El viernes pasado se quedó con las ganas. Rodrigo Rato esperaba entonces haber sido interrogado en el juicio de las tarjetas black. Pero la presidenta del tribunal -para sorpresa del propio acusado, de muchos de los abogados, y también de toda la tribu de periodistas que siguen el proceso en la sede de la Audiencia Nacional de San Fernando de Henares- decidió suspender la sesión después del interrogatorio de Miguel Blesa, su antecesor al frente de Caja Madrid.

Rato daba por hecho que respondería a las preguntas del fiscal y de su abogado el viernes. Lo habría preferido. Llevaba un puñado de papeles con apuntes para su declaración. Pero con las mismas los guardó sin darles uso en la cartera que portaba (una cartera que se parecía demasiado a las que utilizaba cuando era vicepresidente económico de los gobiernos de José María Aznar). Hasta hoy.

Rato, que fue presidente de Caja Madrid desde enero de 2010 y luego presidente de su heredera Bankia hasta mayo de 2012, ha seguido hasta ahora una estrategia de defensa muy parecida a la que desarrolló el propio Blesa. Ambos insisten en que no crearon el sistema de reparto de las tarjetas opacas, sino que el tinglado ya se lo encontraron en marcha, y en que estaban convencidos de que en todo caso era legal y formaba parte de la retribución del cargo.

«El sistema de tarjetas estaba fijado cuando yo llegué», se defiende el exministro de Aznar

«El sistema de tarjetas y los límites de gasto estaba fijados con carácter anual cuando yo llegué» a la caja, ha subrayado el expresidente. «La cuantía que podía gastar estaba fijada, y yo la agotaba. Estaba dentro de mis posibilidades, de mi derecho», ha apuntado, «Eran parte de mi retribución como miembro del comité de dirección [de Caja Madrid], no es que fuera adicional».  El expresidente ha confirmado que el exdirector financiero de Caja Madrid ldefonso Sánchez Barcoj le entregó dos tarjetas al día siguiente de incorporarse a la entidad, una para su uso personal con carácter remuneratorio y otra para gastos de representación. En concreto, la tarjeta de remuneración, «me dijeron que para gastos personales».

En paralelo, el exbanquero y expolítico ha subrayado que la fórmula de reparto de tarjetas opacas en Caja Madrid era «perfectamente legal» y «homologable a lo que existía en el resto del sector financiero». Rato ha explicado que la reforma de la Ley de Cajas de 2003 permitía este tipo de retribuciones, y que en la caja ya tenían los consejeros y los directivos las visas tras ser aprobadas en 1988 y en 1994, respectivamente. De hecho, para apoyar la legalidad de la retribución Rato ha desvelado que Bankia, aún en 2015, ha seguido declarando en diferentes inspecciones de Hacienda los gastos de las black como gastos deducibles para los ejercicios 2011 y 2012. «Si es irregular, no es deducible. Incluso después de que Bankia denunciase estos gastos como irregulares, lo han seguido declarando como deducibles», ha añadido.

Para el exvicepresidente del Gobierno ccon el PP y exdirector gerente del FMI, las tarjetas «eran legales, transparentes y ampliamente conocidas»en la caja. «Ningún departamento interno ni organismo externo me dijo que fueran ilegales», ha apuntado. «Se mantuvo el mismo sistema de contabilidad [las tarjetas] durante decenios».

Diferencias entre las tarjetas de Caja Madrid y de Bankia

En cualquier caso, Rato ha tratado de marcar una diferenciación entre el sistema que se utilizaba en Caja Madrid y el que se instauró en Bankia (del que él fue el primer presidente, antes del rescate público por parte del FROB). Y es que el también exvicepresidente del Gobierno con el PP ha subrayado que en Caja Madrid los gastos efectuados con las tarjetas era un concepto diferenciado dentro de la retribución de cada directivo. Pero que en el modelo instaurado en Bankia que él mismo propuso las tarjetas repartidas a algunos directivos se trataba exclusivamaente como un «elemento de liquidez», como un instrumento de pago, para gastar el salario mensual de cada uno de ellos. «Lo que se gastaba se descontaba del salario mensual. No era una retribución, era un instrumento de cobro. Era parte directamente de nuestros paquetes retributivos», ha defendido.

El expolítico dice que devolvió los 99.000 euros que gastó con su tarjeta opaca «por no discutir» con Bankia

Rato trata así de desmontar la tesis de que Bankia habría diseñado un sistema paralelo de retribución para sus consejeros y directivos para saltarse los límites salariales que fijó el Ministerio de Economía en 2012 en el sector financiero. «Las tarjetas de Bankia eran sólo un instrumento de pago, había que gastar dentro de los límites de la retribución de cada cual. Lo que se gastaba se descontaba de la retribución mensual», ha explicado a preguntas del fiscal Anticorrupción, Alejandro Luzón. «Las tarjetas de Caja Madrid era una retribución que iba contra la caja. En Bankia eran sólo un instrumento de liquidez que iba contra la remuneración del propio directivo. Con ellas no estábamos aumenta do la retribución de mi contrato, y menos cuando desde febrero de 2012 la retribución no la fijaba siquiera mi contrato, sino la ley», ha dicho sobre el Real Decreto de Saneamiento del Sector Financiero. «Nadie pretendía incumplir la ley».

A pesar de que esgrime como defensa que la retribución con estas tarjetas era plenamente legal, el expolítico acabó devolviendo los 99.054 euros que gastó con su Visa opaca. ¿Por qué? «No quise discutir con Bankia por dinero, para nada», apuntó. Según su relato, recibió en 2014 una llamada telefónica de la entidad bancaria comunicándole que los gastos realizados no eran correctos. «Ya había renunciado a una importante indemnización con mi marcha. Pregunté la cantidad y la ingresé en la cuenta que me dijeron». Sin más. Por no discutir.

La “mala fe” de Bankia y las dudas sobre Verdú

En paralelo, Rato ha sembrado dudas tanto en torno a la gestión del caso por parte de Bankia tras su salida de la entidad como sobre el exconsejero delegado del banco Francisco Verdú, que declaró haber rechazado la tarjeta que le ofreció el propio Rato.

El expresidente ha dicho hoy en el juicio que “tenía mucha mejor opinión de Bankia, a la que le presumía buena fe”. Una consideración que, según su relato, cambió radicalmente al constatar que la entidad ocultó el nombre de una cuenta que servía para acumular los gastos de las tarjetas desde 1998 para deducirse los gastos y que el banco no conserva los justificantes de pago.

Rato sostiene que como presidente de Bankia propuso que las tarjetas fueran sólo un medio de pago para adelantar el sueldo de los directivos

Asimismo, Rato ha asegurado en la Audiencia Nacional que el exconsejero delegado de Bankia Francisco Verdú jamás le puso reparo alguno ni le comentó que el sistema de estas tarjetas no fuera el adecuado. “Aceptó la tarjeta, la cogió aunque no la utilizó. Si la hubiera rechazado yo lo habría sabido”, ha dicho. Verdú aseguró haber rechazado la tarjeta al considerar que no formaba parte de su salario.

Una versión que ha corroborado posteriormente Ildefonso Sánchez Barcoj, exdirector financiero de Caja Madrid y Bankia, durante su interrogatorio. «Verdú no rechazó la tarjeta», ha apuntado, «si lo hubiera hecho, podría haber dicho a sus subordinados que anularan esa tarejta. Y que yo sepa no lo hizo».

Rato, para el que el fiscal pide una pena de cuatro años y medio de prisión por haber autorizado el sistema de tarjetas opacas  para consejeros y por haber hecho uso de su Visa para gastar 99.000 euros, declara como segundo interrogado del macrojuicio de las tarjetas black. Entre hoy y las próximas cuatro jornadas del juicio aún deben desfilar por los interrogatorios los 63 acusados restantes.

En el receso para la comida, Rodrigo Rato -a preguntas de Elindependiente.com– ha eludido valorar su declaración y se ha limitado a decir que había dicho «todo lo que quería decir».