España

Ion y Henri Parot, los hermanos 'argelinos' que dejaron el rastro más cruel de ETA

Los Parot llegaron de Argelia al País Vasco francés en los 70 y se integraron en la banda. Han pasado 32 y 36 años en prisión por sus crímenes

En ETA son varias las familias que han dejado para siempre su apellido vinculado al horror. El de los Parot Navarro es uno de ellos. Podían haber optado por ser solo Henri y Jean, pero prefirieron convertirse en ‘Unai’ y en Ion Kepa. Los dos hermanos lucharon por la independencia de Euskal Herria recurriendo a las armas y las bombas. Un modo de desprenderse de su ‘partida de nacimiento’ en la Argelia francesa y de su pasaporte francés.

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Ambos han pasado media vida entre rejas y la otra media planeando y ejecutando atentados. El comando al que pertenecieron representa el rastro más sanguinario de ETA. Dejó un balance de 39 muertos y la sombra de haber participado en otros muchos atentados mortales más. El balance de sus condenas lo refleja bien: 4.800 años de prisión en 26 condenas en el caso del hermano pequeño, ‘Unai’, y una cadena perpetua -convertida finalmente en 32 años de prisión- en el del mayor, Jean. Hoy ambos han recuperado la libertad. Ion Kepa, el mayor, salió de la cárcel en 2022. Ahora es el pequeño el que ha accedido a la semilibertad. Lo hace después de pasar 36 años en prisión.

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Ahora a los Parot solo les persigue su pasado. La vida de ambos podría haber sido muy diferente. En los años 50, a su padre le destinaron a la ciudad argelina de Sidi Bel Abbes. Fue allí donde conoció a Antonia Navarro y donde nacerían Ion Kepa, Henri y Ursoa. Aquel país no les pareció el mejor lugar para seguir viviendo con sus tres hijos adolescentes. La decisión fue regresar al País Vasco francés, a Toluse primero y a Bayona poco después. Para entonces, en plena década de los 70, la localidad vascofrancesa ya se había convertido en refugio de los miembros de ETA que cruzaban la frontera. Francia era segura, el país vecino aún no accedía a extraditar a militantes de la banda reclamados por la Justicia española. Para eso hubo que esperar hasta 1984.

El mortífero 'comando Argala'

A los jóvenes Henri y a su hermano mayor, aquella realidad de los 'exiliados' vascos les impregnó pronto. El entorno afín a ETA y a la izquierda abertzale que reivindicaba la independencia por la vía de las armas no les asustó. Ni siquiera los atentados que la extrema derecha comenzaba ya a perpetrar en Iparralde contra militantes de ETA y que casi afecta a uno de los Parot.

En 1978, en plena Transición, ETA se había propuesto desestabilizar aún más el país. Mientras una parte de la organización comenzaba a pensar en el abandono de las armas, el sector más radical de la organización terrorista decidió que era hora de intensificaar los atentados en la nueva etapa democrática que se abría paso.

Los hermanos Parot pasarían a convertirse en el núcleo del comando itinerante de ETA, que llevaría el nombre de uno de sus militantes asesinados por la extrema derecha: José Miguel Beñaran, alias ‘Argala’. El Batallón Vasco Español lo mató con una bomba-lapa el 21 de diciembre de 1978. ‘Argala’ no era un militante más. Su nombre iba ligado a la ‘Operación Ogro’ que acabó con el almirante y presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco el 20 de noviembre de 1973.

Con el 'santuario francés' como refugio, el perfil vasco-francés-argelino de los Parot se convertía en una suerte de salvaconducto para cruzar la frontera España-Francia sin levantar sospechas. Lo sabía bien quien fuera líder de la banda en aquellos años, Domingo Iturbe Abasolo, ‘Txomin’ -quien años más tarde, en 1987, murió en un extraño accidente ocurrido en la Argelia que vio nacer a los Parot-, que aceleró la entrada de los hermanos en la organización.

5.000 años de condena, 39 asesinatos y cientos de heridos

El primer atentado mortal que la justicia española imputa a Henri se remonta a aquel año: el asesinato del empresario José Legasa por haberse negado a pagar el ‘impuesto revolucionario’ que la banda terrorista exigía a los empresarios para financiar sus crímenes. La actividad más intensa de ese comando, uno de los más mortíferos de ETA, se prolongó durante una década. Su atentado más cruel ocurrió el 11 de diciembre de 1987. Aquel coche bomba contra la casa cuartel de Zaragoza dejó un balance difícil de asumir incluso para los terroristas: 11 víctimas, cinco de ellas niños. Ion Kepa Parot decidió abandonar el comando. Tres años después, sería detenido.

Pero antes del atentado de Zaragoza, ‘Unai’ ya había cometido numerosos atentados mortales. La justicia le ha condenado en 26 sentencias hasta sumar cerca de 5.000 años de prisión por asesinatos contra miembros de la Guardia Civil, el Ejército o la Policía. También contra representantes de la justicia, como los asesinatos de la fiscal Carmen Tagle o del magistrado Francisco Tomás y Valiente. Son solo algunos de los 39 asesinatos y cientos de heridos por los que ha sido condenado.

El 2 de abril de 1990 podría haber sido otro día oscuro en el historial de los Parot. Henri conducía un vehículo cargado con 300 kilos de explosivos por Sevilla. Su plan era provocar una masacre a las puertas de la Comandancia de la Policía de la capital andaluza. Pero para entonces, el rastro de los miembros del comando itinerante ya estaba siendo controlado por la policía y pudo ser detenido. Con 32 años, a Henri Parot le quedarían a partir de ese momento 36 años de prisión por delante antes de recuperar la libertad que ahora le ha concedido el Gobierno Vasco en forma de tercer grado. El destino de su hermano mayor también estuvo marcado tras aquel arresto en Sevilla. Pese a haberse desligado del comando, a Ion Kepa no tardaron en detenerle en Francia ese mismo año. Su sentencia: cadena perpetua. No salió en libertad hasta 2022.

La 'doctrina Parot' y su pulso en Europa

Pero hay casos en los que ni siquiera la cárcel es suficiente para cambiar. La última de las sentencias de Henri Parot en realidad es por un delito que cometió en prisión. En 2001 le fue incautada una carta escrita desde la cárcel en la que alentaba a la dirección de ETA a seguir cometiendo atentados. Incluso proponía posibles objetivos: la Audiencia Nacional, el Banco de España, el Ministerio del Interior… Aquella misiva le supuso una nueva condena de 11 años por integración en organización terrorista.

Han sido más de tres décadas de cárcel en las que los dos hermanos Parot han intentado, con el apoyo del entorno de la izquierda abertzale y de organizaciones como Sare de apoyo a los presos de ETA, adelantar su salida de prisión. Más aún, la batalla legal librada por Henri Parot en los tribunales para que los beneficios penitenciarios que se apliquen a un condenado recorten el máximo legal de cumplimiento de la pena y no la suma total de sus condenas la perdió en los tribunales. En 2006 el Tribunal Supremo determinó que los beneficios de reduccion de pena se aplicaban sobre la suma total de penas. En 2013, ante el recurso de otra etarra, Inés del Río, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos anuló la 'doctrina Parot'.

Las movilizaciones en el País Vasco francés e incluso en Euskadi, impulsadas por el entorno de respaldo a los presos, en muchos casos han soliviantado a sus víctimas. Sucedió en 2021, cuando un acto de Sare programado en Mondragón para reclamar la libertad de los Parot tuvo que ser suspendido por el rechazo de las asociaciones de víctimas del terrorismo. Actos que incluso se rebatieron con homenajes de desagravio, como el celebrado en memoria de las víctimas ante el Centro Memorial de Vitoria.

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