Economía

El ‘efecto Draghi’ ha ahorrado más de 60.000 millones a España desde 2012

Seis años después de las palabras con las que el presidente del BCE salvo el euro, la deuda española sigue beneficiándose de la histórica caída de sus costes

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El ‘efecto Draghi’ ha ahorrado más de 60.000 millones a España desde 2012
El 'efecto Draghi' ahorra a España más de 60.000 millones desde 2012.

El presidente del BCE, Mario Draghi. EFE

Resumen:

Seis años después de que el presidente del BCE, Mario Draghi, prometiera que haría lo que fuera necesario para salvar el euro, la deuda española se sigue beneficiando del efecto balsámico de sus palabras.

Los costes de la deuda española, entonces disparados a niveles que comprometían la solvencia del país, han experimentado un notable recorte hasta situarse al cierre de julio de 2018 en el 2,45%, mínimos históricos.

Desde el verano de 2012, la caída de los intereses ha supuesto un ahorro a las arcas públicas superior a los 60.000 millones de euros, lo que equivale a más de lo destinado a prestaciones por desempleo en los últimos tres años.

Solo con la reducción registrada este año, pese a los temores por el cambio de rumbo en la política del BCE, España se ahorraría cerca de 1.000 millones respecto al año anterior.

Si se analizan los factores que han permitido a España pasar en pocos años de ser un país al borde del abismo a convertirse en una de las grandes economías más pujantes del panorama internacional son muchos los factores que merecen su cuota de protagonismo. Pero cualquier listado al respecto debería reservar un lugar muy destacado al Banco Central Europeo (BCE) y su presidente Mario Draghi.

El pasado 26 de julio se cumplían seis años del día en que el banquero italiano cambió curso de la historia europea -y con ello del futuro de España- con una simple promesa: “Haré todo lo que sea necesario para preservar el euro. Y, créanme, será suficiente”. Aquellas palabras caían sobre una Europa que amenazaba con resquebrajarse y en la que España se mostraba como uno de sus eslabones más débiles, lo que se evidenciaba en una prima de riesgo desbocada, por encima de los 600 puntos básicos.

Hoy, el escenario es tan distinto que más que seis años pareciera que hubiera transcurrido una eternidad desde aquellos dramáticos momentos. Las distintas medidas adoptadas por el BCE -unidas a toda una serie de acontecimientos internos y externos- han permitido a la deuda española disfrutar de un periodo de bonanza que se ha traducido en una caída de sus costes a niveles históricamente bajos.

Si al cierre de julio de 2012 el tipo de interés medio de la deuda del Tesoro alcanzaba el 4,12%, esta cifra se ha ido reduciendo progresivamente en los ejercicios posteriores hasta situarse a día de hoy en torno al 2,45%. Un descenso que en un país con unos niveles de endeudamiento como España representa un desahogo inestimable. Al fin y al cabo, el servicio de la deuda es una de las partidas de gastos más elevadas en los presupuestos del Estado.

La reducción de los costes de la deuda desde 2012 equivalen a más de lo destinado a prestaciones por desempleo los últimos tres años

Pero a lo largo de este periodo, la reducción de los costes de la deuda española han supuesto un ahorro de unos 63.147 millones de euros. O lo que es lo mismo, el Estado se ha ahorrado el dinero suficiente para cubrir -de sobra- las prestaciones por desempleo de los tres últimos años.

Sin duda, la mejora de la deuda ha sido un apoyo significativo para las arcas públicas de España en los últimos años, contribuyendo a los esfuerzos para la reducción del déficit fiscal y permitiendo la liberación de fondos para destinarlos a otras partidas de gasto más productivas. Por eso mismo, la amenaza de un próximo giro en la situación del mercado no deja de generar cierta inquietud. La voluntad manifiesta del BCE de detener ya a finales de 2018 su plan de compra de bonos -por el que se ha hecho con el control de una cuarta parte de la deuda española– y la esperada subida de los tipos de interés a partir del verano de 2019 suponen una amenaza para uno de los motores de la recuperación económica nacional.

Sin embargo, el Gobierno que preside Pedro Sánchez puede observar con cierto alivio la evolución reciente de los bonos españoles. No en vano, los costes medios registrados en julio representan un nuevo mínimo histórico y la caída acumulada en el año representa ya un ahorro próximo a los 1.000 millones de euros respecto al ejercicio anterior.

Precisamente el anuncio de Draghi de que el BCE no espera elevar los tipos hasta, al menos, el verano del próximo año ha alejado las expectativas de un próximo endurecimiento de las condiciones monetarias, permitiendo al bono español prolongar la buena forma demostrada en los primeros meses de 2018, tras recibir el respaldo de las grandes firmas de rating. Así, al cierre de este martes, el interés de los bonos españoles a 10 años se situaba en el mercado en el 1,4%, 17 puntos básicos menos que a inicio de año. Y ni siquiera las incertidumbres políticas registradas a finales de la primavera, con la llegada del PSOE al Gobierno, han puesto en entredicho la salud de una deuda cuya prima de riesgo se mantiene por debajo de la barrera de los 100 puntos básicos.

La mejora registrada a lo largo de 2018 propicia un ahorro adicional cercano a 1.000 millones frente al año anterior

Esto no significa, no obstante, que la deuda española no esté expuesta a un cambio de rumbo que de prolongarse podría acabar por anular la tónica positiva de los últimos años. Ya en 2017, el coste de la deuda emitida durante el ejercicio superó, por primera vez desde 2011, el del año anterior. Y la tendencia continúa este año, en el que el tipo de interés medio de la deuda de nueva emisión se roza el 0,75%, frente al 0,62% del año anterior.

Sin embargo, este movimiento es por el momento poco preocupante y sigue ofreciendo margen para la reducción de los costes totales de la deuda española. No en vano, solo los bonos entre 30 y 50 años presentan en 2018 un coste de emisión superior al 2,45% en el que se sitúa el interés medio de los títulos españoles. El trabajo de Draghi -al igual que su mandato- parece encarrilar ya su recta final, pero los beneficios de su obra para la deuda española probablemente perdurarán aún por mucho tiempo.