Mundial de Fútbol 2026

Internacional

De las restricciones a Irán a la deportación del árbitro somalí: el bochornoso espectáculo de EEUU a 48 horas de empezar el Mundial 2026

Imagen del sorteo del Mundial celebrado en diciembre
Imagen del sorteo del Mundial celebrado en diciembre | EFE

A dos días de que arranque el Mundial 2026, Estados Unidos ha convertido la previa del torneo en un cúmulo de polémicas que van más allá del fútbol. Lo que debía ser la gran celebración internacional del deporte rey se ha visto empañado por restricciones migratorias, visados emitidos a última hora, denuncias de trato discriminatorio y la exclusión de un árbitro somalí designado por la FIFA. El resultado es una imagen muy poco edificante para un país que aspira a ejercer de gran anfitrión global.

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Una previa llena de ruido

El foco principal se ha puesto en Irán. La selección iraní vivió durante semanas con la incertidumbre de no saber si sus futbolistas podrían entrar en Estados Unidos para disputar el Mundial 2026. A comienzos de junio, la situación parecía desbloquearse con la aprobación de visados para los jugadores, pero la tensión no desapareció. La federación iraní denunció que varios miembros de su cuerpo técnico seguían sin autorización para entrar en territorio estadounidense. Además, también asegura que se habían producido trabas para los aficionados del país.

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La controversia fue creciendo con informaciones sobre visados limitados, permisos exprés de apenas 24 horas y quejas por parte de Irán sobre el trato recibido. El problema no era solo administrativo, sino simbólico. La Copa del Mundo se presentaba como un evento de unión, pero en la práctica una de sus selecciones participantes estaba siendo sometida a un escrutinio extraordinario. En paralelo, el trasfondo político entre Washington y Teherán añadió más combustible a la polémica.

El caso Omar Artan

La otra gran sacudida de la semana ha sido la expulsión del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, uno de los colegiados designados para el Mundial 2026. Artan aterrizó en Miami, pero las autoridades estadounidenses lo retuvieron y lo devolvieron a su país. Esto lo deja fuera del torneo pese a que la FIFA lo había seleccionado para formar parte de la cita.

El caso ha generado una fuerte indignación porque Artan estaba llamado a hacer historia como el primer árbitro somalí en dirigir una fase final mundialista. Que un torneo de tal alcance arranque con la salida forzada de uno de sus árbitros designados resulta especialmente incómodo para la imagen del país anfitrión. Además, el episodio refuerza la percepción de que Estados Unidos no está gestionando el acceso al Mundial con la neutralidad y la claridad que exigiría una cita de este nivel.

Más polémicas en la entrada

Pero el malestar no se limita a Irán ni al caso del árbitro somalí. En las últimas horas también han trascendido otros episodios que alimentan la sensación de que la previa del Mundial 2026 está marcada por controles excesivos y una gestión migratoria muy discutida. La selección de Irak denunció que Aymen Hussein, uno de sus jugadores más relevantes, fue retenido durante horas en un aeropuerto estadounidense. Este episodio fue interpretado por la delegación como un trato desproporcionado.

A esto se suman los controles de seguridad reforzados aplicados a delegaciones como Senegal y Uzbekistán. Las revisiones con detectores de metales, la inspección exhaustiva y los controles adicionales a la llegada han provocado críticas y debate en redes sociales. Aunque estas medidas se justifiquen como parte de los protocolos de seguridad, lo cierto es que visualmente dejan una sensación poco amable y bastante alejada del clima festivo que debería rodear una Copa del Mundo.

Trámites acelerados, pero con filtro

Estados Unidos también ha intentado responder a la presión con medidas que faciliten la llegada de aficionados. Entre ellas, la activación de un sistema de citas prioritarias para visados de personas con entradas oficiales y la aprobación de millones de exenciones de visado. Sobre el papel, el objetivo es agilizar procesos y evitar colapsos en plena antesala mundialista.

Sin embargo, el mensaje que termina calando es otro. El Mundial 2026 está rodeado de un filtro migratorio especialmente severo. La organización ha querido vender eficiencia, pero lo que ha trascendido es la existencia de una barrera muy selectiva para jugadores, técnicos y aficionados. Y eso choca frontalmente con la idea de una Copa del Mundo abierta, inclusiva y pensada para recibir a todos los países.

La imagen del anfitrión

El problema de fondo no es solo cada caso aislado, sino el efecto acumulativo. En términos deportivos, estas decisiones alteran la preparación y la tranquilidad de las delegaciones. En términos mediáticos, alimentan una narrativa incómoda que sitúa al Mundial 2026 como un evento atravesado por la política, la inmigración y la seguridad. Y en términos de imagen, dejan la sensación de que el país que debía proyectar capacidad organizativa está ofreciendo, en cambio, una colección de episodios que rozan el bochorno.

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