Economía

Los otros mini ‘Gallineros’ de Madrid

La capital erradica los poblados chabolistas pero crecen los asentamientos de, sobre todo, gitanos rumanos. La convivencia es complicada

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Los otros mini ‘Gallineros’ de Madrid
Chabolas diseminadas en solares 'olvidados': el modelo de infravivienda que se estila en Madrid.

Chabolas diseminadas en solares 'olvidados': el modelo de infravivienda que se estila en Madrid.

Resumen:

No trafican con drogas duras ni se estila llevar armas de fuego. Comparten mayoritariamente etnia -romaní- con sus predecesores españoles en las infraviviendas que ocupan, aunque entre los gitanos oriundos de Rumanía y los autóctonos existen diferencias insalvables: los de Europa Oriental son más dados al nomadismo, de asentamiento en asentamiento. Y entre ellos hay clases sociales, a modo de castas. Son escurridizos como las anguilas pero no conflictivos: aprovechan los recovecos -solares, parques- de Madrid para erigir sus chabolas. A veces en el centro de la capital, para cabreo de los vecinos.


Vídeo: G. M. Piantadosi | P. García

Desmantelado hace una semana El Gallinero (“una vergüenza social de 20 años”, según la alcaldesa Manuela Carmena) y cada vez más cerca de la erradicación del gran poblado ilegal que lleva activo más de medio siglo, la Cañada Real Galiana, la nueva tendencia chabolista de Madrid la marcan sobre todo personas gitanas originarias de Rumanía. Los hipermercados de la droga que tantos estragos causaron en los años ochenta y noventa con la heroína y la cocaína dejan paso a un fenómeno nuevo. “Hemos detectado que crecen los agrupamientos y asentamientos de infraviviendas en Madrid capital”, apunta Aura Morales, de la Asociación Barró, un colectivo que ejerce la mediación y colabora con las autoridades desde 1994.

Los poblados están casi erradicados pero los asentamientos crecen en la capital

Una opinión que comparte el Samur: “La distribución de asentamientos pone de manifiesto que en los distritos centrales de la ciudad el número es mayor, destacando de todos ellos el Distrito Centro”, reza un informe interno del servicio de emergencias municipal. “Sin embargo, se observa una nueva realidad en los últimos años, que consiste en que los asentamientos se mueven hacia la periferia”. Hacia los bordes de la M-30.

Asentamientos de "sin techo" en la ciudad de Madrid

Asentamientos de “sin techo” en la ciudad de Madrid

Hay que diferenciar asentamientos de agrupamientos: lo segundo son soportales, plazas, bancos o pórticos que ocupan generalmente mendigos o vagabundos, arrastrados por problemas económicos, familiares o de otra índole. Cuando desaparezca la Cañada Real ya no quedará ningún poblado chabolista en la Comunidad.

Conviven unos 110 asentamientos chabolistas. El jueves Adif desalojó uno

La obtención de datos fiables es casi imposible: según cálculos estimados del Ayuntamiento de Madrid, en los 21 distritos de la capital hay aproximadamente 110 asentamientos chabolistas, cifra que en el momento de escribir este reportaje puede crecer o descender. Dentro de ese centenar largo de núcleos viven alrededor de 1.300 personas, según datos de 2016 que igualmente pueden estar desactualizados.

“Resulta muy complejo obtener con precisión este tipo de datos”, esgrime Juan Carlos Arellana, portavoz del Samur. “Gran parte de las personas ubicadas en los asentamientos rechaza sistemáticamente cualquier tipo de intervención, siendo imposible recabar estadísticas sobre sexo y edad”. Además, otros residen “en espacios privados donde no es posible realizar ningún seguimiento”, agrega Arellana.

No son conflictivos, pero me la lían con la cuenta o se pelean entre ellos”, dice una camarera

Un caso concreto: el pasado jueves se desalojaron una veintena de chabolas en terrenos de Adif y del Ayuntamiento de Madrid, junto al Museo del Ferrocarril de Delicias. “No sabemos adónde ir”, lamentaba la víspera del desalojo en perfecto castellano Floriana, procedente de Rumanía y portando bolsas con barras de pan y garrafas de agua. Este es el prototipo de núcleos que se avecinan: solares medianos olvidados por las administraciones en los que, de la noche a la mañana, proliferan infraviviendas.

‘Un desalojo, otra ocupación’

La expresión de alivio de la camarera colombiana del Bar La Cucaña, pegado a la Estación de Delicias, sobre la eliminación del asentamiento contiguo lo dice todo. “No es que sean muy conflictivos”, dice la dependienta, “pero traían algún problema. Piden cosas y quieren pagar menos o tratan de liártela con la cuenta. Ah, una vez se pelearon entre ellos en la terraza, de ahí pasaron al interior y al final tuvimos que echar la llave porque una turba quería entrar con palos a pegar a los que estaban dentro”.

La problemática es más visual que real: apenas roban, alumbran hogueras…

La problemática del chabolismo que viene es de momento más visual que real. Hay robos, pero puntuales. A veces alumbran hogueras para calentarse o asar algo. Celebran sus fiestas locales. Mean y cagan delante a la vista de todo el mundo. “No son agradables, son sucios y maleducados. Pero es gente que vive en la pobreza extrema y que tiene que vivir en algún lado. Así que ¿qué le vamos a hacer?”, se pregunta Andrés, camarero del Arturo’s, un bar de copas que acaba de abrir junto a Méndez Álvaro. Ahí, pegado a la Estación de Autobuses, hay otro asentamiento de infraviviendas. Cuyos habitantes van a aumentar en los próximos días con la llegada de muchos desalojados de los suelos de Adif. Un desalojo, otra ocupación es la máxima.

Se mezclan sentimientos contradictorios entre los residentes, que van de la solidaridad al racismo de baja intensidad. El presidente de la comunidad de vecinos del bloque de pisos de Méndez Álvaro que da al descampado con chabolas ha iniciado una recogida de firmas para que el ayuntamiento los realoje en viviendas “dignas”. Al norte de la capital, en cambio, una camarera de Fuencarral (los terrenos de la Operación Chamartín) relata cómo su jefe cobra de más a los roms para que no ocupen las mesas y sillas de la terraza. “Utilizan nuestro aseo como ducha y lo dejan todo perdido”. ¿Pagan el café? “Siempre”, responde.

Su principal denominador común es el difícil acceso al empleo”, resalta María José Santacruz

Profesora de la Universidad Miguel de Cervantes y autora de la tesis doctoral ¿Cómo se crea un asentamiento? Prácticas de intervención, dinámica migratoria romaní y segregación urbana en Madrid, la antropóloga María José Santacruz ha visitado incluso Rumanía para conocer los fenómenos migratorios lejos de los estereotipos. “La característica común de todos no es la etnia, ni el género, ni las costumbres. La característica principal es la dificultad para acceder a empleos”, afirma Santacruz por teléfono.

La mayoría de los ocupantes de chabolas en Madrid (un 75% aproximadamente) son rumanos, y de éstos muchos son oriundos de la región de Tandarei, próxima al Mar Negro y de la que apenas existen referencias en castellano en la web. “Allí viven en sus casas y no al estilo nómada, como se escucha muchas veces. Y vienen a Europa porque tras la caída del comunismo y la desarticulación de la industria, allí también sufren el racismo. El coste de la vida en Rumanía es todavía más caro que aquí y cuentan con una muy baja formación”. Todo eso los convierte en los parias de Madrid.

Hay clases y clases: rumanos, rumanos gitanos y rumanos gitanos de origen turco

La intervención de los mediadores y los servicios sociales revela cosas sorprendentes. Como la existencia de clases entre los desarrapados de Rumanía. “En un desalojo de uno de los pabellones abandonados de la Casa de Campo comprobamos que los rumanos no gitanos ocupaban las mejores dependencias”, recuerda Arellana, del Samur. “Después iban los rumanos gitanos y en las peores condiciones los rumanos gitanos de origen turco”.