El recuento de los votos ha finalizado en Israel. Aunque el partido de Benjamín Netanyahu emerge como primera fuerza política de estas elecciones, el bloque del primer ministro no ha conseguido los suficientes escaños para una mayoría que le permita formar gobierno. Se inicia una etapa de negociaciones e incertidumbre, que podría desembocar en una repetición electoral. Un periodo que Netanyahu podría aprovechar para atacar Irán, sobre todo si Donald Trump se atreve a hacerlo tras las elecciones de medio mandato.

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Una vez se confirman los resultados de las elecciones legislativas en Israel, el primer ministro puede respirar tranquilo. Él no puede formar gobierno, pero tampoco la coalición opositora, que necesitaría el apoyo de los partidos árabes, una posibilidad que no termina de convencer al general Gadi Eisenkot, el líder del bloque anti Netanyahu.

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Mientras los políticos israelíes se sientan a negociar, en Estados Unidos se celebran las elecciones de medio mandato este martes. Una cita fundamental para Donald Trump, que podría ver esfumarse la mayoría republicana en el Congreso. Las midterms medirán el sentir de la opinión pública norteamericana tras la guerra de Irán, que ha elevado el coste de vida del electorado. Sin embargo, independientemente del resultado de las elecciones, el inquilino de la Casa Blanca ha expresado su intención de volver a atacar la República Islámica después de los comicios. Y Netanyahu lo tendría muy fácil para unirse a una nueva ofensiva.

El 3 de noviembre, fecha clave

La Knesset (el Parlamento israelí) se compone de 120 escaños. El bloque de Netanyahu controla 53 después de las elecciones. Pero la coalición opositora solo ha logrado 48 diputados; los otros 19 corresponden a los partidos árabes. Este bloqueo parlamentario es un balón de oxígeno para Bibi (el mote cariñoso de la infancia que aún conserva el primer ministro).

"Si Eisenkot hubiera ganado la batalla de los bloques sobre Netanyahu, como pronosticaban las encuestas, podría haber comenzado a formar gobierno antes de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos", explica Yonah Jeremy Bob en un artículo para el Jerusalem Post. Si se hubiese dado ese escenario, el periodista israelí ve "dudoso" que Netanyahu hubiera podido ordenar un nuevo ataque contra Irán.

Antes de las elecciones, el Canal 12 israelí –el más visto en el país y de tendencia centrista– desveló que se había producido un "enfrentamiento sin precedentes" entre el primer ministro y el jefe del Estado Mayor del Ejército, Eyal Zamir. Según esta información, Netanyahu quería atacar Irán los días previos a la cita electoral, pero el líder de las Fuerzas Armadas se negó. Zamir no quería que una reanudación de la guerra influyese en los resultados o, en el peor de los escenarios, que la respuesta iraní obligase a suspender las elecciones.

Según los medios israelíes, Zamir tampoco desea atacar a la República Islámica si no es de la mano de sus aliados estadounidenses. Y, una vez se celebren las midterms, la Casa Blanca se podría animar a dar el paso. Tal y como señala Yonah Jeremy Bob en su artículo: "Si Trump finalmente opta por atacar, no podría llegar en mejor momento para Netanyahu".

Qué gana Netanyahu

A diferencia de EEUU, donde la guerra contra Irán es tremendamente impopular, en Israel no se da esta circunstancia. Cuando Netanyahu anunció en junio el fin de los ataques contra Teherán, más del 65% de los israelíes consideraba que detener la guerra no beneficiaba a los intereses de su país, según un estudio del Instituto Israelí para la Democracia.

En Israel, la población apoya el conflicto. Si se atiende a los resultados de las elecciones, la mayoría de los judíos israelíes han preferido al Likud de Netanyahu o alguna de las formaciones ultraconservadoras que conforman su bloque. Aunque han perdido la mayoría en la Knesset, no ha habido un voto de castigo contra los partidos del Gobierno, que han promovido la guerra con Irán. Así, de cara a una repetición electoral, reanudar el conflicto podría traducirse en más votos.

En un análisis para la agencia Associated Press de marzo de este año, Josef Federman analizó la posibilidad de que Netanyahu adelantase las elecciones. Aunque finalmente no sucedió –se han celebrado el 27 de octubre–, el periodista escribió entonces sobre la posibilidad de que el primer ministro intentase aprovechar "una victoria rápida y decisiva sobre Irán" para mejorar su imagen pública.

En aquella ocasión, la guerra se estancó y su coalición no se benefició especialmente del conflicto. Ahora sucedería lo mismo. Si Netanyahu decide atacar Irán, una guerra prolongada, con víctimas israelíes, no aumentaría su popularidad de cara a unas elecciones.

Otra opción sería que un hipotético ataque contra Teherán, con la consecuente lluvia de misiles iraníes que caerían contra Tel Aviv como represalia paralizase las conversaciones para formar gobierno o retrasase la repetición de elecciones. Pero la oposición ya ha criticado los intentos de "arrastrar" a Israel a una nueva guerra por parte de Netanyahu.

No a la guerra, pero con matices

En conversación con El Independiente, Jason Campbell, investigador del Middle East Institute, subraya que "la animadversión hacia Irán sigue siendo alta en todo Israel". El experto destaca que, por lo general, los partidos políticos que compiten por el liderazgo del país respaldan una "política de seguridad asertiva". De hecho, Eisenkot ha manifestado su apoyo a la doctrina de la paz "a través de la fuerza" de Trumo.

Así, la discusión sobre la guerra con Irán se centra en el momento. "Podría surgir cierto debate interno sobre la sensatez y los motivos de cualquier orden militar a corto plazo dictada por Netanyahu", aventura Campbell. En este sentido, Eisenkot ha instado a la cúpula militar israelí a resistir las presiones del primer ministro para lanzar un ataque contra suelo iraní. Pero lo ha hecho para que Netanyahu no use la seguridad nacional para sus propios fines políticos, no porque se oponga a la confrontación con Irán.

A nivel legal, no existe ningún impedimento para que Netanyahu ataque a Irán. Y, aunque le ley israelí permite posponer las elecciones en circunstancias especiales, una reanudación del conflicto con la República Islámica no implicaría necesariamente dicho retraso. De hecho, las elecciones nacionales se han pospuesto a causa de una guerra solo una vez en la historia, durante la Guerra de Yom Kippur en 1973 .