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Cuándo será la próxima recesión

Economía Análisis

Cuándo será la próxima recesión

Había una palabra que se repetía en todos los corrillos que reunían esta semana en el Congreso AECOC a más de 1.000 ejecutivos de empresas del gran consumo. Entre café y café, oyéndoles charlar en confianza a los encargados de fabricar desde las galletas que comemos al desayuno a quienes venden pasta de dientes, pasando por los dueños de las cadenas de supermercados donde llenamos la nevera, la palabra más repetida (y temida) de este año era «desaceleración».

En este punto de encuentro anual de los gestores del 20% del PIB del país, los empresarios reconocían (en bajo, eso sí) un altísimo nivel de incertidumbre. Muchos empiezan a presentir una crisis. Otra. Aunque todos bajaban la voz al decir esa palabra, como para evitar que se la oiga el destino y lo convierta en profecía autocumplida.

«Mi aspiración el año que viene es ganar lo mismo que este año, con eso ya me daría por satisfecho», comentaba off the record el responsable de una compañía de alimentación recién llegado al cargo. «En sectores como banca, logística y distribución ya estamos notando que las empresas se están apretando el cinturón, sobre todo las catalanas», confesaba a continuación un cazatalentos del sector retail.  «Con los niveles de incertidumbre que hay es imposible hacer un plan de negocio a tres años. ¡Si no sabemos ni qué va a pasar con Italia ni con el Brexit!», añadía al debate un consultor de las big four.

No solo los empresarios están alerta. El Índice de Confianza de los Consumidores se ha desplomado en el mes de septiembre en 12 puntos en España, lo que supone la mayor caída de los últimos dos años. El mercado laboral español, sin embargo, sigue creciendo y encadena cuatro años consecutivos creando empleo. La última Encuesta de Población Activa (EPA), revela que la tasa de desempleo es la más baja en una década (por primera vez por debajo del 15% desde finales de 2008). ¿Dónde está entonces el miedo? Es el tercer trimestre en que menos empleo se ha creado desde 2015. Y las subidas de impuestos anunciadas por el Gobierno de Pedro Sánchez están aumentando la incertidumbre.

No solo está la palabra desaceleración en los corrillos de empresarios a la hora del café, también en los informes de previsión. BBVA Research, el servicio de estudios de la entidad bancaria, certifica la ralentización de la economía. Según Jorge Sicilia, economista jefe del grupo BBVA: «La demanda embalsada que hacía que el consumo estuviese creciendo por encima de los fundamentales ha desaparecido», es decir, las compras que aumentaron cuando se animaron a gastar de nuevo las familias que lo habían pospuesto con la crisis ya se han estabilizado. Su previsión, que redujo al 2,6% la expansión prevista del Producto Interior Bruto (PIB) para este ejercicio, acusa sorpresas negativas que, sobre todo, cree que pueden afectar al consumo y las exportaciones.

Un 56% de los economistas de EEUU está de acuerdo en prever una recesión para finales de 2020

“Creo que existen altos riesgos de una nueva crisis en un periodo cercano”, afirma Francisco González Rodríguez, catedrático de Economía Financiera de la Universidad de Oviedo. “Pero de que existan riesgos a que se materialicen hay un trecho” matiza.

“Los indicadores dicen, si somos objetivos, que estamos creciendo en España a una velocidad de crucero del 2,7%”, destaca Juan José Méndez, director de Estudios y Proyectos de CEPREDE, un centro de Predicción Económica vinculado a la Universidad Autónoma. Aunque advierte de que «cuanto más se hable de recesión, antes vendrá: pero desde el punto de vista de los indicadores sería una temeridad decir que en España estamos cerca de una recesión».

Según Méndez, «de lo que se puede hablar es de moderación, porque objetivamente no podíamos esperar a seguir creciendo al 3%. Pero se están creando más de 400.000 puestos de trabajo al año. Y con estos análisis objetivos, y el repunte de los precios inmobiliarios y del alquiler, nadie diría que aquí hay un enfermo”. Sin embargo, matiza su optimismo: «Si tenemos en cuenta la caída de confianza de los consumidores y la baja confianza en las instituciones y los políticos que revela el CIS, es normal que haya dudas».

¿Crisis en 2020?

Lo que en España es un incipiente temor a la desaceleración se convierte abiertamente en miedo a una nueva recesión al cruzar el charco. En la economía estadounidense, una década después del colapso de Lehman Brothers, Wall Street quiere adelantarse esta vez a lo peor.

Según el modelo del banco de inversión JP Morgan que aspira a medir el momento y la gravedad de la próxima crisis financiera global, la fecha a señalar en rojo en el calendario es 2020. Un 56% de los economistas de EEUU está de acuerdo en prever una recesión para finales de 2020, según la Asociación Nacional de Economía Empresarial. La buena noticia es que el indicador de JP Morgan vaticina una crisis menos profunda que la anterior. Aunque la Fed, por su parte, sigue previendo un crecimiento del 2% (2020) y del 1,8% (2021). Incluso elevaron su proyección para el crecimiento de este año hasta el 3,1% desde el 2,8%;

«No podemos saber si habrá crisis en 2020», afirma Javier Ferri, profesor de Economía de la Universidad de Valencia e investigador de Fedea. «Si realmente lo supieras a ciencia cierta, hoy mismo la gente empezaría a vender sus acciones y se produciría ya. Por definición una crisis no se puede predecir de forma exacta».

Los gobiernos, economistas y empresas trabajan con escenarios probables. Y observan los factores que indican que la próxima crisis podría estar cerca. La primera pista es la experiencia de que la economía funciona con ciclos y en EEUU lleva ocho años alcistas. «Tener 30 trimestres seguidos de expansión es muchísimo en términos históricos y eso significa que el ciclo está maduro», añade Ferri, que utiliza el símil hortofrutícola para explicar la macroeconomía. «Cuando está maduro el ciclo le pasa como a las frutas en el árbol, que se caen».

“El escenario para 2019 será de ralentización del crecimiento tanto en España como a nivel europeo y global”, calcula José María Comajuncosa, profesor de Economía y Finanzas de Esade, que hace un informe semestral de previsiones y prepara el que se publicará en enero. “Nos da la impresión de que los temores de tipo cualitativo van al alza. Los problemas que el año pasado eran posibilidades se empiezan a convertir en realidad. Los primeros movimientos proteccionistas en EEUU, los populismos, las dificultades de las economías emergentes…”

No todos los expertos ponen énfasis en los riesgos. Hay otra forma más cauta de verlo: “Una cosa es que las previsiones de 2018 que pintaban muy bien hayan empezado a revisarse a la baja”, matiza Méndez. “Ahora bien, aún no se ve posibilidad de recesión en EEUU, que tiene la mejor tasa de desempleo de la historia (3,9%). Todo el mundo decíamos que Trump iba a traer inestabilidad e incertidumbre y de momento hay que reconocer que en lo económico no ha sido así. Nos hemos equivocado. El desempleo sigue en mínimos históricos y el Dow Jones sigue al alza”.

Riesgos políticos

Existen distintos puntos del planeta con desequilibrios políticos que, sumados a los económicos, hacen sospechar que se avecina una tormenta. La desaceleración es evidente. Lo que ya no lo es tanto es si esta moderación se transformará en recesión ni mucho menos cuándo. Entre los problemas más temidos están las inestabilidades surgidas como consecuencia directa de la anterior crisis económica.

La debilidad de la Unión Europea y la proliferación de gobiernos populistas son el ejemplo claro. Es decir, los problemas que pueden desencadenar la siguiente crisis se nutren de la anterior. Sin ella no se entienden ni la política proteccionista de Trump, ni el Brexit ni el desafío de Italia a la Unión Europea.

A la hora de evaluar los riesgos en Europa, todos los expertos coinciden en señalar que estos tres son los principales riesgos. Sin embargo, siguen siendo difíciles de calibrar: ni Trump, que es impredecible, ni el Brexit, que aún no sabemos si va a ser duro o blando, ni la amenaza de inestabilidad de gobiernos populistas como el italiano (que tampoco sabemos si va en serio cuando amenaza con salirse del euro). «Siempre es posible un acontecimiento catastrófico», reconoce Ferri. «No es probable, pero no es descartable. Y que Italia dijera que sale del euro sería catastrófico».

Las consecuencias de la política proteccionista de Trump aún están por calibrarse. «Pero también puede perjudicar mucho a EEUU el freno a la inmigración», advierte Ferri. «Si el mercado no se puede abastecer con la mano de obra doméstica y  corta flujos sobre la oferta de trabajos, podrían encarecerse mucho los costes laborales». Y añade: «Si a esto se le uniera la subida de tipos, repercutiría más en la inflación. Si no se gestiona bien políticamente, se pueden retroalimentar riesgos de los factores de oferta y demanda hasta crear una tormenta perfecta».

La probabilidad que da la Fed en su observatorio de ciclo económico en 2019 es del 15%. «¿Es mucho o poco?», se pregunta Ferri. «Parece poco. Pero si lo piensas jugando al parchís, que te salga un número concreto tiene un 16% de posibilidades. No es mucho, pero te puede salir el cinco».

De hecho, la propia FED puede ser parte del problema. «El peligro más grande que vemos es que la Reserva Federal optara por una subida de tipos más rápidas de lo esperado”, apunta Comajuncosa. «El mercado considera que el tipo el año que viene alcanza el 3%, pero si en vez de a finales de año la subida llega a principios, se precipitaría todo. Eso afectaría a las economías emergentes porque están muy endeudadas en dólares y eso les aumentaría costes financieros y rebajaría beneficios. La carga en moneda nacional de esa deuda aumentaría y la inversión empresarial, que se venía comportando muy bien en el último año y medio, se frenaría. Y a Europa la subida de tipos le afectaría indirectamente en la inversión y el consumo».

Méndez coincide en el temor: «La única tormenta que puede forzar un cambio de ciclo es la curva de tipos en EEUU, pero yo entiendo que la FED va a ser inteligente y manejar bien las expectativas de los mercados». Y añade: «Si no calcula bien sus subidas, podría también hacer caer la bolsa porque deje de ser rentable estar en renta variable en comparación con la rentabilidad de tener los ahorros en el banco de forma segura. Eso haría que la gente se salga de renta variable a renta fija. Y que los dólares que están afrontando riesgo en mercados emergentes vuelvan a EEUU. Si esa salida es muy agresiva puede ser un detonante de desestabilidad mundial”, reconoce.

En que las subidas de tipos no sientan bien a la bolsa están todos de acuerdo. «Lo que podemos esperar en el futuro, aunque no sabemos cómo de lejano, es una corrección importante en el precio de las acciones de la renta variable estadounidense cuando suban tipos», advierte Ferri. «Y cuando baja la bolsa estadounidense baja, el susto se contagia, sobre todo si la corrección es brusca».

Desarmados

La buena noticia es que incluso las previsiones más pesimistas coinciden en que una eventual nueva crisis sería más breve y superficial que la anterior. La mala, que no queda margen para bajar tipos ni subir impuestos y, encima, el auge de los partidos populistas complica una acción conjunta internacional.

«Desde la anterior crisis solo hemos tomado medidas paliativas, no hemos solucionado ningún problema», opina González Rodríguez. El catedratico de la Universidad de Oviedo añade: «Es como si nos hubieran dado medidas paliativas para superar un infarto. Hemos saldo de la UVI pero seguimos fumando y sin dieta ni ejercicio y somos candidatos a otro infarto. Ni hemos cambiado administración pública, ni sistema educativo, ni pensiones… Para la recuperación se ha confiado demasiado en el tirón exterior y en un ciclo alcista que puede estar llegando a su fin. Nos cuesta competir en costes con otras economías en desarrollo y no invertimos suficiente en innovación para crear más valor añadido y competir con las desarrolladas. Y a nivel europeo, no se ha avanzado adecuadamente en la unión bancaria. Seguimos con el mecanismo de intervención europeo que solo es aceptable sobre el papel. No se han hecho los deberes”.

En la anterior recesión España entró con un paro que rondaba el 8%, ahora es casi el doble. ¿Y qué margen tenemos para actuar si hay recesión en España? En lo fiscal, el nivel de deuda pública está por encima del 100%. Y en lo monetario, las manos del BCE están atadas para bajar los tipos porque llevan en mínimos desde que Draghi prometió «hacer lo que fuera necesario» para sacar a Europa de la crisis. Lo que no queda claro es cómo va a sacarnos de la siguiente sin margen de maniobra.

“Una recesión llega tarde o temprano, pero ahora los instrumentos son menos porque nos preocupó tanto de la crisis que no nos hemos preparado para la siguiente”, afirma Comajuncosa. “Parece que en lugar de aprender de la lección se ha seguido la estrategia de crecer endeudándonos y no es señal de haber aprendido la lección de la gran recesión”.

España no es Italia

El mayor peligro ahora en Europa es el lío político en Italia, que está en pleno órdago a la Comisión Europea, que por primera vez le ha rechazado los presupuestos a un país miembro. “El Brexit es complicado pero al fin y al cabo Reino Unido está fuera del euro”, afirma Comajuncosa. «Italia es lo único que podía volver a despertar una tormenta de la deuda pública y corporativa con el consiguiente deterioro de expectativas e incluso recesión económica».

Si el problema con Italia se prolonga o contagia a otros países a aumentar su euroescepticismo podría llegar a forzar la recesión y desestabilizar el euro. «Podría crear una situación similar en la UE a la crisis existencial del euro de 2010 o 2011», advierte Comajuncosa. «La solución no es fácil y requiere de audacia política, porque si la UE cede puede inspirar a otros países a saltarse el techo de deficit y si se muestra muy estricta no sabe cómo reaccionarán los populistas”.

«El ciclo en España todavía no está maduro y, si no para nada más y si la desaceleración global fuera paulatina, España tiene margen para seguir creciendo», asegura Ferri, aportando una vía para el optimismo. «Si comparamos la situación de España actual con cómo estaba antes de la anterior crisis financiera, España está mejor en lo que se refiere al sector bancario. Está saneado, el organismo supervisor está más pendiente, los balances están aseados. No hay duda de que en eso estamos mejor».

Otra ventaja para España es que ya no es parte de lo que la prensa anglosajona llamó los PIGS, ya no está en el vagón de cola de Europa

La crisis se producirá si llega un detonante. «Pero no debemos dar alertas infundadas», añade Méndez. «Italia puede ser ese resorte que active la crisis, pero si el sistema político español consiguiera volver a reconducir la imagen social interna y externa de nuestro país la situación iría a mejor y con menos ruido».

Otra ventaja para España es que ya no es parte de lo que la prensa anglosajona llamó los PIGS, el acrónimo con vagón de cola de los países del sur de la anterior crisis que protagonizaron Portugal, España, Grecia e Italia. El miedo ahora se concentra en la I de Italia y España no está en ningún pack, sino alineada con el resto de la zona euro. «El problema italiano en España no existe», dice Comajuncosa. «No hay una opinión pública que perciba al euro como culpable, ni un populismo que quiera salir del euro».

Al final, aunque no haya acuerdo en el grado de contagio, todos coinciden en que dependemos del Brexit y de Italia, que son también las sombras más comentadas entre los temores del empresariado español a la hora del café del Congreso de la Asociación de Empresas de Gran Consumo (Aecoc). Sobre todo después de escuchar a su presidente Javier Campo, que advirtió en su conferencia inaugural de que «España no es Italia pero lo podría llegar a ser».

Recordó Campo ante los empresarios que hay motivos para el optimismo. El PIB en nuestro país ha crecido un 38% desde el año 2000, frente al 5% de Italia. Destacó Campo que España ha salido más saneada de la crisis que el vecino transalpino. La renta per cápita española es un 14% mayor que hace un par de décadas, mientras que la italiana ha caído un 4% en estos años, según sus datos. Y  la prima de riesgo española está en los 130 puntos, mientras la italiana supera los 330 puntos. “Mejorar la productividad es tarea de todos pero la clase política es la que tiene que realizar las reformas necesarias. Es lo que permitirá mejorar la calidad de vida de todos los españoles”, apuntó el empresario.

Mediante un sistema de votación en sala, el 37,5% de los más de 1.000 directivos asistentes al congreso de AECOC afirmaron esta semana que esperan crecer más del 5% este año; otro 23,2%, entre un 3% y un 5%. Esos números no reflejan ninguna crisis. Luego, en los pasillos, volvía el temor a que el año que viene, cuando vuelvan a reunirse, la desaceleración en vez de un rumor sea una invitada a la reunión.