La alta velocidad ferroviaria es una de las señas de identidad del transporte español desde que el primer AVE unió Madrid y Sevilla el 21 de abril de 1992. Durante más de tres décadas, la red ha mantenido un nivel de seguridad elevado, pero no ha estado exenta de incidentes, descarrilamientos y tragedias que han obligado a revisar protocolos, infraestructuras y sistemas de control.
El accidente de Adamuz, en enero de 2026, reabrió el debate sobre la seguridad de los trenes en España. Aunque el convoy inicial era un Iryo y no un AVE de Renfe, el siniestro ocurrió en la red de alta velocidad. Con ello, se convirtió en el accidente más grave de este segmento en el país. A esta preocupación se le suma la suspensión de la línea entre Madrid y Andalucía provocada hoy por un choque entre dos trenes en Urda (Toledo). Este nuevo incidente vuelve a poner el foco sobre la seguridad y la gestión operativa del corredor sur.
Adamuz, el golpe más duro
El 18 de enero de 2026, un tren Iryo que cubría la ruta Málaga-Madrid descarriló cerca de Adamuz, en Córdoba. Parte de sus coches invadió la vía contraria y fue embestida por un Alvia de Renfe con destino a Huelva.
El balance fue de 46 víctimas mortales y más de un centenar de heridos. Fue el primer choque entre dos trenes registrado en la red de alta velocidad española y el siniestro más grave de este tipo de transporte desde su puesta en servicio.
La principal hipótesis de la investigación apunta a una rotura en la soldadura de un carril. El informe preliminar de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios identificó esa fractura como desencadenante del descarrilamiento. Aun así, la causa definitiva y las posibles responsabilidades siguen sin cerrarse.
Angrois, la mayor tragedia reciente
El peor accidente ferroviario de España en las últimas décadas no lo protagonizó un AVE, sino un Alvia de Renfe. El 24 de julio de 2013, el tren Madrid-Ferrol descarriló en la curva de A Grandeira, en Angrois, a la entrada de Santiago de Compostela.
Murieron 80 personas y resultaron heridas 144. El convoy circulaba a unos 191 kilómetros por hora en un tramo limitado a 80, una velocidad muy superior a la permitida. El suceso marcó un antes y un después en la seguridad ferroviaria española y llevó a un largo proceso judicial por los delitos de homicidio y lesiones imputados a los responsables técnicos y al maquinista.
Aunque el Alvia no es un AVE en sentido estricto, forma parte del ecosistema de la alta velocidad y del parque de trenes de ancho variable. Por ello, Angrois es una referencia inevitable al analizar los accidentes que han sacudido al ferrocarril español moderno.
El nuevo choque en Urda ya supera las decenas de fallecidos
Un nuevo siniestro en la red de alta velocidad vuelve a conmocionar al país tras el choque registrado en Urda (Toledo). Su balance de víctimas no ha dejado de agravarse con el paso de las horas hasta superar ya las decenas de fallecidos. El accidente se produjo por un alcance entre dos convoyes en la línea que conecta Madrid con Andalucía. Esto ha obligado a Adif a interrumpir por completo la circulación en el corredor sur mientras los servicios de emergencia y rescate trabajaban en la zona para atender a los heridos y evacuar a los pasajeros atrapados.
Este suceso añade una enorme presión sobre la seguridad del transporte ferroviario español en un momento especialmente sensible para la infraestructura. La dimensión de la tragedia ha reencendido el debate público y político sobre el estado del sistema, los protocolos de señalización y las condiciones operativas de unas líneas que soportan una densidad de tráfico inédita tras la liberalización del sector.
Incidentes del AVE
El AVE también ha registrado descarrilamientos, aunque sin las consecuencias mortales de Angrois o Adamuz. Uno de los casos más conocidos ocurrió el 12 de mayo de 2017, cuando el AVE 0043, que cubría la ruta Sevilla-Málaga-Barcelona, descarriló en Brazatortas, en la provincia de Ciudad Real.
En aquel incidente no hubo heridos, pero el tren salió de la vía y se produjeron retrasos en otros servicios. El caso demuestra que los descarrilamientos de AVE no eran inexistentes antes del accidente de Adamuz, como a veces se ha afirmado en redes sociales.
La diferencia entre estos episodios y las grandes tragedias está en la velocidad de impacto, el número de trenes implicados y la capacidad de los sistemas de seguridad para contener las consecuencias. En Adamuz, la invasión de la vía contraria y la colisión posterior multiplicaron la gravedad del fallo inicial.
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PARA ESTO SI QUE ADIF TIENE DINERO. La amante de José Luis Ábalos que trabajó vinculada a ADIF era Jéssica Rodríguez. Trabajó primero en Ineco y después en Tragsatec, empresas cuyos servicios estaban vinculados a proyectos de ADIF. Según las informaciones publicadas, habría cobrado durante ese periodo sin realizar el trabajo correspondiente. PARA SEGURIDAD NO HAY DINERO