El Black Friday tiene a medio país haciendo compras por internet. Pero, ¿qué ocurre desde que usted le da al botón de Comprar hasta que le entregan el paquete en su casa? El proceso no es tan sencillo como parece y requiere de una precisión de cirujano.

En Amazon prevén superar en un 80% sus ventas respecto al año pasado y vender un millón de productos en las 24 horas del día de los descuentos. Aunque no todas las entregas se realizarán este viernes, los clientes Premium no tardarán más de unas horas en recibir sus productos. En total, casi medio millón de pedidos serán procesados en su centro logístico en San Fernando de Henares (Madrid) en un único día. El gigante de Internet utiliza para ello unos algoritmos muy sofisticados.

El recorrido de cada pedido es tan largo como rápido. Desde que un producto es solicitado por el cliente hasta que se entrega en su domicilio se dan cinco pasos:

  1. En cuanto el cliente le da a Aceptar en la página web de Amazon a su pedido, en el centro logístico comprueban si el producto se encuentra dentro de sus más de 70.000 metros cuadrados de almacén o tiene que solicitarlo. Si se trata de la segunda opción, éste entrará por el punto 1 del centro, será sacado de su embalaje, pesado, escaneado y trasladado a una caja de plástico duro. «Hay cuatro colores de cajas que nos indican cuál es el destino del objeto: amarilla para que se guarde en el almacén, negra si es producto que ya está solicitado, azul si es frágil…».
  2. El segundo paso sólo se realiza si el producto ya se encuentra en el centro logístico. El super cerebro de Amazon envía una ruta a uno de sus trabajadores (para la campaña de Navidad se ha aumentado la plantilla en un 40%) y le indica qué productos tiene que recoger y dónde se encuentran estos. Todos se almacenan dentro de unas estanterías sin fondo, que ocupan tres plantas, y se colocan «sin ordenar». «No tenemos los objetos colocados en función del sector al que pertenecen (juguetes, limpieza, ropa), sino que se ordenan de forma aleatoria. Está comprobado que este sistema aporta rapidez a la recogida de los pedidos, ya que si dos personas del mismo distrito hacen compras opuestas, de esta manera tendremos más posibilidades de que sus productos se encuentren relativamente cerca y no uno en una punta del almacén y el otro en la contraria», explican desde Amazon.
  3. Una vez que se ha recogido el producto, se deriva por cintas transportadoras hasta la próxima sección: empaquetado. En ella cientos de trabajadores esperan con pistola lectora en mano a recibir cada objeto. «Al escanear el código de barras, el ordenador les indica qué ticket de empaquetado requiere cada uno teniendo en cuenta el peso y la fragilidad de la compra». La rapidez con la que envuelven cada bulto da vértigo. El producto ya empaquetado vuelve a la cinta transportadora, que la traslada hasta el penúltimo proceso dentro del centro logístico.
  4. El paquete llega ahora a la sección más mecanizada y moderna de la planta. Se trata del etiquetado, que contiene tanto el nombre del cliente como la dirección postal a la que el producto tiene que ser enviado. La cinta les traslada en primer lugar a un escáner que comprueba que el objeto es el correcto. «Chequea tanto el peso como las medidas, para que no haya ningún fallo». Si todo está en orden, a los 3 segundos el producto pasa por debajo de una máquina que escupe la etiqueta: «Se pegan por aire comprimido». Desde este momento, al producto no le quedan más de unos minutos dentro del centro.
  5. La cinta continúa su camino hasta un distribuidor que, literalmente, lanza los paquetes a distintas cajas dependiendo de su destino. Cada caja se trasladará al camión adecuado para hacer el reparto y que desplazará el pedido hasta su destino.