Elecciones Generales 29N

España

Tras una legislatura de alta tensión

Una campaña a cara de perro: de "involución democrática" a "pucherazo" electoral

Los partidos abonan una campaña de extrema polarización inédita en democracia con el rechazo de los decretos de vivienda como punto de inflexión

Una campaña a cara de perro: de "involución democrática" a "pucherazo" electoral
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una ejecutiva en Ferraz, este lunes, tras la convocatoria de generales | EFE/ Juanjo Martín

La actual convocatoria nace de una dicotomía, y sobre dicotomías se va a enhebrar todo el relato político hasta la fecha electoral del 29 de noviembre. Un Parlamento roto en dos provocó ese adelanto con la no convalidación de los dos decretos de vivienda que hoy vuelven a estar en vigor tras reaprobarlos el Consejo de Ministros para darles el pase definitivo en la Diputación Permanente sin Junts. Y tras el anuncio de disolución de las Cortes del lunes, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, puso la primera piedra de su narrativa electoral: la disyuntiva entre "retroceder" con un Ejecutivo de PP y Vox o "seguir avanzando" con un Gobierno progresista. Dejó ideas similares para ahondar ese antagonismo. Desde "sumarse a esa ola ultraderechista que involuciona" y al interés de "una minoría privilegiada, de élites", o que España siga siendo "un baluarte de apertura, de justicia social y de responsabilidad medioambiental".

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La estrategia es clara. En comunicación política, puede denominarse como el marco nosotros-ellos clave en los encuadres populistas pero que en los tiempos contemporáneos todos usan, especialmente porque cada vez la mayor motivación del voto es evitar que gobierne el de signo contrario, indiferentemente de las propuestas. Son campañas en negativo. También se denomina como 'encuadre de conflicto binario'. Es decir, situar una narración totalista en la que la que todo está en riesgo. Desde la izquierda se alienta la incertidumbre que en cuestiones sociales y sobre el Estado del bienestar supone la llegada de la derecha y la ultraderecha. Lo hacen con la vivienda como principal eje de campaña, pero también han aprovechado algunas declaraciones de las últimas horas para amplificar el foco de esa estrategia política. Un ejemplo son las consideraciones del portavoz de Economía y Desregularización de Vox, José María Figaredo, decantándose por un modelo de pensiones mixto dada las exigencias de replantear el sistema.

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Durante la comparecencia de este martes en Moncloa tras aprobar nuevamente las medidas de vivienda que han dinamitado la legislatura, Sánchez abonó la tesis de 'derechas o derechos', y apostó por otra derivada de ese marco antagonista: deshumanizar al adversario para golpearle. La medidas de los decretos tumbadas por PP, Vox y Junts "no son una cuestión ideológica, sino de humanidad. No tiramos la toalla ni dejamos tirada a la gente".

En una competencia electoral que ya juega por bloques, las palabras de los partidos de Sumar –mientras que Podemos participa aunque dispara a todas direcciones como fuerza crítica– añaden más madera al fuego en un lado del eje ideológico y de cara a una campaña electora que apunta a ser mucho más intensa que la de 2023, con un choque frontal entre polos. Figuras como el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, planteó las elecciones como un 'referéndum' sobre vivienda, lo que delimita a un sí o un no el asunto. Y, además, el propio planteamiento de Frente Amplio aboga por el contraste: o gobierno "de izquierda transformadora" o del "frente del rentismo" en alusión a PP, Vox y Junts. Se llega a plantear la idea de una derecha antidemocrática en toda la izquierda.

Intensidad en las redes sociales

Apenas 48 horas después del adelanto, más allá de los reproches políticos o por la gestión de primer plano, se viene dando un clima de ataques directos y personales en plazas como las redes sociales, sin filtros, lo que agrava esa tensión. Se adquieren las formas que desde hace unos años, aunque ahora con mayor contención, viene poniendo en práctica Vox. La principal 'guerra digital' que se ha puesto sobre la mesa tanto el lunes como el martes ha sido entre PP y PSOE. Como respuesta a esa dicotomía de Sánchez, las redes del PP han arremetido con dureza contra los socialistas. No sin llevarse respuesta desde Ferraz por ello.

Nada más anunciar Sánchez la convocatoria, el PP publicó un spot con el lema 'Por fin', diferenciando la gestión del PSOE con la que será la popular y utilizando esas dos palabras para contraponer el final del 'sanchismo' con la apuesto por Alberto Núñez Feijóo. Desde Génova intentan desmontar ese relato centrado en la vivienda y en la supresión de derechos que ya fue útil a Sánchez en 2023 por el ascenso autonómico y municipal de Vox y la entrada en algunos gobiernos regionales como el de Carlos Mazón en la Comunidad Valenciana. Y sobre ese mismo eje, de incentivar el debate constante sobre Vox más que con el PP para mostrarse Sánchez antagonista, están en Moncloa. Tanto el PP como su anuncio hablan de dejar de lado un periodo oscuro y dar entrada a las libertades. Durante las últimas horas Feijóo ha plateado su modelo como el de 'cambio' frente a uno de estancamiento. Viene siendo cotidiano desde 2022, en todo caso. "Volveremos a ser un gran país" o "recuperaremos la confianza" fueron frases de apoyo entre propuestas de incremento económico o de construcción de vivienda que el gallego trasladó a los empresarios en el Congreso de Empresa Familiar. No termina de convencerles de todo, sin embargo.

Y mientras los dos principales partidos confrontan modelos de gestión, a través de sus respectivas cuentas en redes sociales, como en X, calientan el ambiente. El ministro de Transportes, Óscar Puente, cotidiano de esas estancias, aseguró que en la declaración institucional de Feijóo este lunes desde Génova, como respuesta a la convocatoria de Sánchez, parecía tener miedo. "Se huele el miedo", escribió el ministro. Pronto, el equipo de redes del PP contestó con un vídeo de Puente en el momento en el que se rompió el cuádriceps derecho en 2023 durante una visita a unas obras en Valladolid durante su etapa de alcalde. Eso ha revolucionado las redes, especialmente entre perfiles de izquierda que en legislatura anteriores han tenido puestos de responsabilidad en Podemos, como Ramón Espinar o Roberto Sotomayor. Ambos reprocharon haber pasado límites y el segundo lamentó que no distinguía al PP de Vox.

El ministro reaccionó con una publicación de prensa que recogía el asunto y adjuntó al tuit del PP una imagen de la cicatriz justo después de su operación. Incluso aprovechó unas palabras del portavoz nacional del PP, Borja Sémper, en las que este apostaba por la unidad, para cuestionarles haber "naturalizado una miseria moral" que "corre de arriba a abajo" al PP incluido al portavoz. Más allá de Puente, muy duro regularmente por las redes, el PSOE acusó directamente a Génova de dar "un gran ejemplo de cómo ser unos miserables". Incluso vuelven a sacar la foto de Feijóo con el narco Marcial Dorado para responder a la presión de figuras como el secretario general popular, Miguel Tellado, en relación al asunto de la jueza Biedma y la causa de David Sánchez.

Mientas que Vox plantea cotidianamente esta distinción, con un 'O Vox o el sanchismo', incluso una dicotomía entre 'españoles de bien' y los que no lo son, o con la inmigración, ellos-nosotros, los de Santiago Abascal allanan la campaña con palabras gruesas, declarando que es la "última oportunidad" a la vez que situan a su partido como única esperanza. Pero si hay una apuesta decidida que a la vez polariza es la de levantar dudas respecto al sistema electoral, algo que las malas prácticas legislativas como las cometidas con la Ley de Nietos, ampliada mediante una instrucción y sin contar con el Congreso, no ayudan a mermar.

Preguntadas fuentes de PP y de PSOE, todas reducen a la sobreactuación del contrario la polarización. El PP incluso ha empezado ya con denuncias ante la Junta Electoral al considerar que la rueda de prensa en Monclo tras la aprobarse los decretos ha sido un mitin.

Cuestionamiento inédito de las garantías electorales

En el manual cotidiano de la comunicación política, la generación de desconfianza del rival es clave. Y dependiendo de la radicalidad de quien hace uso de él, se amplifica más o menos. Vox, tomando como referencia al trumpismo y la deslegitimación del resultado electoral en 2020, ha ido sembrando dudas puntuales como con el voto por correo de 2023, que ahora con acciones como esa 'Ley de Nietos' le ha permitido agitar y magnificar la incertidumbre por Sánchez, ligado todo a esa deshumanización y planteamiento de que se aferra al poder por encima de todo. Y aprovechando cuestiones como la 'trama Koldo' y la condena a José Luis Ábalos o la investigación a Santos Cerdán o José Luis Rodríguez Zapatero para hacer calar calificativos como el de "mafia".

En este inicio de semana ya preelectoral, tanto Abascal en varias intervenciones, como otros rostros de su partido alientan de la falta de garantías del voto por correo como lo hizo Trump también en las últimas presidenciales, que ganó en 2024. En una comparecencia desde Bambú, pidió ejercer el voto presencialmente. Reiteró el asunto su portavoz parlamentaria, Pepa Millán, este martes recordando la compra de votos en Melilla en 2023, algo que no supuso alteraciones en el resultado. Las dudas sobre el fraude electoral predisponen a un discurso post elecciones si el resultado no es el esperado. Aunque en esas, han entrado algunas de las capas más duras del PP, mientras que algunos responsables coquetean con la materia frente al Gobierno.

Es un tema que polariza incluso dentro del PP. No por el contenido, sino por ver hasta qué punto se hace seguidismo a Vox en esa radicalidad. Isabel Díaz Ayuso, el lunes tras la convocatoria de generales, instó a "que a nadie se le ocurra votar por correo". Al mismo tiempo cuestionó el incremento del censo electoral en Madrid por la 'ley de nietos'. El voto por correo ha crecido en los últimos años, especialmente en época estival, pero sigue suponiendo un voto residual del conjunto del recuento en urnas. Incluso José María Aznar desarrolló la idea durante su intervención en un acto en Sevilla. Acusó al Ejecutivo directamente de una "alteración del censo electoral que sirva para buscar determinadas ventajas" con ese voto exterior y de los nuevos nacionalizados, sobre el que el Supremo tendrá que decidir tras suspender cautelarmente el derecho al voto. Añadió Aznar en referencia a las primarias del PSOE en 2016 y las acusaciones de pucherazo: "Quien lo hizo en su casa, en su partido, es capaz de hacerlo en la casa de todos". A ello reaccionó el PSOE.

El debate de vivienda, un punto de inflexión

Durante la legislatura el clima de polarización ha revasado a todas las fuerzas políticas de seguido a una tendencia al alza en todo Occidente. Desde 2023 a ahora, ha habido algunos episodios destacables, desde la amnistía, las protestas ultra frente a Ferraz o las investigaciones al entorno más directo de Sánchez. En el pleno se han dado momentos de tensión, de insultos, y de enfrentamiento directo con la autoridad. Desde descalificativos contundentes en debates como el de la amnistía, como "traidores" y "corruptos", a "filonazi" entre derechas e izquierdas. En abril de este año, el diputado de Vox José María Sánchez traspasó límites para subir a encararse con el vicepresidente en la Mesa del Congreso, lo que supuso su expulsión.

Pero el pleno de este viernes pasado supuso un punto de inflexión por el grado de descalificativos escuchados a izquierda y derecha por la división en el debate. Gabriel Rufián llamó "clasistas de mierda" a Junts, dejando ver la ruptura de unos exsocios al que el procés unió pese a sus diferencias ideológicas. El ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, calificó de "vendepatrias" a las derechas y de "traición" al pueblo. Un concepto que ha sido expresado continuamente por la derecha durante todo el mandato. La ausencia de "vergüenza" fue expresado por ambas partes. Alberto Ibáñez, de Compromis y Sumar, se refirió a PP, Vox y Junts como "parásitos, especuladores y buitres". Figaredo definió a la izquierda como "revolucionarios de cartón". Sergio Sayas, del PP, mencionó palabras como "estafa" o izquierda de "países bananeros".

El clima se ha extendido al debate público, a las televisiones, con audiencias en asceno, o a las protestas sociales. La campaña empezará el próximo 13 de noviembre, pero todo apunta a una tensión extrema que superará las previsiones y cualquier precedente en unas generales de las quince que se han celebrado en democracia.

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