Cuando se conoció la sentencia de la Audiencia de Badajoz que condenó al hermano del presidente del Gobierno y al ex secretario general del PSOE de Extremadura a nueve años de inhabilitación por prevaricación, muchos cuadros del PSOE volvieron la mirada al nuevo líder de la federación. Era 14 de julio de 2026, y Álvaro Sánchez Cotrina, apenas tres meses en el cargo, esquivó la ola de indignación que recorría a muchos otros de sus compañeros en otros puntos del país. No arremetió contra los jueces, se aplicó la prudencia: "Huir de las exageraciones, tratar de aplicar la coherencia política y no caer en el fácil y tú más tan recurrente en política es una de mis premisas fundamentales y la quiero seguir haciendo hoy aquí". Guardó los equilibrios: mostró su "máximo respeto" a las sentencias de los tribunales y a la Justicia en su conjunto, expresó su confianza en su "independencia" y a la vez aseguró que comparecía ante los medios "afectado" porque tenía aprecio a los colegas de partido condenados. "Yo también confío y he confiado siempre en su inocencia y creo que van a poder demostrarla en las próximas instancias judiciales para las que van a ejercer su derecho de defensa". Muchos cuadros en el partido creyeron que esa respuesta medida, ponderada, con perfil propio, era el camino.
Sánchez Cotrina (Cáceres, 1986), en muy poco tiempo, ha descollado como uno de los líderes emergentes del PSOE. No es el único, hay más, pero sí es uno de los últimos en sumarse a la lista de nombres propios que en el partido son señalados como referentes a tener en cuenta de cara al futuro. A los que habrá que escuchar. A los que habrá que observar. Con los que probablemente habrá que contar. Perfiles, algunos nuevos, que podrán marcar las siguientes páginas de una formación centenaria. No se trata tanto de la sucesión del líder hoy indiscutido, Pedro Sánchez, sino de la hornada de dirigentes que pueden hacer valer su peso o que son percibidos como una cierta autoridad interna. Aunque en el PSOE todos son conscientes de que será muy difícil retener la Moncloa, el debate sobre el relevo del presidente del Gobierno no está abierto y nadie es capaz de atisbar cómo se irá decantando cuando toque. Sánchez será el candidato a las generales de 2027, lo ha reiterado en multitud de ocasiones y, si pierde el poder, se abrirá un proceso catártico y muy incierto y, como algunos apuntan, puede que asomen alternativas que ahora no están sobre la mesa.
Pero el PSOE no lo compone solo su secretario general, sea quien sea. Ocurra lo que ocurra, por mucho poder que atesore. De ahí que, a muy pocos meses de unas generales, cumplidos tres años de las últimas, en un momento extraordinariamente complicado para el partido por la acumulación de casos judiciales, suenen nombres.
Dirigentes que pueden ser rostros del futuro, que son reconocidos por sus compañeros. Álvaro Sánchez Cotrina, sí, pero son citados otros como Pilar Bernabé, la secretaria de Igualdad de la ejecutiva federal (y candidata a la alcaldía de Valencia); Inés Rey, alcaldesa de A Coruña; Enma López, portavoz adjunta de los socialistas en el Ayuntamiento de Madrid —y candidata en primarias para la alcaldía, aunque perdió hace una semana contra Reyes Maroto—; María Márquez, vicesecretaria general del PSOE de Andalucía o Ángeles Férriz, portavoz adjunta del PSOE en el Parlamento andaluz. También es indudable el peso del president catalán, Salvador Illa, líder a su vez del PSC, el partido hermano más en forma y con mayor fortaleza orgánica e institucional que el PSOE.
La lista podría alargarse más: se apunta a nombres como la secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, la murciana María González Veracruz; o el secretario general de Castilla y León, Carlos Martínez; o la alcaldesa de Palencia, Miriam Andrés; o el líder provincial de los socialistas valencianos, Carlos Fernández Bielsa. Y hay quienes repescan a dirigentes más apartados como el exdiputado Edu Madina, rival de Sánchez en las primarias de 2014.
¿Y del Consejo de Ministros actual? El titular de Transportes, Óscar Puente, es a quien muchos perciben, en este caso sí, como potencial sucesor del jefe del Ejecutivo, y le ayudaría su enorme tirón entre la militancia. Ha crecido enteros el vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, pero, como ocurría con Nadia Calviño, no es militante del partido. Otras ministras como Isabel Rodríguez (Vivienda) o Diana Morant (Ciencia) —esta a su vez secretaria general del PSPV— pueden ganar peso, mientras que Pilar Alegría, exportavoz del Gobierno y líder del partido en Aragón, siempre está en la recámara pese a que desde las últimas autonómicas está centrada en su territorio.
De Cotrina se empezó a hablar más en el PSOE a raíz de la última campaña de las autonómicas. Era el secretario provincial de Cáceres desde marzo de 2025, alcalde de Salorino desde los 25 años, y encabezó la lista por su circunscripción en las elecciones del pasado 21 de diciembre. Sorprendió en los mítines, por saber tocar las tripas del partido, invocando las esencias, por su uso del lenguaje de la calle, por una vehemencia que contrastaba con el estilo más apagado del candidato autonómico y líder regional, Miguel Ángel Gallardo, tocado de muerte —las urnas probaron que también hundido— con su procesamiento en la causa contra David Sánchez, hermano del presidente. Dimitido Gallardo y abierta la carrera sucesoria, gestora mediante, Cotrina se lanzó a las primarias. Y las ganó, por un 58,95%, contra la diputada autonómica Soraya Vega. No lo tenía fácil por el infinito menor peso en número de militantes de Cáceres.
La batalla interna se celebró en abril y se cerró con un congreso extraordinario en el que integró a Vega y a los demás precandidatos. En el partido aprecian que es un barón al que le queda mucho recorrido por delante y que sobre todo debe consolidarse en un territorio que fue feudo histórico de los socialistas hasta 2023 y que en los comicios del pasado 21 de diciembre se precipitó al vacío, bajando de golpe 10 escaños y llegando a una marca pésima, la peor de toda la historia, 18 diputados. Pero le ven "fuerza" y capacidad para ir asentándose.
"Combina juventud con experiencia suficiente en gestión, liderazgo forjado en el territorio, forma parte de una generación formada en la política municipal y despliega una comunicación clara, cercana y adaptada a los nuevos formatos, maneja los nuevos canales y transmite lo que dice sin sonar artificial o impostado", resume un dirigente de su círculo de confianza. "La clave, creo yo —agrega una dirigente regional que siempre apostó por él—, es que es fresco y natural. Habla muy bien, del tirón y con sentido. Es contundente en la defensa de Extremadura hasta un punto en el que a veces parece que confronta con la dirección federal, pero de forma muy sutil, sin estridencias. No se casa con nadie que no sean los extremeños. Y otro punto muy fuerte es que ha conseguido integrar a todo el partido como siempre fue el PSOE de Extremadura. Y no es fácil después de una situación tan difícil y de tanta ruptura recoger a todos bajo tu amparo".
"Álvaro", conviene una integrante de su ejecutiva, "representa una nueva generación de personas comprometidas con los principios del PSOE. Tiene tirón porque su forma de entender la política desde la cercanía y el diálogo es muy necesaria en estos momentos, siempre lo es. Y tiene capacidad de escucha, y pretende trabajar en equipo y construir consensos. Creo que hay que valorar su responsabilidad, y su compromiso con el PSOE. Tiene visión de futuro pero lógicamente le falta rodaje todavía".
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