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Edificio de El Corte Inglés en la Plaza de Cataluña de Barcelona. EFE

Economía

El mensaje de Qatar a El Corte Inglés: “Arreglen esto cuanto antes”

A ningún rico le gusta perder dinero. Ni si quiera a Hamad bin Jassim bin Jaber al Thani, un millonario qatarí cuyo apellido es tan largo como la eslora de su yate o los ceros de su cuenta corriente. Ya estaba forrado cuando dormía en la cuna, y aún así, dedicó su vida a agrandar la fortuna familiar: con obras de arte como La mujer de Argel de Picasso; con embarcaciones de lujo como su Al Mirqab de 133 metros; y con participaciones en empresas emblemáticas, como la del 10% del El Corte Inglés.

El jeque decidió invertir en la compañía de distribución en julio de 2015. El Corte Inglés atravesaba un bache profundo, tras sufrir con especial virulencia la crisis que había hundido el consumo en España. Arrastraba una plantilla sobredimensionada (la segunda más grande de España, después de Mercadona), una deuda poco menos que insostenible (5.000 millones) y un retraso clamoroso respecto a algunos competidores en la adaptación al canal on line. Pero la empresa aún ofrecía atractivos tan tangibles como sus 10.000 millones de facturación, una marca envidiable y la mayor cartera de activos inmobiliarios de España.

Hamad bin Jassim bin Jaber al Thani tiró de chequera e invirtió 1.000 millones de euros para hacerse con una décima parte del capital. Era la primera vez en sus 75 años de historia que el grupo daba entrada a un inversor extranjero. El qatarí no llegaba con vocación de influir en la estrategia, pero sí de asegurarse una rentabilidad decente a medio plazo. El jeque colocó a un hombre de confianza en el consejo, Shahzad Shahba, cuya misión era poco menos que certificar si la inversión empezaba a dar frutos.

El jeque no va a entrar en ninguna guerra, porque su objetivo es la rentabilidad”

En los últimos tres años, Shahba ha asistido a pocos consejos. Solía delegar su voto en el presidente, Dimas Gimeno, y aguardaba las conclusiones por escrito en su despacho de Doha. Nadie en los cuarteles generales del jeque podía esperar que la apuesta española empezaría a generar problemas antes que réditos. “El jeque está actuando como lo haría cualquier fondo soberano. No va a entrar en ninguna guerra, porque su objetivo es la rentabilidad. En caso de conflicto optará, seguramente, por la abstención”, asegura un alto directivo de El Corte Inglés. “Desde Qatar sólo se ha trasladado un mensaje a Madrid: ‘Arreglen esto cuanto antes’”, añaden fuentes cercanas al consejo de administración.

El fondo soberano no ha abierto la boca de manera oficial desde que se destapó la guerra entre el presidente, Dimas Gimeno, y las hermanas Marta y Cristina Álvarez (hijas de Isidoro Álvarez). Esa será la actitud hasta que llegue la cita que Gimeno quiere posponer a toda costa: el consejo que decidirá su cese como presidente.

Quienes han seguido la pelea desde dentro de la compañía consideran que esa reunión marcará el fin de la huida hacia delante que Gimeno emprendió en octubre de 2015. Sólo tres meses después de la entrada del inversor qatarí, el consejo le arrebató sus funciones ejecutivas para depositarlas en dos consejeros delegados, Víctor del Pozo y Jesús Nuño de la Rosa. “Dimas nunca asumió que esa decisión le convertía en un chairman, en el sentido anglosajón del término; un presidente meramente institucional”, confiesa un directivo que seguido su trayectoria de cerca.

En lugar de dar un paso atrás, Gimeno dio dos hacia delante y asumió un protagonismo que, a juicio de buena parte de los consejeros, no le correspondía. Paseó por donde había más focos (hasta fue al Foro de Davos), se dejó ver con la alta clase política (empezando por Rajoy) y atacó abiertamente a sus rivales en distintas tribunas (sobre todo a Amazon).

En lugar de dar un paso atrás, Gimeno dio dos hacia delante y asumió un protagonismo que, a juicio de los consejeros, no le correspondía

La actitud del presidente colmó la paciencia del consejo. La pasada semana, el secretario general, Antonio Hernández-Gil, le comunicó verbalmente la doble petición de cuatro consejeros: que convocara una reunión del máximo órgano ejecutivo y que en ésta se sometiera a voto su destitución. Los promotores del cese son Del Pozo y Nuño de la Rosa, y los vocales Carlos Echevarría y Florencio Lasaga, quien a su vez preside la Fundación Areces, dueña del mayor paquete accionarial de El Corte Inglés.

En la planta más noble de las oficinas de Doha ya se conoce la petición. Pero no por que Shahzad Shahba haya recibido la convocatoria oficial. Lejos de acceder, Dimas Gimeno ha optado por aferrarse al cargo desplegando una doble estrategia. Por un lado, ha reforzado el plantel de asesores jurídicos para intentar postergar, usando resquicios legales, la reunión extraordinaria del consejo. Los abogados de Gimeno esgrimen que la solicitud de los consejeros discordantes debe realizarse por escrito; sólo entonces puede activarse la cuenta atrás de 30 días que recogen los estatutos del grupo.

Por otro lado, el presidente ha contratado a varios especialistas en comunicación, con el fin de hacer llegar su versión a la opinión pública. En su defensa, Gimeno alega que, durante su mandato, ha promovido el giro estratégico de El Corte Inglés más que ningún otro alto directivo, tropezándose una y otra vez con las zancadillas de la vieja guardia (las hermanas Álvarez, Lasaga y Echevarría).

“Desde que murió Isidoro, Dimas ha tenido cuatro años para demostrar su valía. Ahora no quiere asumir que la mayoría de los accionistas, o sea los dueños del negocio, han decidido prescindir de él”, aseveran fuentes cercanas a los promotores del cese. “Ya no hay vuelta atrás”, añaden. Por una razón básica: el 70% el capital está en su contra y va a respaldar la destitución. Se prevé la misma unanimidad para decidir el nombre del sustituto, un asunto que no se debatirá “hasta el día después”.

Desde que murió Isidoro, Dimas ha tenido cuatro años para demostrar su valía. Ahora no quiere asumir que quieren prescindir de él”

Salvo sorpresas, el relevo de Gimeno en la presidencia saldrá de una lista con cuatro nombres. La elección del consejo dará una pista clara del rumbo estratégico que adoptará El Corte Inglés en los próximos años, por la diferencia marcada de los perfiles.

Cualquiera de los dos actuales consejeros delegados son candidatos obvios: Del Pozo y Nuño de la Rosa ya lideran la dirección y darían continuidad a la actual estrategia. También es un relevo natural Manuel Pizarro, de perfil independiente y profesional, y con el mejor currículum del consejo (ha presidido desde Endesa hasta la Bolsa española). Hay un tercer candidato, con nombre de mujer: Marta Álvarez, una de las dos hijas del fallecido presidente. Tendría un perfil exclusivamente institucional, pero su nombramiento entroncaría con la tradición de la casa: la presidencia seguiría en manos de un descendiente del fundador, Ramón Areces.

En el entorno del consejo de administración hay confianza plena en que Hamad bin Jassim bin Jaber al Thani respaldará, de entrada, a cualquiera de ellos. El reto del sucesor de Dimas Gimeno es demostrar que El Corte Inglés tiene futuro y es capaz de generar la rentabilidad que exige el qatarí, un rico con mucho dinero y con ganás de tener mucho más.

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