El bloqueo parlamentario de la nueva senda de déficit público, que plantea un desequilibrio del 1,8% del PIB en 2019, en lugar del 1,3% inicial- va camino de tener unas consecuencias letales para el proyecto político del Gobierno de Pedro Sánchez: la posibilidad de frustrarlo incluso antes de su nacimiento.

El Gobierno ha planteado esta relajación del déficit negociada con Bruselas como una oportunidad de contar con más margen para poder dedicar más recursos al crecimiento y la protección social. Es su baza para dar un giro social a la política del Estado. Sin embargo, desde el PP se ve como una forma de ‘financiar’ el tiempo de precampaña electoral, antes de las elecciones autonómicas y municipales de 2019 y las nacionales cuando correspondan.

El problema es que, mientras esta maniobra encabezada por el PP obligará a demorar la tramitación de los Presupuestos de 2019, no cesan de hacerse públicos indicadores económicos que anticipan un frenazo de la economía —después del crecimiento del 0,6%, una décima menos, en el segundo trimestre–, que es la piedra angular sobre la que Sánchez debe construir esas cuentas con una senda fiscal más o menos restrictiva.

Peor aún, el Ejecutivo anticipa que, de plegarse a la senda de déficit inicial, el impacto negativo sobre el crecimiento económico será de alrededor de medio punto del PIB.

Así es que la consecuencia última del rechazo a la flexibilización de la senda de déficit negociada con Bruselas es, por tanto, que mientras se siguen cociendo los ladrillos del proyecto social del PSOE, los cimientos desaparecen poco a poco y se plantean distintas incógnitas: ¿Con un déficit esperado para este año del 2,7% del PIB es posible acometer medidas de reactivación de la economía al más puro estilo keynesiano una vez se frena la actividad? ¿Es posible acometer un Presupuesto expansivo como el planteado hasta ahora en el techo de gasto con una economía en desaceleración? ¿Es posible mantener la disciplina fiscal con ese aumento del gasto si la economía no promete mayores ingresos a la vista de su pérdida de inercia?

Los expertos consultados por El Independiente coinciden en que los últimos indicadores macroeconómicos conocidos evidencian que el ciclo alcista ya no da más de sí y que el actual no es un buen escenario para plantear alegrías presupuestarias, menos aún si la senda definitiva es la más restrictiva y exige aún un mayor esfuerzo por el lado de los ingresos para financiar incrementos del gasto como las subidas de las pensiones.

AIReF y Bruselas ya han dado la señal de alarma

La primera instancia en dar la voz de alarma ha sido la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), precisamente el auditor de las cuentas públicas. Según sus previsiones, la economía española crecerá un 0,6% en el tercer trimestre del año, en línea con el segundo, pero sin incluir aún algunos indicadores que hablan de una mayor frenazo.

Antes de abordar los fundamentos de esta desaceleración es preciso echar un vistazo a lo que ocurre fuera de las fronteras españolas. La oficina estadística de la UE (Eurostat) publicaba el pasado martes las tasas de crecimiento por países durante el primer semestre y confirmaba que España ya creció un 0,6% en el segundo trimestre de 2018.

La aportación del sector exterior al PIB ya es negativa por el parón de la actividad internacional

Pero además, el dato de Eurostat da una importante clave: El PIB comunitario creció un 0,4% intertrimestral (corregido de efectos estacionales) en el segundo trimestre, es decir, se encuentra estancado. En tasa interanual, la tasa de crecimiento del 2,8% del tercer trimestre de 2017 ha quedado reducida un año más tarde al 2,2%.

Estos síntomas ya han sido apuntados por la OCDE o la Organización Mundial del Comercio (OMC), que han alertado de un parón de la actividad a nivel internacional que, de alguna manera, ya se ha dejado notar en la moderación del crecimiento del PIB español en el segundo trimestre, a través de una aportación negativa de la demanda exterior de dos décimas, frente a la aportación positiva en idéntica proporción del trimestre anterior.

La producción industrial marca el paso

Esta atonía de la economía internacional, y fundamentalmente de la europea, la principal importadora de productos españoles se ha dejado notar ya en la producción industrial patria, un indicador que tradicionalmente deja entrever los derroteros de la economía en general en el corto plazo y que es uno de los usados como referencia por la AIReF.

La producción industrial, eliminando los efectos estacionales y de calendario, descendió un 0,6% entre mayo y junio, una tasa 1,4 puntos porcentuales inferior a la del mes de mayo, en línea con un descenso de la entrada de pedidos de la industria en el mismo periodo del 1,7%, tras un recorte de 3,5 puntos porcentuales.

 

Otro elemento actúa en el trasfondo de este deterioro del sector exterior, y es el encarecimiento de los productos energéticos, que ha llevado a su vez a un incremento de los precios de las exportaciones –subieron un 2% en junio–.

Se agota el consumo de bienes duraderos

Eso en lo que se refiere a la demanda externa. De puertas para dentro, la demanda interna aún se mantuvo estable en el segundo trimestre del año. Sin embargo, el Banco de España viene avisando en el último año de un agotamiento de la demanda embalsada de bienes de consumo duradero.

Según el banco emisor, en la actual fase expansiva la recuperación de los determinantes trandicionales del consumo, junto con la necesidad de reducir el significativo volumen de demanda latente se ha traducido en un fuerte ritmo de avance del gasto en bienes duraderos.

Este repunte ha llevado a que desde finales de 2016 se cubriera ya la demanda embalsada a lo largo de la crisis, de manera que el Banco de España descontaba a finales de 2017 que este factor fuera a seguir siendo un dinamizador del consumo agregado de las familias en el corto y medio plazo. A la vista está que el factor de bienes de consumo duradero explica buena parte de la caída de la producción industrial en julio y que el indicador de bienes de equipo del hogar permaneció plano en junio, dentro de unos registros de ventas al por menor en horas bajas.

Todo ello habla de una ralentización del consumo final de los hogares, como ha quedado demostrado en el segundo trimestre de este año, con un avance del 0,2%. En términos anuales, el gasto en consumo final de los hogares experimentó un crecimiento interanual del 2,2%,
seis décimas menos que en el trimestre pasado.

Los servicios también notan la desaceleración

Por otro lado, de acuerdo con IHS Markit, el ritmo de crecimiento de la actividad comercial del sector de servicios español experimentó una marcada desaceleración en julio y aumentó al ritmo más lento desde noviembre de 2013. El ritmo de expansión de los nuevos pedidos también disminuyó y los indicios de que la demanda podría estar disminuyendo provocaron una caída del sentimiento con respecto a la perspectivas de la actividad para
los próximos doce meses.

Este síntoma se completa con el indicador de consumo eléctrico de las grandes y medianas empresas, que cayó en junio un 1% respecto al mismo mes del año anterior, según los datos del Índice Red Eléctrica (IRE) de Red Eléctrica de España (REE). Este factor es otra muestra más de cómo se desacelera la economía.

Por último, la AIReF también incluye en su valoración la última medición de la actividad relativo a las grandes empresas. Se trata de las ventas totales de estas entidades que, de acuerdo con los registros de la Agencia Tributaria (AEAT), crecieron en junio un 2,1% respecto al mismo mes del año anterior, sin contar con la variación de precios y otros efectos estacionales.

En promedio, estas ventas crecieron en el segundo trimestre un 3,3% respecto al mismo periodo del año anterior, una décima menos que el crecimiento registrado en el primer trimestre de 2018 y cuatro menos que el promedio de los tres últimos meses de 2017.

Este dato confirma la ligera moderación del crecimiento, tanto para el total de ventas como para sus componentes interior y de exportaciones, y explica por qué las retribuciones permanecen prácticamente congeladas en estas empresas en los últimos meses.

La consecuencia, el empleo

Porque en el extremo de esta oleada de indicadores que no auguran un escenario fácil para Sánchez, más aún en la antesala de una previsible subida de tipos de interés, se encuentra el síntoma más preocupante, el empleo.

De acuerdo con los datos de afiliación media a la Seguridad Social del mes de julio, esta aumentó en 35.819 personas, lo que supone una tasa intermensual del 1,9%, la cifra más baja en un mes de julio de los últimos cinco años.

Esta desaceleración de la creación de empleo es una mezcla explosiva junto a la atonía de los salarios. Y es que, el empleo que se crea muestra un alto perfil de temporalidad y de empleo a tiempo parcial. Esto quiere decir que la creación de empleo no se perfila como una palanca clara de impulso de la demanda interna.

Es por eso que el Gobierno de Pedro Sánchez ha animado a patronal y sindicatos a llevar al papel las subida salarial recomendada en el II Acuerdo por el Empleo y la Negociación Colectiva, que prevé incrementos de al menos el 2%; ha seguido adelante con el incremento de las pensiones en un 1,6% y ha aprobado una subida salarial para los funcionarios del 1,75% para este año.

Todo ello, junto a la aprobación de urgencia de un Plan Director para luchar preferentemente contra el empleo temporal, las jornadas parciales injustificadas y los falsos autónomos.

Aún así, un último elemento sigue conjurando contras los planes de Sánchez: el precio de los carburantes. El barril de Brent sigue instalado en los 72,8 dólares, lo que está detrás de la subida del IPC por encima del 2% en los últimos meses. De mantenerse así, las subidas de rentas previstas no impedirán una nueva pérdida de poder adquisitivo, el punto de partida del consumo.

De hecho, el último dato del IPC esconde una verdad incómoda. Mientras la inflación se mantiene en el 2,2%, una décima menos que en junio, lo cierto es que la tasa anual de la inflación subyacente –descontados los alimentos frescos y los productos energéticos– se situó en el 0,9%, medio punto menos que hace un año. Esto da la idea de que el IPC se encuentra inflado por los precios energéticos, mientras que el componente puramente relacionado con el consumo se encuentra en una senda bajista.

La pregunta está en el aire. Si el Gobierno no saca adelante su senda de déficit, si se pliega a la más restrictiva, ¿desistirá de elevar el techo de gasto un 4,4% rendido ante la coyuntura económica o confiará en las subidas de impuestos anunciadas para obtener la materia prima necesaria para financiar una agenda social que sirva de palanca para el consumo y el crecimiento económico? La respuesta está en los próximos Presupuestos, para los que el tiempo del crecimiento económico como aliado se agota.