La política ha vuelto a sentarse en el sofá de David Broncano. Cinco días después de que Pedro Sánchez estrenara la ronda electoral de La Revuelta, Irene Montero y Gabriel Rufián han desembarcado juntos en el programa de RTVE en plena precampaña de las elecciones generales del 29 de noviembre. Y esta vez la política apareció incluso antes de que comenzaran las preguntas.
Los tradicionales regalos a Broncano tuvieron otros destinatarios. Montero no llevó ninguno para el presentador. Reservó unas rodilleras para Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo, en respuesta a las alusiones de carácter insinuante que, según denunció, suelen dedicarle. La exministra devolvió el golpe asegurando que los “sometidos” son ellos, por su relación política con Donald Trump y Benjamin Netanyahu.
Rufián tampoco quiso desaprovechar el momento. Para Abascal llevó un despertador, con la pulla de que el líder de Vox “nunca está a las nueve en el Congreso”. Y pensando en una eventual visita de Feijóo al programa preparó algo distinto: una fotografía de Pablo Casado. Su explicación fue sencilla: cree que el presidente del PP “palmará las elecciones”.
🎁 Los regalos de Gabriel Rufián e Irene Montero Cómo se lo han pasado eligiéndolos, eh #LaRevuelta @IreneMontero @gabrielrufian https://t.co/dZzC87BEkV
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Ni siquiera quedó fuera de la broma el perro que Sánchez recibió durante su entrevista de la semana pasada. Montero y Rufián llevaron una correa para el animal. El motivo: evitar “que tire a la derecha”.
Fue el aperitivo de una entrevista en la que ambos aprovecharon el tono distendido de La Revuelta para trasladar algunos de los mensajes con los que Podemos y ERC afrontan la campaña. Porque una vez repartidos los regalos, Broncano entró en política.
Rufián dejó claro que no tendría inconveniente en que el PSOE volviera a encabezar el Gobierno después de las elecciones. La condición estaría en quién consigue marcarle el rumbo. Su apuesta pasa por un Ejecutivo socialista condicionado por Podemos, ERC y el resto de formaciones de izquierdas.
Una idea que encaja con el discurso que ambos vienen defendiendo desde que sellaron su alianza electoral: mantener al PSOE en el Gobierno si los números lo permiten, pero desde una izquierda capaz de “someter” sus políticas y obligarle a avanzar más. En su primer acto conjunto de campaña ya habían planteado precisamente esa relación de fuerzas.
Que voten lo que quieran, pero que voten izquierda
Montero aprovechó la conversación para explicar también su ruptura con el espacio de Sumar, que atribuyó a su progresivo acercamiento a los socialistas. Broncano puso entonces sobre la mesa uno de los grandes problemas que arrastra la izquierda: su fragmentación. Rufián lo resolvió sin pedir directamente el voto para unas siglas concretas. “Que voten lo que quieran, pero que voten izquierda”, resumió.
Crisis migratorias sin asumir el marco de la xenofobia
La inmigración dio pie a uno de los intercambios más ideológicos de la noche. Rufián sintetizó primero su diagnóstico: “Ser de derechas es muy fácil porque la culpa siempre es de un inmigrante”.
Broncano quiso saber cómo puede responder la izquierda a las crisis migratorias sin asumir el marco de la xenofobia. Montero situó la respuesta en los servicios públicos. “No hay nada más terrorífico que tener unas condiciones de mierda y echar la culpa a alguien que está mucho peor”, sostuvo.
La dirigente de Podemos reclamó cambiar el foco y contrapuso el debate constante sobre la inmigración con la menor atención que, a su juicio, reciben quienes utilizan la vivienda como inversión. Rufián incidió en una idea parecida: “La derecha y la ultraderecha critican al inmigrante por pobre”. La izquierda, defendió, tiene que ofrecer un discurso que combine “inclusión y seguridad”.
Y si hubo un asunto en el que ambos quisieron detenerse fue la vivienda.
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Rufián aseguró que ya había avisado al PSOE de que el problema terminaría pasándole factura. No es una cuestión nueva para el dirigente de ERC. En anteriores visitas al programa había defendido el principio de “una familia, una casa”, mensaje que Podemos y ERC han convertido ahora en uno de los ejes de su campaña.
Montero fue más allá al concretar las medidas: prohibir la especulación, limitar la adquisición de vivienda cuando su finalidad no sea residir en ella y reducir un 40% el precio del alquiler. A eso añadió dos de las propuestas económicas que Podemos está defendiendo en campaña: subir el salario mínimo y reducir la jornada laboral.
La conversación derivó entonces hacia hasta dónde debería llegar la intervención del Estado. Montero defendió que los sectores estratégicos vinculados a necesidades básicas no deberían servir para hacer negocio y se mostró favorable a recurrir a expropiaciones. Ahí volvió a marcar distancias con Sánchez: “El PSOE jamás se atreverá a eso”.
De Errejón al feminismo
El tono cambió cuando Broncano llevó la conversación al feminismo y preguntó a Montero cómo veía la situación actual del movimiento. La exministra reconoció que queda “mucho por hacer” y lamentó que se haya instalado la sensación de que las reivindicaciones feministas han llegado demasiado lejos.
Rufián aprovechó entonces para reivindicar su papel. “El feminismo ha parado al fascismo”, aseguró antes de recordar el acoso que Montero sufrió durante meses frente a su domicilio familiar.
“Irene tuvo en su casa a nazis gritándole con sus hijos en casa y nadie le dijo nada ni le preguntó”, señaló. Y remató: “Yo estoy orgulloso de estar hoy a su lado”.
La conversación llevó inevitablemente hasta Íñigo Errejón. Broncano preguntó a ambos cuánto les había sorprendido el caso que terminó provocando su abandono de la política.
Montero dejó una de las frases más contundentes de la entrevista. “Yo creo que lo sabía bastante gente”, respondió. A su juicio, es precisamente el poder el que proporciona a determinados hombres una sensación de impunidad.
Rufián, al tener que cuantificar en una escala el grado en que le había sorprendido, lo situó en un diez.
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La mirada hacia el futuro cerró buena parte del contenido político. Preguntados por aquello que más les preocupa de cómo pueda ser España dentro de diez años, Montero volvió a los bienes básicos: que vivienda, alimentación o energía continúen sometidos a la especulación.
Rufián respondió con una preocupación menos económica y más cultural: “Me preocupa que esté de moda ser un cabronazo”. También mostró su temor a que una futura mayoría de derechas tenga capacidad suficiente para reformar la Constitución de una manera que, sostuvo, perjudique a la mayoría social.
Y todavía encontró tiempo para promocionar su libro, Cómo ganar a los fachas (leer antes de votar), cuando llegó el turno de otra de las preguntas clásicas del programa: el dinero.
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