Las bolsas han puesto el punto final a una semana aciaga como hacía tiempo que no se recordaba. Y lo han hecho sin encontrar un instante de tregua. Los mercados europeos cierran de nuevo este viernes en el lado de los recortes, arrastrados por un nerviosismo que ha puesto patas arriba el escenario bursátil.

El Ibex ha restado esta viernes un 1,2%, estirando su castigo semanal hasta el 5,6%. Se trata de su peor saldo desde junio de 2016, cuando el resultado del referéndum por el Brexit sacudió los mercados internacionales.

Ahora, los argumentos son menos evidentes. El repunte de las rentabilidades de la deuda, que parece reflejar la expectativa de una próxima escalada de la inflación, infunde en los inversores el miedo a que los bancos centrales aceleren la retirada de sus políticas de estímulo, dejando a los inversores sin la que ha sido una de las principales bazas del mercado alcista que se inició en las bolsas en el año 2009.

Mientras España acumula tres años de crecimientos superiores al 3%, el Ibex cae en ese periodo un 7%

Pero lo cierto es que nuevo entorno puede calificarse de todo menos de sorprendente. Los bancos centrales, con la Reserva Federal de Estados Unidos a la cabeza, hace tiempo que se enfilaron hacia el camino de salida del universo de medidas extraordinarias con las que han combatido la crisis y es lógico pensar que este rumbo no admita enmienda mientras el crecimiento económico muestre la solidez que viene manifestando.

Aún así, la tensión que se ha respirado en los mercados ha arrastrado al Ibex, de la mano del resto de grandes plazas europeas, a sus niveles más bajos en un año. Los 9.639 puntos en los que cierra la semana el principal índice español no sólo representan ya un descenso del 9% desde los máximos anuales que registró el pasado 23 de enero. También ponen a las claras una paradoja del mercado español: un trienio admirable para la economía española, en el que ha encadenado tasas de crecimiento superiores al 3%, se ha traducido en el Ibex en un retroceso en el entorno del 7%.

En cualquier caso, en el tropiezo actual el Ibex es más víctima que origen de una convulsiones que han tenido su epicentro en Wall Street, que ha firmado esta semana dos de sus cinco mayores caídas desde 2011. El peso de la bolsa estadounidense sobre el mercado mundial explica que los índices globales hayan firmado igualmente su peor registro semanal en casi siete años, tras fulminar más de cuatro billones de euros en las últimas diez sesiones.

La reciente espiral bajista ha conducido a las bolsas mundiales a sus niveles más bajos desde principios de noviembre, lo que supone haber liquidado todas las ganancias acumuladas en los últimos tres meses.

Visto desde esta perspectiva, el tropiezo tampoco parece tan alarmante. Aún con las pérdidas acumuladas en las últimas dos semanas, los índices globales acumulan ganancias próximas al 40% en los últimos 24 meses. Eso es lo que ha llevado al presidente de la Fed de San Luis, James Bullard, a señalar que este ha sido “el desplome más pronosticado en todos los tiempos, debido a que los mercados han subido tanto”.

Y esa es, según los expertos, una clave fundamental del intenso revés que han sufrido los mercados en los últimos días. “Detrás de esta negativa evolución de las bolsas, y como principal motivo que explica la corrección que están experimentando, están las fuertes plusvalías latentes que mantenían y, en muchos casos, aún mantienen muchos inversores en sus carteras”, observan los analistas de Link Securities.

Antes del varapalo actual, Wall Street acumulaba 15 meses consecutivos de ganancias, por lo que un movimiento a la baja no hace sino devolver la normalidad a unos mercados que parecían sólo tener una dirección, conforme la volatilidad y la percepción del riesgo por parte de los inversores parecía desterrada.

La estabilidad de los activos refugio, como el oro, es una señal de que los miedos no se han desbordado

Los analistas reconocen que el escenario de mayor inflación a medio plazo es realista y obliga a una reevaluación de las expectativas del mercado, “pero de ninguna manera vemos evidencia de un repunte ingobernable de la inflación”, indican en Bank of America Merrill Lynch.

Y lo cierto es que tampoco los mercados están dando sobradas muestras de preocupación. Porque, si bien es cierto que el hundimiento de las bolsas ha sido de dimensiones considerables, los tradicionales activos refugio, como el oro, apenas han registrado entradas de dinero, lo que “proporciona alguna evidencia de que el riesgo sistémico no ha aumentado considerablemente”, comenta Craig Burelle, analista de estrategias macroeconómicas de Loomis Sayles, del grupo Natixis IM.

En cualquier caso, “el sólido crecimiento del PIB real en 2018 y el crecimiento más rápido de las ganancias corporativas siguen siendo pilares clave para el mercado alcista. La corrección, en tanto que limitada a las acciones, es ciertamene un bache en el camino; sin embargo, los fundamentos a largo plazo se han mantenido positivos”, añade Burelle.