicas, eso no es democrático). Pero no, ni rezarle a Vox, ni a lo que venga, ni volver a rezarle a Ayuso para que le regale una malvada con zapatillas rojas, nada de eso me parece esperanza suficiente para Sánchez. Algo más debe de haber para que Sánchez lo esté tirando todo, y eso es lo que más ha anublado España este puente o esta legislatura.

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