En 1998, Santander se hizo con el control total de Banesto; se creó el Banco Central Europeo; el primer gobierno de José María Aznar se enfrentó a la crisis de las minas de Aznalcollar; la selección de fútbol de Francia se proclamó ganadora del primer mundial de su historia; en California, era fundada Google; y en Venezuela, Hugo Chávez ganaba por primera vez las elecciones en Venezuela.

Ese año, el comercio textil español registró unas ventas de 18.342 millones de euros. Y hoy, veinte años después de aquello, la facturación del sector se mantiene estancado en niveles similares: en 2017, el gasto en ropa en España se situó en los 18.042 millones.

Tras estas cifras se esconde un fulgurante inicio de siglo -en 2006 se alcanzó un récord de 22.460 millones- y un fuerte revés durante la crisis de los últimos años, que llevó la cifra de negocio por debajo de los 16.000 millones en 2013- antes de emprender una remontada que, pese a encadenar cuatro años consecutivos, se antoja poco vigorosa. Solo el año pasado, las ventas de textil se incrementaron un escaso 0,47%.

«No ha sido un año espectacular y el crecimiento en ingresos en 2017 ha sido muy, muy ligero», ha reconocido el presidente de la Asociación Empresarial del Comercio Textil, Complementos y Piel (Acotex), Eduardo Zamácola, este miércoles durante la presentación del informe El comercio textil en cifras. De este estudio se desprende que cada español se gasta de media un 453,46 euros en productos textiles y que destina el 7% de sus gastos a la compra de vestido y calzado.

En 2006, cada familia invertía casi 1.900 euros en productos textiles y hoy poco más de 1.250

Las cifras son elocuentes de la pujanza perdida por el sector: si en 2006 cada unidad familiar en España invertía cerca de 1.900 euros en productos textiles, en 2017 apenas se logró superar la barrera de los 1.250 euros. Si en el lado positivo puede señalarse que el año pasado el número de empleos en el sector superó las 200.000 personas por primera vez desde 2009, el número de establecimientos de venta experimentó un leve declive, hasta los 62.178, rompiendo con tres años seguidos al alza.

Los problemas del sector que enfrenta una transformación desafiantes son incuestionables y alcanzan desde la tienda más pequeña a las grandes firmas como Inditex o El Corte Inglés. Zamácola no ignora la situación y afirma que «hay que reinventarse y cambiar muchas cosas» y señala al que, en su opinión, es la principal amenaza que se cierne sobre la industria textil: la guerra de precios. «Es insostenible vender con promociones. Si queremos vender con calidad no se puede exigir estar comprando con descuentos agresivos. Hay que hacer los deberes para vender con calidad», comenta.

El presidente de Acotex considera que el problema del sector no es tanto de ingresos como de márgenes ya, desde la crisis y, sobre todo, a partir de la liberalización del periodo de rebajas, las distintas tiendas han acostumbrado al cliente a venderle los productos con descuentos. «Hay una guerra de precios brutal y eso no es sostenible», advierte.

Este movimiento se ha producido en pleno auge del comercio online, que ha reforzado, en algunos casos, la tendencia de las tiendas físicas a recurrir al descuento para atraer al cliente.

Reforzar las marcas

Desde su experiencia, Zamácola defiende que el futuro del sector pasa por concienciar al cliente de que no puede basar sus compras únicamente en precio y reforzar el valor sus marcas. De hecho, las cadenas especializadas llevan ocho años consecutivos aumentando su cuota y ya representan un tercio del negocio.

En cambio, las tiendas multimarca, que a inicios de siglo suponían hasta un 4o% del mercado, generan hoy un 19% de los ingresos del sector. El presidente de Acotex reconoce que este formato se ha visto más golpeado por la competencia online y considera que deben buscar la manera de aportar un valor añadido a su servicio. «Te diferencias o estás muerto», sentencia.

Acotex defiende que las campañas de productos se reajusten en el tiempo a la demanda de los clientes

No resulta menos elocuente la pérdida de peso de los grandes almacenes, reflejo de un cambio de tendencia en el consumo que no solo golpea al gigante español de este segmento, El Corte Inglés, sino también a sus competidores internacionales. Si en 2005 representaban el 20% de las ventas, hoy sólo suponen un 8,4%, tras cuatro años consecutivos a la baja.

Zamácola no tiene ninguna duda de que el sector tiene que afrontar sus problemas con medidas radicales y, entre ellas, incluye la necesidad de reajustar sus campañas de promociones a las condiciones de la demanda, porque «si intento vender un abrigo en septiembre, que aún hace calor, tendré que recurrir a las rebajas o nadie me lo comprará», explica.

El dirigente no se expresa de forma tajante sobre la posibilidad de que se vuelvan a regular los periodos de rebajas. Aunque reconoce que, en general, la liberalización de estas campañas ha sido negativa para el sector, advierte de que si el comercio online no está sujeto a normas de este tipo sería perjudicial asumirlas para los establecimientos físicos. Por eso, su principal demanda en este sentido es que se apliquen las «mismas reglas del juego» para todos los operadores, tanto del mundo offline como online.