En los primeros instantes de la sesión de este martes, Caterpillar celebraba sus resultados con ganancias en bolsa que rozaban el 5%; al cierre, en cambio, reflejaba pérdidas superiores al 6%. La distancia entre una y otra estampa la marcó un comentario: el de un directivo de la compañía de maquinaria señalando que las buenas cifras del primer trimestre no volverían a repetirse a lo largo del ejercicio.

La virulenta reacción de los inversores evidencia una sensibilidad extrema a todo lo que transmite la idea de agotamiento del ciclo económico. «Los inversores están interpretando que los actuales crecimientos de beneficios publicados por muchas compañías son insostenibles», observan en Link Securities. Se trata de una extensión de los temores que ya hicieron tambalear los mercados entre finales de enero y principios de febrero y que mantienen desde entonces a los principales índices internacionales refrenados, sin capacidad para reanudar la tendencia alcista.

Unos temores que se han visto exacerbados en los últimos días por la escalada de los tipos de los bonos en Estados Unidos. El interés de los títulos estadounidenses a 10 años superó el martes por primera vez en cuatro años la barrera del 3%. Aunque algunos expertos han marcado en torno a esos niveles la frontera que marcaría la entrada en un escenario peligroso, entre la mayor parte de los analistas prevalece la idea de que representa poco más que una barrera psicológica, sin implicaciones negativas directas sobre el conjunto del mercado.

Pero en un escenario de incertidumbre como el actual, la superación de esos niveles podría traer implicaciones negativas para los mercados, sobre todo por las razones que estarían detrás de esta escalada. Así lo considera Félix López, director de inversiones de atl Capital, que observa que los bonos estadounidenses están alcanzando «una rentabilidad suficientemente atractiva para competir con las acciones».

La subida de los tipos de la deuda, encabezada por EEUU, puede restar atractivo a la inversión en bolsa

Durante la larga fase expansiva que han registrado las bolsas desde la crisis de 2008 -especialmente en Estados Unidos-, las altas valoraciones alcanzadas por las acciones se ha explicado en una elevada proporción por la inexistencia de alternativas de inversión rentables, que abocaba a los inversores a apostar su dinero en la renta variable. Sin embargo, a medida que la rentabilidad de la renta fija va recuperando terreno, existe el riesgo de que los inversores prefieran fiar sus ahorros a la deuda, tradicionalmente considerada menos arriesgada que la bolsa.

Y en un momento en que los bancos centrales parecen decididos a avanzar por la vía de la normalización monetaria, desmontando el armazón de estímulos levantado durante la crisis y emprendiendo la subida de los tipos de interés, todo hace pensar que las rentabilidades de los bonos solo pueden seguir un camino: el de las subidas. No en vano, no sólo la deuda de Estados Unidos ha registrado alzas de tipos -que implican caídas de precios- reseñables en las últimas semanas. También los bonos europeos, con el alemán a la cabeza, han experimentado movimientos similares desde mediados de abril.

La fuerte apreciación de las materias primas, que lideradas por el petróleo se acercan a sus niveles más elevados desde 2015, parece dar pie a esas expectativas de que la inflación se reactivará en los próximos meses y reforzará el propósito de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) y del Banco Central Europeo (BCE) -cada uno desde puntos de partida muy diferentes- de dejar atrás las políticas extraordinarias implementadas durante la crisis.

Desde esta perspectiva, «la escalada del bono americano a 10 años hasta el 3% no es más que resultado de la normalización monetaria –ya iniciada hace tiempo– en los Estados Unidos», observa Thor Vega, analista de renta fija y renta variable en Gesconsult, para quien «lo normal será, a medida que se traduzcan las subidas de precios energéticos -principalmente crudo- en inflación, que la propia Fed continúe con la reducción de balance y sucesivas subidas de tipos en los próximos ejercicios, seguido de aumentos de rentabilidades de la deuda americana».

El riesgo estaría en que este proceso registrara una brusca aceleración que obligara a los bancos centrales a precipitar sus medidas poniendo en riesgo, en consecuencia, la fortaleza económica y, por ende, el negocio empresarial. «El temor de los inversores es que un repunte de la inflación, superior a lo esperado, provocado por el repunte de los precios de las materias primas minerales y el crudo y de los salarios, consecuencia esto último de la tirantez del mercado laboral, pueda impactar negativamente en los márgenes de las compañías, los cuales tengan que ser revisados a la baja», explican en Link Securities.

Y es que lo que resulta indudable es que la subida de las rentabilidades de la deuda no juega a favor de las bolsas. Además de restarles atractivo por mera comparación entre alternativas de inversión, las empresas se enfrentan a un entorno en el que sus gastos financieros van en aumento, limitando su rentabilidad y su capacidad de retribuir a los accionistas.

Los mayores costes de la deuda significan un aumento de los gastos financieros de las empresas

Este peligro, no obstante, parece atenuado por la solidez que refleja la economía global. Pero algunos datos apuntan, en los últimos tiempos, a una ralentización del crecimiento tanto en Estados Unidos como en Europa que contribuye a refrenar el entusiasmo inversor. «Cuando el mercado se para como ahora es alrededor de algunas incertidumbres. Parece que los inversores están a la espera de datos que confirmen si este nuevo escenario marcado por unos tipos más altos y el fin de los estímulos de los bancos centrales tiene un impacto sobre la economía o no», apunta Nicolás López, director de análisis de M&G Valores.

Y en este escenario de escepticismo sobre el futuro de la economía, el mercado de deuda empieza a ser objeto de atención para una importante masa de inversores, que creen que tomar posiciones en títulos como el bono americano a 10 años, con rentabilidades superiores al 3%, puede ser interesante, como una forma de apostar a una próxima desaceleración o incluso recesión en Estados Unidos, que implicaría una bajada de tipos y, con ello, una mejora del precio de la deuda, según explica Félix López.

De hecho, algunos expertos, como Juan Carlos Castillo, director de análisis de Capital Bolsa, creen que lo verdaderamente preocupante no es que la subida del bono de Estados Unidos a 10 años sino, al contrario, lo bajo que está en relación a los de más corto plazo -el bono a 2 años cotiza al 2,5%-, ya que este movimiento podría reflejar la convicción de los inversores de que el ciclo de crecimiento económico está próximo a su agotamiento y que, por ello, los tipos serán a medio plazo inferiores a los actuales.

Nada de esto, a priori, implica un riesgo inminente para la buena salud de la economía global. Pero el cúmulo de señales de alerta obliga a los inversores a permanecer en guardia hasta que puedan vislumbrar que es lo que les espera por delante.