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Los robots empiezan a estar por todas partes. En el campo, también.

Economía

Robots: ¿burbuja u oportunidad?

La revista Time eligió al pequeño robot Jibo como uno de los 25 mejores inventos de 2017. Este año se suponía que iba a arrasar en el mercado. El pequeño androide de sobremesa estaba pensado para llevar los robots al hogar. Además de responder a preguntas como Alexa y Siri, Jibo también podía reconocer hasta 15 personas gracias a su cámara y saludarlos nada más verlos.

Sin embargo, la empresa de Jibo empezó a dar señales de cierre en noviembre tras acumular retrasos en los envíos. También ha sido cancelada la venta en las últimas semanas de otro robot para el hogar de Mayfields Robotics llamado Kuri, una especie de mezcla de R2D2 y un pingüino intergaláctico, capaz de pasearse por el hogar como un mayordomo virtual mientras atendía órdenes para poner música o servir de cámara de seguridad. Los casos de robots para el hogar que prometían que 2018 iba a ser el año en que llenábamos la casa de acompañantes robóticos a lo Wall-E pero han terminado por fracasar se acumulan.

Robot Kuri

Anuncio de promoción del robot Kuri, un reciente fracaso en la robótica para el hogar

¿Acaso no era la robótica uno de los sectores más prometedores de la inversión? Sí. Una cosa es que todavía los consumidores no quieran pagar unos 800 euros por tener un aparato en casa como Kuri que te siga a todas partes esperando instrucciones (a no ser que vaya mientras limpiando la casa, porque el aspirador robótico Roomba sí que está funcionando en ventas), y otra muy diferente que la robótica no sea un sector interesante para invertir.

La robótica es mucho más que unos cuantos gadgets para el hogar. Mientras el consumo en los hogares se inclina más por versiones asequibles y menos espectaculares como los asistentes de voz de Amazon y Google, que prometen ser un éxito de ventas estas navidades, la verdadera oportunidad en robótica no es cosa de futuro, sino presente. Y está en las inversiones industriales y empresariales, en los procesos que están transformando el tejido productivo. Y en eso es en lo que se están fijando los inversores.

Para entender el verdadero boom de la robótica hay que dejar de esperar la inminente llegada de un C3PO a nuestra vida. “El concepto róbotica es muy amplio”, explica Angel Morales, director de Accenture Technology. “Y se está dando un fuerte desarrollo en la robótica tanto en software como en hardware”. La demanda que hacen las compañías de esta tecnología es muy diversa. “Muchas empresas, por ejemplo, trabajan con exoesqueletos en el sector de la construcción, el aeronáutico y la logística, ayudando a las personas a ampliar sus capacidades cuando mueven peso”.

Moda vs. Megatendencia

En los mercados financieros, las modas suelen tener mucho predicamento. Solo con incluir la palabra blockchain en su nombre ha bastado para que varias empresas multiplicaran su cotización en el mercado este año. El bitcoin y las criptodivisas son el ejemplo más reciente de cómo, de vez en cuando, una serie de activos consigue atraer un interés creciente entre los inversores y a los pocos meses se desinfla. El aumento de la demanda no siempre es racional cuando algo se pone de moda.

¿Está pasando algo así con la robótica? En los últimos meses, el interés en las firmas relacionadas con la robotización ha sido uno de esos términos que han logrado ganar un inusitado protagonismo entre las recomendaciones de inversión. Y sus números han favorecido este interés. Ahora los inversores se preguntan si la robótica es una burbuja o ha llegado para quedarse.

Según un informe elaborado por Deloitte, el 53% de las empresas ya está inmerso en la implantación de la automatización de procesos por parte de robots (Robotic Process Automation, RPA, por sus siglas en inglés) y el 19% lo hará en los próximos dos años.

“El interés en la robótica que nos piden las compañías no es una burbuja”, afirma Morales, que asesora a empresas que quieren incorporar estas tecnologías en sus procesos de producción. “Hay un interés real”.

Solo entre enero de 2016 e inicios de 2018 el índice Robo Global Robotics and Automotion, creado para ofrecer una referencia sobre la evolución del sector en bolsa, registró cerca de un 100% de revalorización. Sin embargo, el prometedor sector de la robótica no ha podido escapar a las incertidumbres que han zarandeado los mercados desde el inicio del año y, desde sus máximos, acumula ya recortes superiores al 20%.

Este pinchazo ha dado pábulo a las visiones más alarmistas, que advierten de que la fiebre por la inversión en robótica ha promovido valoraciones irracionales, que no se sustentan más que por expectativas con poco sustento tangible. El pinchazo de la burbuja puntocom, a inicios del presente siglo, es un referente aún reciente como para olvidar los peligros de lanzarse a este tipo de inversiones tecnológicas sin más consideración que las promesas de ganancias de un futuro incierto.

Los peligros del futuro

Sin embargo, los expertos se siguen mostrando optimistas sobre el potencial que encierra este sector. “Creemos que todavía estamos en la etapa inicial de una fuerte tendencia de crecimiento secular a largo plazo en robótica, automatización e inteligencia artificial”, explica Angus Muirhead, gestor de cartera del Credit Suisse Global Robotics Equity Fund. Este fondo, que gana un ligero 1% en los últimos 12 meses, cuenta entre sus principales inversiones con Mazor Robotics, una compañía israelí de tecnología enfocada a la medicina o la alemana Duerr, englobada dentro del sector industrial.

“La globalización, la digitalización y las presiones demográficas, junto con la industrialización en curso de los mercados emergentes, continuarán impulsando la adopción de la automatización y la robótica a nuevos niveles”, comenta Muirhead.

Lo cierto es, no obstante, que ante la primera aparición de dudas en el horizonte inversor, el dinero ha dado la espalda al negocio de la robótica. Podría entenderse que este movimiento ha servido para depurar los excesos de los años previos, pero los datos no evidencian que las valoraciones de la robótica se hayan disparado de forma poco racional. Así, por ejemplo, el fondo iShares Automotion & Robotics, elaborado por la gestora Blackrock, registraba al cierre de 2016 un PER (la relación entre el precio y el beneficio, cuanto más elevado más cara está la acción) de 19,7 veces, que se redujo a 19,3 al año siguiente y que se espera que cierre el presente ejercicio en unas 18,3 veces.

Y es que, contra lo que podría pensarse en una etapa tan inicial de esta tendencia, son muchas ya las empresas que ofrecen rendimientos positivos. Así, Credit Suisse subraya que de las 50 empresas en su cartera solo seis registran flujos de caja negativos. “La mayoría de nuestras empresas son rentables y muchas son líderes en tecnología o disruptores en su campo”, comenta Muirhead.

Que en un laboratorio algo es tecnológicamente posible no lo convierte inmediatamente en una buena inversión. Al menos no en el corto plazo, “Hay un gap entre la universidad y el mercado”, afirma la doctora en ingeniería industrial y experta en robótica Concha Monje, investigadora del Robotics Lab de la Universidad Carlos III de Madrid. “Desde que tienes una tecnología desarrollada hasta que sale al mercado pueden pasar 10 años, sobre todo si hablamos de un uso industrial”.

“Una cosa es el momento prototipo e investigación y otro es plantearse ponerlo en escala productiva”, advierte Morales. “Hay que tener muy en cuenta la seguridad, el impacto en los empleados, cómo los capacitas y los actualizas al nuevo entorno. Y ver todos los ángulos de impacto en este nuevo tipo de tecnologías. Es peligroso subestimar lo complicado de pasar de la fase prototipo a la fase de negocio”.

“En España hemos mejorado mucho en los últimos años en el sector”, añade Monje. “Hay más apertura para recibir la tecnología y las empresas son más conscientes de que tienen que invertir en tecnología para crecer”. Para esta experta, que trabaja a diario en un laboratorio rodeada de robots, la robótica está en un momento dulce y de proyección muy prometedora en nuestro país: “En España está muy bien asentada la robótica industrial, en la fabricación de coches y aviones. Es tecnología ideada y patentada en España. Estamos a la cabeza de ese sector. Y van a seguir aumentando los millones de robots industriales que demanda el mercado”.

No obstante, invertir en robótica no está exento de peligros. “Preocupa, por ejemplo, la seguridad y la escalabilidad”, reconoce Morales. “Estamos ante capacidades muy novedosas y es lógico que preocupe”. Las empresas se preguntan cómo lo va a aceptar tanto el mercado como la plantilla.

Oportunidades

Los expertos en robótica que buscan oportunidades de inversión en este sector también subrayan la importancia de saber distinguir y diversificar en un universo plagado de pequeñas compañías con negocios muy de nicho. Para Peter Lingen, gestor del fondo Pictet Robotics, las mejores oportunidades se encuentran entre las empresas de mayor capitalización dentro de la industria de la robótica. Lingen confía en que los grupos de mayor tamaño puedan beneficiarse en mayor medida de una previsible concentración en el sector: “Estimamos que la actividad de fusiones y adquisiciones en robótica seguirá, así como la consolidación en la industria de semiconductores”, comenta.

En la cartera de Pictet se incluyen grandes grupos industriales y tecnológicos, como Siemens, Qualcomm o Alphabet, así como compañías más especializadas, como la japonesa Fanuc o la estadounidense Synopsys.

Lo que parece claro es que, más allá de recortes puntuales, el potencial que justifica la inversión en robótica sigue apareciendo como intacto a ojos de las grandes firmas de inversión. “No creemos que la inversión en robótica sea una moda de inversión puntual, creemos firmemente que la tecnología en este campo seguirá avanzando y por tanto este tipo de inversión debe formar parte de una cartera, siempre y cuando se haga de una forma diversificada”, explica Ana Fernández, socia directora de AFS Finance Advisory EAFI, firma asesora del Kokoro World Trends, fondo gestionado por Gesconsult y enfocado en las megatendencias, en el que la robótica ocupa un lugar destacado.

Fernández cita informes de la Federación Internacional de Robótica para refrendar las elevadas expectativas de desarrollo de esta industria, la cual sobrepasa cada vez más los límites de las fábricas para adentrarse en los más diversos sectores. Lingen también se apoya en un estudio, éste de Boston Consulting Group, para señalar que el negocio de la robótica se espera que registre un crecimiento durante la próxima década de hasta el 10% anual, es decir, hasta cuatro veces superior al crecimiento mundial.

Por todo esto, “creemos que el tema de la robótica, la automatización y la inteligencia artificial se encuentra al comienzo de un ciclo de crecimiento secular de varias décadas que cambiará muchos aspectos de nuestras vidas”, augura Muirhed.

Cuidado con el humo

Cada vez estamos más acostumbrados a ver almacenes totalmente automatizados y cadenas de producción en industrias como la del automóvil en las que es raro ver humanos. Además de la industrialización y la logística, hay otros sectores en los que la robótica empieza a expandirse. En salud, por ejemplo, es uno de los sectores donde más están creciendo las inversiones.

La inteligencia artificial dentro de la robótica también presenta grandes oportunidades en banca, en marketing y en general en todo tipo de aplicaciones que requieran grandes análisis de datos”, explica Monje. “Cada vez más el éxito de las empresas se basa en analizar esto a tiempo”. Pero añade una advertencia a los que acaban de empezar a interesarse por el sector: “Hay mucho desconocimiento en qué es robótica y qué no lo es, porque todo el mundo se quiere meter en el barco de la inteligencia artificial y eso es muy peligroso”.

Pero cuidado. “Hay mucho humo”, recuerda Monje, que recomienda hacer un análisis crítico del personal de la empresa o la start up, “para saber con qué garantías están en el mercado y qué proyectos e investigaciones han hecho antes”.

Aunque invertir en robots no está exento de riesgos, los expertos coinciden en señalar que mucho más arriesgado es no hacerlo. “El mercado está viendo que es el momento de empezar a incorporar estas tecnologías porque la velocidad de adopción es muy elevada y el impacto en el negocio también”, afirma Morales. “Es el moméntum. Está llegando a los hogares. En unos meses nos parecerá tan natural como encender la televisión”.

Al futuro conviene no llegar tarde. Pero tampoco demasiado pronto. Que se lo digan a los pobres Jibu y Kuri.

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