Mercedes Wullich, experta en feminismo

Mercedes Wullich, directora de Gender Capital Magdalena-Siedlecki

Economía Entrevista a Mercedes Wullich

"Hay machistas en todos los partidos políticos"

«Nunca he recibido en toda mi vida una sola subvención», aclara con orgullo al empezar la conversación Mercedes Wullich, que lleva más de 40 años trabajando desde la comunicación y la empresa por la igualdad de oportunidades para las mujeres. Esta argentina afincada en Madrid desde hace 18 años dirige Gender Capital, una consultora especializada en género y diversidad: «Desde ahí peleo por el acceso de la mujer a los ámbitos de decisión». Está convencida de que por la igualdad hay que luchar no solo desde la política y la familia, también desde las empresas. Y es que la diversidad es rentable.

Esta misma semana hemos sabido que el número de mujeres consejeras del Ibex en España a cierre de 2018 bate su récord con el 24%, cifra que aún no está a la altura de la recomendación de la CNMV (que en su Código del Buen Gobierno marca el objetivo del 30% de mujeres en consejos de administración para 2020), pero es una mejora. Wullich considera «una buena noticia, sin duda, aunque hay que seguir avanzando». Y añade: «Vamos viendo cambios y por supuesto estamos mejor que hace décadas, pero me gustaría hablar de otras cosas con mis nietas y me temo que dentro de unos años va a seguir haciendo falta que hablemos de esto».

El ojo salvaje

Además de empresaria y consultora, Wullich es también periodista. En la web Mujeresycia.com que fundó hace 10 años, se centra en la actualidad con perspectiva de género. «Hay que andar con el ojo en estado salvaje», dice citando a André Bretón. Se refiere, como hacía el poeta, a la importancia de no acostumbrarse a dar por hecho lo que vemos alrededor. Wullich lo aplica al feminismo porque «no tenemos consolidados muchos de los avances y podría haber retrocesos que penalicen a las mujeres».

Mercedes Wullich, directora de Mujeres y Cia

Mercedes Wullich, directora de Mujeres y Cia Magdalena Siedlecki

 

«Las mujeres decidimos entre el 70% y el 80% del consumo de las familias», afirma. «Podríamos estar utilizando ese poder para acelerar la igualdad en la sociedad, para que las empresas se lo tomen más en serio». En el último año, a raíz de las manifestaciones del 8 de marzo, considera que en las empresas «ha habido un impulso importante para visibilizar la diversidad. Algunas la harán porque creen en ello y otras para la foto porque ya hay cosas que, afortunadamente, están mal vistas. Como organizar un congreso en el que solo participen hombres, algo que hasta hace bien poco se veía sorprendentemente normal. Pero aunque no sea siempre por conciencia sino por imagen, el caso es que es un avance».

Reconoce haber tenido a su madre y su abuela como dos modelos de mujeres fuertes y valientes que siempre la inspiraron, e insiste en que «la educación es la palanca fundamental para seguir avanzando hacia una mayor libertad». A lo que añade:  «La educación es fundamental para que las elecciones personales tanto de hombres como de mujeres sean realmente libres y no consecuencia de las convenciones sociales».

Recuerda que cuando empezó a trabajar como periodista con apenas 17 años, le sorprendió descubrir que «las mujeres teníamos acotadas muchas decisiones». Había crecido junto a su madre y su abuela, las dos viudas y mujeres trabajadoras y dos mujeres fuertes que le habían transmitido una idea de libertad que resultó no estar tan extendida en la sociedad como ella creía. «Cuando empecé a tener consciencia me llamó la atención encontrarme un mundo en el que las mujeres estaban todavía muy acotadas en lo doméstico y tomaban pocas decisiones», recuerda. Eran finales de los años 70 y desde entonces se ha tomado muy en serio trabajar por la igualdad de oportunidades.

La educación es fundamental para que las elecciones personales tanto de hombres como de mujeres sean realmente libres»

Wullich, que tiene cinco hijos, nunca ha dejado de trabajar. «Estaba con una mano tecleando en mi Lexicon 80 las crónicas y con la otra dando de mamar a mis hijos», recuerda con una sonrisa. «Tuve la suerte de haber encontrado una pareja que me impulsaba a hacer lo que yo quería hacer, nos conocimos en la universidad» ¿Seguro que fue suerte? «Bueno, lo cierto es que me lo curré», sentencia con una sonrisa.

Siete de cada cinco requisititos

Wullich, fundadora también del ranking Las Top 100 Mujeres Líderes en España, no solo es crítica con las empresas con las que trabaja, también cree que las mujeres necesitamos más autocrítica: «Todavía me encuentro con mujeres que son unas cracks en su campo y tienen mucha falta de confianza para pedir en alto lo que creen que merecen, ya sea una subida de sueldo o un ascenso. Sin embargo, los hombres están por lo general más preparados para la ambición, la negociación y la verbalización de lo que se quiere».

Y tal vez porque sabe lo controvertidas que pueden sonar sus palabras se explica con detalle: «Es injusto desde la base, porque a la hora de educar es injusto que se transmitan valores diferentes a niños y niñas». Y añade: «Los directores de Recursos Humanos a menudo me dicen que cuando se presenta la oportunidad de un ascenso y hacen falta cinco requisitos para optar a él, para levantar la mano a muchos hombres les basta con cumplir uno solo de ellos, mientras que las mujeres esperan a tener siete de los cinco… Son generalidades, por supuesto hay excepciones, pero esto es lo que me dicen las empresas».

Claro, que el que las mujeres expresen menos sus ambiciones no significa que no las tengan, sino más bien que no están acostumbradas a hablar de ello. Por eso Wullich defiende que avanzar hacia la igualdad pasa por la educación: «Es avanzar para que cada uno cumpla en vida sus sueños, cada uno los que tenga, y sin presuponer que por ser hombre o mujer se tiene que vivir la vida de una determinada manera».

Los sueños de la familia

También haber sido educado en un entorno en el que se fomenta la ambición laboral como eje del éxito en la vida tiene su contrapartida. Y lo mismo hay mujeres a las que pasados los años les pesa haber renunciado a sus carreras porque un cargo de responsabilidad les parecía incompatible con formar una familia, también Wullich menciona hombres que siguieron una carrera directiva sin vocación simplemente porque era lo que se esperaba de ellos y, pasados los años, se arrepienten de no haberle dedicado más atención a sus hijos. «Un mundo más justo en el que todos seamos más libres de elegir nuestro futuro no le quita nada a nadie», afirma Wullich.

Igualar el permiso de paternidad con el de maternidad es un primer paso fundamental para la igualdad en la empresa»

El papel que juega la maternidad en la empresa y en la sociedad es ineludible. «Igualar el permiso de paternidad con el de maternidad es un primer paso», afirma Wullich. «Si hay un proyecto vital importante es tener hijos, por eso igualar los permisos es fundamental, si no siempre va a parecer que es voluntad de la mujer quedarse en casa y las empresas no verán candidatos en igualdad de condiciones», apunta. Y añade con firmeza, alzando la voz: «Me irrita especialmente que tener hijos se siga considerando un tema de las mujeres, porque la maternidad es un asunto económico, demográfico y profundamente estratégico no solo para las pensiones, sino para que sobreviva España».

¿Pero no son muchas las mujeres las que libremente deciden priorizar estar más con su familia frente a su carrera laboral? «Muchas lo eligen y está muy bien, pero otras muchas veces no es así. ¿Y cuántos padres lo preferirían si pudieran elegir? Debemos defender la libertad de cada quién a elegir libremente», afirma con vehemencia. «A menudo esa supuesta libertad solo es una libertad dibujada: si el salario de las mujeres es inferior, si la pareja no se corresponsabiliza, si de las mujeres se espera que lleven el peso del cuidado… Hay que darse cuenta como sociedad de lo que significa la familia, cualquier tipo de familia, como factor de desarrollo y luego de qué manera se reparten las cargas y los sueños dentro de esa familia para que sus miembros sean lo más libres posibles al tomar sus decisiones».

La barra del bar

«El cambio está en nuestras manos, pero hay que empezar a decir en alto lo que se piensa», afirma Wullich. Aunque considera que 2018 ha marcado un antes y un después con las reivindicaciones feministas, cree que muchas de las reivindicaciones feministas no están tan asentadas en las empresas y en la sociedad como pueda parecer. «Una cosa es lo que se dice de cada a la galería y otra lo que se dice en la barra del bar. El pensamiento, salvo honrosas excepciones, sigue siendo tan retrógado como el de nuestros abuelos. Nuestro deber es decir lo que pensamos e intentar convencer. Y la barra del bar es nuestra cuenta pendiente».

Entre las cosas que todavía puede ser impopular defender en ciertos ámbitos todavía están las cuotas de mujeres para directivas. «Que Ana Botín, la empresaria referente más importante de España, haya dicho que está a favor de ellas ha sido un aporte que ha hecho muchísimo bien a las mujeres. Y sobre todo que explique que ha cambiado de idea al respecto».

«El 50% de los hombres directivos serán brillantes, pero el otro 50% están ahí por la cuota del amiguete»

Wullich reconoce que le suena viejo que todavía haya directivas que digan «yo no quiero que digan que estoy aquí por la cuota… ¿Pero por qué te crees que están en puestos de dirección el 50% de los hombres?. El 50% serán brillantes, pero el otro 50%, no: una gran parte de los hombres que han llegado donde han llegado están ahí por una cuota: la cuota del amiguete, la cuota del colegio y la cuota de la copa y la cuota del golf», afirma Wullich. «Eso se llama lobby y para muchas mujeres todavía es una cuenta pendiente  entender que pueden llamar a otra mujer o a otro hombre para pedir que le echen una mano en lo laboral cuando la necesitan, la importancia de tener una red de contención a la que echar mano cuando la necesites».

«Dentro del reparto estereotipado que tenemos hombres y mujeres, a nosotras sin embargo nos cuesta menos reconocer debilidades en el ámbito familiar o personal y coger el teléfono para pedir ayuda. A los hombres les suele costar más. Y creo que eso también se lo debemos a los hombres: ¿por qué no van a poder ellos expresar una debilidad personal?», se pregunta la empresaria.  «Necesitamos liberarnos de nuestros estereotipos para ser más libres».

¿Y cómo convencer a los indecisos? «Hay muchas cifras que demuestran que es un disparate pensar que ya hemos alcanzado la igualdad real», sentencia. En el caso que a mí me compete, que es el de mujeres directivas no dejan lugar  duda: e algunos niveles no pasan del 11% y en otras llegan al 25%, depende del nivel. En España estamos mucho mejor que en otros países, pero es un disparate creer que ya está lograda la igualdad. ¿Que las mujeres ya estamos donde queremos? ¿Cuántas exactamente? ¿Cuántas mujeres dirigen una empresa del Ibex? ¿Cuántas dirigen un gran medio de comunicación? ¿Cuántas tienen una columna de opinión influyente? ¿Cuántas son exactamente? Las contás con los dedos de las manos. Y no es porque no quieran. Eso no es igualdad».

De Trump a Vox

Wullich reconoce que le preocupa el avance de líderes como Trump y Bolsonaro, así como que en España haya surgido un partido como Vox que se define abiertamente como antifeminista. Pero prefiere ser positiva: «A lo mejor estas posturas alientan a expresarse en alto a quienes a lo mejor han tenido encubierta una manera de pensar porque se sentían amenazados, pero a pesar de que me interpela, me parece bien que se sinceren. Se evalúa mejor la situación sabiendo cómo piensan realmente». ¿Está resurgiendo el machismo? «Hay que tener cuidado porque este tipo de líderes pueden tener algo de contagioso».

¿Cuántas mujeres dirigen una empresa del Ibex? ¿Cuántas dirigen un gran medio de comunicación? Eso no es igualdad»

La entrevista tiene lugar el día que Vox renuncia a la exigencia inicial que hacía al PP y Ciudadanos en Andalucía sobre la derogación de la Ley de Violencia de Género: «Es una buena noticia que todas las fuerzas políticas mayoritarias hayan estado de acuerdo en que la lucha contra la violencia de género es una línea roja, pero no podemos bajar la guardia. En las redes sociales circulan muchas noticias falsas y datos sesgados que pueden hacer cambiar de idea a la opinión pública desinformándola».

«Hay machistas en todos los partidos políticos», afirma al preguntarle por ello, «pero el discurso de Vox es realmente preocupante y representa un retroceso para todo lo logrado en la lucha por la igualdad en España», matiza. «El machismo, por educación, forma parte de una inercia de la sociedad que cuesta mucho reeducar  y va más allá de derechas e izquierdas, también va más allá de si eres hombre o mujer». Y por eso vuelve a la esencia de su mensaje: «Es fundamental la educación, para tener ciudadanos con espíritu crítico que quieran una sociedad más justa».

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