España tiene casi 22,8 millones de ocupados, 510.200 más que hace un año, según la última Encuesta de Población Activa (EPA) del INE, correspondiente al segundo trimestre de 2026. El empleo aumenta así un 2,3% interanual, un ritmo inferior al registrado en los años posteriores a la pandemia: llegó a crecer un 6% en el segundo trimestre de 2021, un 4,5% en 2022 y un 3,2% en 2023, antes de situarse en el 2% en 2024 y repuntar hasta el 2,7% en 2025.
Sin embargo, hay una tendencia que evoluciona en sentido contrario: el pluriempleo. El número de personas que tienen más de un trabajo ha aumentado en 70.000 en el último año, hasta alcanzar las 651.200. Se trata del tercer mayor incremento de toda la serie histórica, que comienza en 2002, y supone un crecimiento interanual del 12%, es decir, más de cinco veces superior al registrado por el conjunto de la ocupación.
Más empleo, pero marcado por la precariedad
El Gobierno de Pedro Sánchez ha convertido el crecimiento económico y los récords de empleo y afiliación en uno de los principales argumentos para reivindicar los buenos resultados de su política económica. El propio presidente defendió durante su último balance del curso político que España estaba creando "más y mejor empleo" y llegó a calificar la evolución del mercado laboral como un "éxito de país".
Si bien los datos de ocupación confirman que hay más personas trabajando, el aumento del pluriempleo introduce otra dimensión en esta fotografía: no solo importa cuántos empleos se crean, sino también por qué algunos trabajadores necesitan acumular más de uno.
En este sentido, un análisis publicado este martes por Randstad Research, elaborado a partir de una encuesta a 5.700 trabajadores, indica que el 56% de los encuestados tienen más de un empleo por motivos económicos. Concretamente, el 25% señala como principal razón la necesidad de llegar a fin de mes; el 20% busca aumentar su capacidad de ahorro y otro 11% necesita un segundo empleo para saldar deudas o afrontar imprevistos. Además, el informe encuentra un amplio consenso entre los trabajadores sobre el origen de esta situación: el 86% considera que los salarios actuales empujan a muchas personas a buscar más de un trabajo.
Así, aunque el pluriempleo no implica obligatoriamente precariedad —también puede responder a decisiones voluntarias para aumentar el ahorro o desarrollar una actividad profesional—, su evolución introduce un matiz en el relato de fortaleza del mercado laboral que defiende el Gobierno. Porque si el empleo es uno de los pilares del actual modelo de crecimiento, también conviene mirar cómo y quién está sosteniendo este aumento de la ocupación y hasta qué punto la fortaleza que reflejan los grandes datos macroeconómicos se corresponde con la realidad que perciben las familias en su día a día.
Los nacidos en España representaron solo el 24% del empleo creado en el último año
En este sentido, como llevan señalando desde la pandemia los centros de estudios económicos, el modelo de crecimiento de España descansa sobre la incorporación de trabajadores extranjeros. Y es que, según los datos de la EPA, solo el 24% de los 510.300 empleos creados en el último año se corresponden con personas con nacionalidad española y el 76% restante procede de trabajadores con doble nacionalidad o extranjeros.
De hecho, no solo se trata de una cuestión de volumen, sino también del ritmo al que crece el empleo entre unas nacionalidades y otras. Mientras la ocupación entre los trabajadores con nacionalidad española aumentó un 0,7% en el último año, el número de ocupados con doble nacionalidad creció un 9,4% y el de extranjeros un 7,8%. En términos absolutos, esto supone 122.500 ocupados españoles más, frente a 116.300 con doble nacionalidad y 271.300 extranjeros.
No obstante, la otra cara de esta incorporación masiva de trabajadores extranjeros está en el tipo de empleo que ocupan. Un estudio de Funcas revela que el 76% de los inmigrantes se concentran en trabajos de baja y media-baja cualificación. Por tanto, aunque la incorporación de estos trabajadores tiene un impacto directo sobre el tamaño de la economía —más población activa, más empleo, más consumo, más actividad y mayor recaudación—, la inmigración por sí sola no resuelve los problemas estructurales de la economía española: la baja productividad y la debilidad de los salarios.
Y es precisamente en este punto cuando aparece una de las claves de la distancia entre las cifras macroeconómicas y la percepción de los hogares. Una economía puede incorporar y pluriemplear a más trabajadores, producir más y crecer a mayor ritmo sin que este aumento se traduzca necesariamente en una mejora equivalente de los ingresos y las condiciones económicas de cada trabajador.
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