«Si ganara el Frente Nacional en Francia, traería el fin de la Unión Europea, al menos tal y como la conocemos, y dañaría muy seriamente la economía francesa»,  afirma tajante Daron Acemoglu, que ha sido galardonado este año con el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento de Economía. «Proponer soluciones simples a problemas complejos nunca es beneficioso para los sistemas democráticos. Y eso es lo que prometen los populismos. De Trump a Podemos pasando por Le Pen».

Este catedrático del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) analiza en Por qué fracasan los países, una de esas rara avis de los libros económicos que se convierten en best seller,  las razones por las que unos países crean riqueza de manera sostenida y otros no salen de la pobreza.

El populismo es proponer soluciones simples a problemas complejos. De Trump a Podemos pasando por Le Pen»

Para Acemoglu la conclusión es que el éxito y el fracaso de los países no se deben ni a cuestiones geográficas como recursos y clima ni a cuestiones culturales, sino que dependen de la fortaleza de sus instituciones. Por eso Acemoglu está tan preocupado por el auge de los populismos en Europa y, muy especialmente, por el futuro de Estados Unidos desde la victoria de Donald Trump.

Trump vs. las instituciones

«El presidente de Estados Unidos está poniendo al frente de las instituciones más poderosas del país a personas poco cualificadas y que no tienen lealtad al Estado sino al propio Trump, a sus intereses personales, y a una ideología muy concreta. Esto puede erosionar las instituciones muy seriamente», afirma Acemoglu.

Trump está poniendo al frente de las instituciones más poderosas del país a personas poco cualificadas»

Politólogos y economistas empiezan a preguntarse algo que hace apenas un año ni siquiera se les hubiera pasado por la cabeza: si la democracia estadounidense es suficientemente robusta para que la gestione alguien como Trump. Según Acemoglu, hay serios motivos para preocuparse porque los controles y equilibrios de esta democracia no son tan fuertes como los estadounidenses creen.

«No podíamos predecir un fenómeno como Trump», asegura el catedrático. «Era muy difícil anticipar que un payaso como él pudiera representar al Partido Republicano y luego ganar a Hillary Clinton».

La preocupación del autor de Por qué fracasan los países radica en las raíces mismas de su teoría económica. «Con Donald Trump como presidente, Estados Unidos puede empezar las dinámicas de un Estado fallido», afirma Acemoglu. «Su manera de actuar como presidente está poniendo a prueba la democracia, la libertad de prensa y la separación de poderes con numerosos ataques directos tanto a medios de comunicación como a los jueces. No podemos caer en la tentación de normalizar semejantes comportamientos». 

Cuando las instituciones están amenazadas, la vigilancia de la sociedad civil es fundamental

Acemoglu argumenta que la principal fuente de resistencia «tiene que ser la vigilancia de la sociedad civil». La movilización de millones de ciudadanos comunes para protestar contra las políticas y excesos de Trump, como las marchas que tuvieron lugar en Washington al día siguiente de la inauguración o las marchas en defensa de la ciencia (en un Gobierno que ha dejado el Medio Ambiente en manos de ex directivos de petroleras y negacionistas del cambio climático), cree que «juega un papel fundamental para mantener la salud democrática del país». Y añade: «Necesitamos un esfuerzo para defender las instituciones. Porque es cuando están débiles, las naciones caen. Las instituciones necesitan ser defendidas».

Otro reputado politólogo, Francis Fukuyama, escribía en Político contra las tesis de Acemoglu. Aunque Estados Unidos «nunca ha sido desafiado por un líder que se propone socavar sus normas y reglas existentes, nos embarcamos en un gran experimento natural que mostrará si Estados Unidos es una nación de leyes o una nación de hombres», cree el autor de El fin de la Historia. Según él, «el sistema institucional de Estados Unidos es más fuerte» de lo que describe Acemoglu.

El mayor engaño del populismo es haber escondido que en realidad juega en favor de las élites»

Argumenta Fukuyama que «Trump realmente puede cambiar el poder judicial, o algo incluso más preocupante, simplemente ignorar las decisiones judiciales y tratar de deslegitimar a los jueces que se interponen en su camino. Pero cambiar el equilibrio en los tribunales es un proceso muy lento cuyos efectos no se sentirán plenamente durante varios años.» Y lo mismo opina del Ejecutivo.

Acemoglu no es tan optimista: «Este país está más cerca que nunca desde su guerra civil de poner en riesgo la estabilidad de sus instituciones», asegura. Aunque añade a continuación un poco de calma: «No quiero ser alarmista. En el mejor de los casos, podemos tener un presidente tremendamente incompetente durante cuatro años y luego volver a la normalidad».

Sin embargo, cree este catedrático de Economía que el comportamiento de Trump tras sus primeros cien días en el Gobierno ha dado más que indicios suficientes para preocuparse. «Trump está creando una atmósfera de miedo que puede dañar las instituciones profundamente porque el poder que éstas tienen se empieza a resquebrajar cuando se daña el respeto del pueblo americano hacia ellas, algo que Trump lleva haciendo desde antes de ser presidente».

El ataque constante a los medios también estaba en la hoja de ruta de Erdogan, Kirchner y Chávez»

«Tampoco el ataque a los medios constante que hace Trump desde su posición de presidente de Estados Unidos no puede caer en lo anecdótico», comenta Acemoglu. «Decir constantemente que los medios mienten es parte de la misma hoja de ruta que han seguido Erdogan en Turquía, Kirchner en Argentina y Chávez en Venezuela. Y en todos esto casos la erosión de las instituciones no sólo ha acabado con el crecimiento económico de naciones que antes eran prósperas, también con muchas de las libertades de sus ciudadanos».

De Le Pen a Podemos

«El populismo no es sólo un fenómeno que encarne Trump», advierte. «Es el mismo tipo de descontento que se canaliza en Podemos en España, Syriza en Grecia y el Frente Nacional en Francia. Pero nadie ha combinado de forma tan exitosa como Trump ese tipo de odio nacionalista con tanto poder económico detrás y tanto éxito electoral».

«El mayor engaño del populismo es haber escondido que en realidad juega en favor de las élites», opina. «Tanto Trump como Le Pen con el Frente Nacional hablan en sus discursos de los problemas del pueblo, pero en realidad hacen políticas que benefician a las élites, porque debilitar las instituciones siempre lo hace. Por ejemplo, Trump ha anunciado que baja los impuestos pero los más beneficiados van a ser precisamente los ricos, sus amigos de los sectores con los que lleva toda su vida haciendo negocios».

Según Acemoglu, da igual que sean políticas de derechas o de izquierdas las que enarbolen en sus discursos los movimientos anti establishment, porque al final el resultado tiene un efecto muy similar en lo económico.

Atacar al 1% más rico no ayuda a crear más riqueza, lo que hay es que ser más productivos»

«En España, el populismo de Podemos propone alternativas insostenibles», afirma. «La única manera de incrementar prosperidad no es distribuir más, sino ser más productivos. Atacar al 1% más rico no ayuda a crear más riqueza. No es factible crear un sistema con más redistribución que genere prosperidad si no somos más productivos. La alternativa es incrementar la capacidad de ser más productivos, porque si no se termina beneficiando a las élites, que son las que ya tienen».

Para lograrlo, Acemoglu dice que no hay «recetas mágicas». Pero tiene claro que cualquier solución pasa por «flexibilizar el mercado laboral y crear un sistema educativo y productivo en el que la gente tenga más oportunidades. Muchos de los problemas políticos que afrontamos ahora se producen porque tenemos una transformación económica que protege a mucha gente en el mundo desarrollado y deja otra mucha atrás. Y es la gente que no tiene nada que perder la que más fácilmente abraza las supuestas soluciones mágicas que proponen los populistas».

«Lo más importante es que la sociedad civil sea vigilante y activa para no dejar que la gente como Marine Le Pen y Trump, que trabajan para destruir las instituciones, tengan la mano libre para destruirlo». Y Azemoglu insiste: «Si en Turquía y Rusia han triunfado regímenes cada vez más autoritarios es porque la sociedad civil ha sido pasiva».

En Turquía y Rusia la sociedad civil ha sido pasiva. Es importante que en Estados Unidos y en Europa no se confíen»

Acemoglu sabe bien de lo que habla, no sólo como académico que lleva más de una década estudiando por qué fracasan los países y las instituciones. También porque conoce bien su Turquía natal y ha visto la degeneración democrática que ha sufrido en la última década con Erdogan.  «En Turquía nunca hubiéramos imaginado que podíamos retroceder tanto en los derechos sociales y la restricción de las libertades como hemos visto. Y ha sucedido por la pasividad de la sociedad civil. Por eso es tan importante que ahora en Estados Unidos y en Europa los demócratas no se confíen».